El jefe del Pentágono dimite por la retirada de Siria

Donald Trump. /AFP
Donald Trump. / AFP

James Mattis cree que el «respeto por los aliados» es fundamental para la seguridad de EEUU y del mundo

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

En las 24 horas de indignación generalizada que siguieron al anuncio –por Twitter- de la retirada de tropas de Siria, nadie oyó públicamente al secretario de Defensa, James Mattis. Sus generales deambulaban conmocionados por los pasillos intentando encajar la sorpresiva decisión que deja colgados a los aliados kurdos, pero él estaba desaparecido. Ahora se sabe que preparaba la carta de dimisión que, según la líder demócrata del Congreso Nancy Pelosi, «todo el mundo debería leer». El Pentágono sólo la hizo pública cuando el presidente tuiteó que «se retira» a final de febrero.

No se trataba del habitual párrafo de cortesía, sino de «la carta de un patriota», subrayó Pelosi. El general de cuatro estrellas reivindica su profunda creencia en que su fuerza como nación «está indisolublemente ligada» a la fortaleza del sistema de alianzas. Un sistema que se resquebrajado con la decisión del presidente de abandonar Siria sin consultar con los países que le apoyan en la lucha contra el Estado Islámico. Los kurdos, entrenados y equipados por EE UU para liderar esa batalla cuerpo a cuerpo, se quedan desamparados a la espera de una ofensiva turca. El presidente Recep Tayyip Erdogan ha convencido a Trump de que son «terroristas» de los que tiene que encargarse. Su persuasión coincide sospechosamente con el cierre de un acuerdo para adquirir baterías de misiles Patriots que llevaba años atascado.

De todas las contribuciones que Mattis pueda haber hecho como secretario de Defensa en los últimos dos años, la que mencionaba Trump ayer en su tuit de agradecimiento era los progresos «con respecto a la compra de equipamiento de combate». El magnate que perdonó a Arabia Saudí el grotesco asesinato de un periodista del Washington Post para no perjudicar el contrato de 110.000 millones que habían firmado pone los negocios por delante del honor y la seguridad nacional, pero el general Mattis cree en «tratar a los aliados con respeto», escribió en su carta de dimisión.

«Como usted tiene derecho a tener un Secretario de Defensa cuyas ideas se alineen más a las suyas en este y en otros temas, creo que lo correcto es que yo deje mi puesto», le expuso.

Su dimisión ha sido una nueva conmoción en lo que el senador Chuck Schumer, líder demócrata del Senado, calificó como «una de las semanas más caóticas en el gobierno de EE UU». A Mattis lo veía como «la voz de la estabilidad» y la cordura que ha protegido al país de los desatinos de un presidente impulsivo e impredecible. Como él, otros generales que reconfortaban a los que desconfían de Trump han dejado el puesto recientemente, desde el jefe de gabinete John Kelly al consejero de Seguridad Nacional H.R. McMaster.

Mattis había defendido públicamente que sería un error retirarse dando por derrotado al Estado Islámico, como sostuvo Trump el miércoles, pero esa no es la única humillación que ha sufrido recientemente. El presidente tampoco le consultó sobre el despliegue de tropas en la frontera con México y rechazó a su candidato para jefe del Estado Mayor, imponiéndole a un atorrante jefe de gabinete del Ejército. Son sólo algunos de los desacuerdos que empezaron desde el traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén, al que se oponía el excomandante de los marines, convencido de que desestabilizará aún más la región. Con su partida muchos temen que la desestabilización se extienda al mundo donde Trump siembra el caos.

Más información