El Papa pide en Bulgaria «no cerrar los ojos ni el corazón» a los inmigrantes

El Papa Francisco (c) saluda a los periodistas flanqueados por el portavoz del Vaticano Alessandro Gisotti (d) y el organizador del viaje del Papa Mauricio Rueda Beltz (i). / AFP

En el vuelo desde Roma hacia Sofía, capital de este país de Europa oriental, Francisco promete que «se va pensar» la posibilidad de viajar a España

DARÍO MENORRoma

«A vosotros que conocéis el drama de la emigración, me permito sugeriros que, siguiendo vuestra tradición, no cerréis los ojos, ni el corazón, ni la mano a quien llama a vuestra puerta». En el patio del Palacio Presidencial de Sofía, el Papa Francisco pidió ayer a las autoridades búlgaras que no cierren las fronteras a los refugiados que tratan de entrar en Europa a través de su territorio desde Turquía provenientes de países de Oriente Medio asolados por conflictos bélicos. En su viaje internacional número 29 desde que comenzó su pontificado, Jorge Mario Bergoglio recordó cómo Bulgaria, con una población de unos siete millones de personas, ha sufrido «las consecuencias de la emigración» con más de dos millones de habitantes fuera del país en busca de oportunidades laborales. Por ello el líder católico pidió al primer ministro, Boiko Borissov, y al resto de autoridades que respondan con generosidad ante quienes escapan «de la guerra y los conflictos o la miseria, e intentan alcanzar de cualquier forma las zonas más ricas del continente europeo, para encontrar nuevas oportunidades de existencia o simplemente un refugio seguro».

Francisco destacó que algunas áreas del país se están despoblando por la emigración y la caída de la natalidad, por lo que instó a la creación de «condiciones que permitan llevar una vida digna» a la juventud. Animó a realizar «todo el esfuerzo posible para promover unas condiciones favorables con vistas a que los jóvenes puedan invertir sus nuevas energías y programar su futuro personal y familiar, encontrando en su patria las condiciones que les permitan llevar una vida digna». En su primer día en esta nación de Europa oriental, la más pobre de la UE, el Pontífice celebró una misa en la Plaza Príncipe Alejandro I de Sofía con la minúscula comunidad católica. Está formada sólo por unas 44.000 personas, una pequeña minoría frente al 82% de los búlgaros que se declaran ortodoxos. En su homilía, Bergoglio pidió a los católicos que «no tengan miedo de ser los santos de lo que necesita esta tierra» y les advirtió que «la amenaza más grande es el gris pragmatismo».

Durante el vuelo desde Roma hasta la capital búlgara, Francisco volvió a referirse a la posibilidad de visitar España. Fue en una conversación con la enviada de Cope, Eva Fernández, quien le recordó que en 2021 se cumplen 500 años de la conversión de San Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, la congregación religiosa a la que pertenece Francisco. «¿Buenísimo, para que se convierta el Papa?», le dijo bromeando, pare comentar a continuación: «Te prometo que me lo voy a pensar».