Arden un símbolo de Francia y ocho siglos de historia de Europa

Arden un símbolo de Francia y ocho siglos de historia de Europa

Era una de las catedrales góticas más bellas y antiguas, edificada en un solar que antes acogió un centro de culto celta y un templo romano

Luis Alfonso Gámez
LUIS ALFONSO GÁMEZ

Símbolo de Francia, una de las catedrales góticas más antiguas y bellas del mundo, el templo de las gárgolas y las quimeras, la iglesia ante cuyas dos torres de 69 metros de altura se han fotografiado millones de personas, el hogar del Quasimodo de Víctor Hugo... Todo eso y mucho más es la catedral de Nuestra Señora, el espléndido edificio que ardió ayer en la isla de la Cité, rodeado por el Sena, tras haber sobrevivido más de ocho siglos, a un incendio en 1871 durante la Comuna de París y a guerras y revueltas.

Obra de una Europa cristiana en la que las ciudades, los reinos, los monarcas y los pueblos medían su prestigio por la magnificencia de los templos que construían, la catedral de París es historia de Europa, en cuyo corazón se encontraba geográfica y espiritualmente, y previsiblemente resurgirá de sus cenizas. La iglesia cristiana que ayer consumieron las llamas ante la mirada impotente de medio mundo está en un enclave consagrado al culto desde época celta. Luego, los romanos dedicaron en ese mismo lugar un templo a Júpiter, se levantó la basílica cristiana de Saint-Etienne en 528 y, por último, una románica que aguantó hasta 1163, cuando empezó a construirse Notre Dame de París.

Más de 170 años pasaron desde que el obispo Maurice de Sully planteó la necesidad de sustituir la decrépita iglesia entonces existente por una digna de los nuevos tiempos, hasta que esta estuvo acabada. La primera piedra la puso el papa Alejandro III, y varios arquitectos se hicieron cargo sucesivamente de las obras, que se prolongaron hasta mediados del siglo XIV. Estaba en construcción cuando Jacques de Molay, último gran maestre templario, fue en 1314 quemado vivo en la hoguera ante ella. Fue escenario de las coronaciones de Enrique VI de Inglaterra durante la Guerra de los Cien Años y, casi cuatro siglos después, de la de Napoleón.

Notre Dame acogía oficios religiosos desde 1182 y fue alterada considerablemente a finales del XVII y durante la Revolución, cuando robaron muchos de sus tesoros. A mediados del siglo XIX fue objeto de una gran restauración durante la que se alzó al cielo la aguja de 96 metros en la que se declaró ayer el incendio.