La literatura, el arte y la música

Un icono nacido en el siglo XIX

Un miembro de la brigada anti-incendios combate las llamas en el interior del templo. /REUTERS
Un miembro de la brigada anti-incendios combate las llamas en el interior del templo. / REUTERS

Ha sido pintada miles de veces, sobre todo tras la remodelación de Viollet-le-Duc, impulsada por la novela de Victor Hugo

César Coca
CÉSAR COCA

Victor Hugo tenía 28 años y acababa de separarse de Adèle Foucher, que le había dado cinco hijos, cuando comenzó a escribir 'Nuestra Señora de París', una novela ambientada al final de la Edad Media en la que el templo semidestruido el lunes tiene un papel tan relevante como los protagonistas. Con anterioridad, Hugo se había opuesto ferozmente a los críticos del arte gótico y denunciado el lamentable estado de Notre Dame. Sin éxito. Por eso, la novela tenía una doble intención:la primera era escribir un libro de éxito que le sacara de una apurada situación económica. La segunda, convencer a los parisinos del valor de la catedral y la urgencia de unos trabajos que frenaran su deterioro. La obra tuvo un gran éxito de público, creó un subgénero –la novela que pretende abarcar un tiempo en su totalidad, incluyendo todas las clases sociales, algo que Balzac llevaría hasta sus últimas consecuencias– y efectivamente convenció a las autoridades de la necesidad de salvar Notre Dame. El trabajo de Viollet-le-Duc fue muy polémico, pero dio un brillo a la catedral que a partir de entonces deslumbró a centenares de artistas.

Las pinturas que la muestran antes de la reforma son muy escasas. Pero, a partir de los años sesenta del siglo XIX, raro era el artista plástico que vivía en París o pasaba por allí que no tomara los pinceles con la catedral como tema. Ahí están el impresionista Armand Guillaumin, los postimpresionistas Émile Schuffenecker, Antoine Blanchard, Auguste Herbin, Édouard Cortes y Eugène Galien-Laloue, estos dos últimos grandes especialistas en escenas callejeras. El estadounidense Charles Webster Hawthorne, que residía durante los inviernos en la capital francesa, la pintó desde el Sena sobre un cielo gris. Muchos de sus colegas la plasman en días de lluvia, con el pavimento convertido en un espejo en el que se refleja la fachada principal. Lo hace Maurice Prendergast. Y Maximilien Luce lo repite obsesivamente en sus cuadros, casi desde el mismo punto de vista, con todas las luces y en todas las estaciones. Algo parecido a lo que pinta, a caballo entre los siglos XIX y XX, Jean François Rafaelli.

De Hopper a Piaf

También será un motivo ineludible para fauvistas como Albert Marquet y, sobre todo, Henri Matisse. Yqué decir de Picasso, que la llevó al lienzo en numerosas ocasiones. OHopper, que se olvidó de esas representaciones de la soledad tan típicamente neoyorquinas para plasmar una catedral que tiene algo de espectral. Delaunay pinta la aguja diseñada por Viollet-le-Duc que se vino abajo en llamas y en otra obra esboza un biplano –la modernidad– haciendo un giro frente al templo. Así hasta ahora mismo, porque la presencia de pintores, célebres o no, que plantan sus caballetes en los muelles del Sena, ocupando el espacio que dejan libre los 'buquinistas', es una constante.

También es notable su presencia en la música. Hay centenares de piezas dedicadas a 'Nuestra Señora', pero no tienen relación con la catedral. Obviamente, sí la tiene el musical 'Notre Dame de Paris', escrito por Riccardo Cocciante –el de 'Bella sin alma', aquel italiano que se destrozaba la garganta en tres minutos– y Luc Plamondon a partir de la obra de Victor Hugo. Uno de los temas más célebres de la obra es 'Les temps des cathedrales', que popularizó Bruno Pelletier. Yqueda Edith Piaf. Fue ella quien dejó la versión definitiva de 'Sous le ciel de Paris', la canción de Jean Drejac y Hubert Giraud. «Cerca de Notre Dame/ a veces se cuece un drama/ Sí, pero en París/ todo tiene arreglo (...) La esperanza florece/en el cielo de París».

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