Grave crisis diplomática entre Francia e Italia por los 'chalecos amarillos'

Macron interviene en un encuentro con jóvenes que celebró en Etang-sur-Arroux./AFP
Macron interviene en un encuentro con jóvenes que celebró en Etang-sur-Arroux. / AFP

París llama a consultas a su embajador en Roma por las críticas a Macron y el exhibido apoyo de Di Maio y Salvini al movimiento de protesta

PAULA ROSASCorresponsal. París

Ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia francesa. La reunión entre el líder del Movimiento 5 Estrellas, Luigi di Maio, y una delegación de 'chalecos amarillos' el pasado martes cerca de París -una «provocación inaceptable», según el Gobierno galo- no ha quedado sin consecuencia. Este jueves, Francia llamó a consultas a su embajador en Italia tras una serie de «declaraciones desmesuradas» y ataques «sin precedentes desde el fin de la guerra» por parte de los líderes del país transalpino, una crisis que París interpreta en clave europea. Poco después de conocerse la decisión, Matteo Salvini, el ministro del Interior italiano, intentó rebajar la tensión y aseguró estar listo para «encontrarse con Macron».

La crisis viene de lejos. Pero el detonante es bastante reciente. Esta semana, el viceprimer ministro italiano publicaba por sorpresa en sus redes sociales una imagen suya posando sonriente con un grupo de 'chalecos amarillos' con los que se había reunido en Montargis, a un centenar de kilómetros de París, para manifestarles su apoyo. Di Maio había pasado el día con Christophe Chalençon, uno de los líderes del movimiento contestatario francés, y con varios candidatos de la lista a las elecciones europeas confeccionada por los 'chalecos amarillos' y que encabeza la enfermera Ingrid Levavasseur. Acompañaba la imagen con un provocador mensaje: «Los vientos de cambio han cruzado los Alpes. Repito: los vientos de cambio han cruzado los Alpes».

LA CIFRA

27%
de los franceses confían en la gestión de Macron, un índice que ha mejorado dos puntos en el último mes, según los sondeos.

Para Francia, la reunión es una «injerencia» que «constituye una provocación suplementaria e inaceptable», señaló este jueves el Ministerio de Exteriores de París en un comunicado donde aseguraba que estas intromisiones violan «el respeto debido a la elección democrática hecha por un pueblo amigo y aliado», así como el «respeto que se deben entre ellos los gobiernos elegidos de forma libre y democrática». Tener desacuerdos, matizaba el comunicado del Quai d'Orsay, es una cosa, pero «instrumentalizar la relación con fines electorales, es otra».

La virulencia de los ataques desde la península de la bota han ido en aumento en los últimos meses. Si al inicio de la crisis de los 'chalecos amarillos' Salvini, aseguraba que «Macron ya no es un problema para mí, es un problema para los franceses», hace tan solo dos semanas subía el tono asegurando que era «muy mal presidente» y que esperaba que el pueblo francés pudiera finalmente librarse de él el 26 de mayo, fecha de las elecciones europeas.

Salvini pergeña con Marine Le Pen y otros populistas de extrema derecha europeos una suerte de frente de ultraderecha para los comicios al Parlamento de Estrasburgo y Macron, adalid del europeísmo, encarna su némesis. En aquel momento París no quiso entrar al trapo y la ministra de Asuntos Europeos se limitó a decir que la intención de Francia «no era jugar al concurso de ver quién es el más tonto». Pero la situación ha cambiado.

La primera reacción desde Italia vino este jueves del propio Salvini, quien aseguró estar listo para «pasar página» y reunirse con Macron. «Pero Francia debe dejar de devolver los inmigrantes a la frontera y de dar asilo a criminales italianos», añadió, según cita el 'Corriere della sera'. La cuestión migratoria y el refugio en el país galo de ciertos terroristas transalpinos, antiguos militantes de extrema izquierda de los años de plomo, es una cuestión que enfrenta a ambos Estados desde hace años.

Desde el Movimiento 5 Estrellas se defendían este jueves asegurando que están en su derecho a organizar encuentros políticos «en vista a eventuales operaciones en el Parlamento Europeo», dijo Manlio Di Stefano, secretario de Estado de Asuntos Extranjeros italiano, y que si «en Francia estaban habituados a tener vasallos en Italia, hoy constatan la diferencia». Di Stefano calificó la llamada a consultas del embajador francés como «una provocación».