La Eurocámara ataca el reparto de cargos sin plantear vetarlos

Silvio Berlusconi ocupa su escaño durante la primera votación del presidente del Presidente Europeo. /Patrick Seeger (Efe)
Silvio Berlusconi ocupa su escaño durante la primera votación del presidente del Presidente Europeo. / Patrick Seeger (Efe)

Los grupos critican a los líderes por descartar a sus cabezas de lista, pero no amenazan la elección de Von der Leyen para presidir la Comisión

Salvador Arroyo
SALVADOR ARROYOCorresponsal en Bruselas (Bélgica)

El derecho al pataleo, entendido como una actitud de protesta inútil, no se ajustaría por definición a lo que este jueves sucedió en el Parlamento Europeo. Porque esta institución, si quiere, está capacitada para bloquear la candidatura de Ursula von der Leyen a presidir la Comisión. Tiene esa potestad. La cuestión es que envía señales de que no lo hará. Ninguno de los grupos políticos con mayor peso (populares, socialdemócratas, liberales y Verdes) deslizó siquiera que vaya a vetar a la alemana cuando ésta pida su confianza al hemiciclo el día 16.

Sus presidentes fueron críticos con que los jefes de Estado y de gobierno apañasen la nueva cúpula de la Unión Europea (UE) sin tener en cuenta a ninguno de los cabezas de lista de las elecciones del 26 de mayo. Pero hasta ahí. Porque tras cada jefe, presidente o primer ministro hay un partido político y éste forma parte de la propia estructura de 'familias' de la Eurocámara que, además, participaron en el apaño. Todo esta interrelacionado. En definitiva, malestar con las formas sí, pero impostación en los discursos también y, en última instancia, propuestas (ya conocidas) para que no vuelva a suceder

Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, la institución que coordina a los gobiernos nacionales, tuvo que digerir este mal trago. Defendió la legitimidad de las capitales para decidir sobre el reparto, el hecho de que resolvieran en tres intensos días «frente a los tres meses que se necesitaron hace cinco años» y que los elegidos son «buenas decisiones».

Además de Von der Leyen al frente del Ejecutivo comunitario, el 'top 4' lo completan la conservadora Christine Lagarde, en el Banco Central Europeo; el liberal belga Charles Michel, en el Consejo; y el socialista Josep Borrell, como nuevo jefe de la diplomacia.

«Por primera vez en nuestra historia el Consejo Europeo propuso los nombres de dos mujeres y dos hombres para liderar las instituciones clave de la Unión Europea», enfatizó el polaco. Tusk también habló de «margen de mejora» para reforzar la presencia de los países del Este y tendió la mano a los Verdes para que «participen en la toma de decisiones».

Duros reproches

Y llegó el aluvión. El popular Esteban González Pons acusó a los gobiernos de «mala educación democrática» y de «dar la razón a los euroescépticos». «Ninguno se atrevería a hacer en sus países lo que han hecho» en Bruselas, apostillaba. Incluso llegó a insinuar como simple teoría que el artículo 7 de los Tratados (el mismo que se ha utilizado para castigar la acción reaccionaria de Hungría o Polonia, y que vela por el Estado de Derecho) pudiera ser aplicable al comportamiento del Consejo Europeo en todo este proceso. «Pero apoyaremos a (la popular) Von der Leyen porque es una persona capacitada y preparada para dar la batalla en defensa de los intereses de Europa».

Iratxe García le reprocharía incoherencia por «tirar la decisión del Consejo y luego decir que se votara a favor de ella». Pero tampoco la socialista aventuró portazos. Defendió que el candidato Frans Timmermans, que ocupará una de las vicepresidencias de la Comisión, «era mejor líder, porque se habría respetado el sistema de cabezas de lista» e insistió en achacar su descarte a que «ha defendido los valores de la Unión y el Estado de Derecho», en clara alusión al veto de los países de Visegrado (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia) a la figura del holandés.

El liberal Daciuan Ciolos, de Renovar Europa (como ha sido rebautizado Alde con el desembarco de los eurodiputados de Emmanuel Macron), se inclinó por pasar página y «centrarnos en listas trasnacionales» para que los cabezas de lista compitan en unas europeas en todos los países. Ciolos avanzó en este sentido que su grupo propondrá al Consejo Europeo y al propio Parlamento una «conferencia de democratización» que se prolongue durante dos años y medio y reciba, analice y tome decisiones sobre distintas fórmulas para llegar a esas listas.

Por una formulación similar apostó el 'verde' Philippe Lamberts, que pidió también algo de autocrítica. «Es legítimo reprobar a los jefes de Estado, pero si el Parlamento ha salido debilitado en este pasaje de la historia, también tiene que pensar qué es lo que no ha hecho bien». Lamberts agradeció el ofrecimiento de Tusk de sumarse a la estructura de poder. No se comprometió a hacerlo, pero sí aseguró: «Tenemos una confianza renovada (de los electores) y utilizaremos esa palanca porque Europa se enfrenta a una triple urgencia: social, medioambiental y democrática».