El Gobierno de Yemen y rebeldes reinician en Suecia el diálogo para terminar la guerra

Martin Griffiths es el mediador designado por el organismo internacional/
Martin Griffiths es el mediador designado por el organismo internacional

MIKEL AYESTARAN Jerusalén

Yemen mira a Suecia, como en 2016 miró a Kuwait o, en septiembre de este mismo año, a Ginebra. En Estocolmo se encuentran los enviados de los rebeldes hutíes y del Gobierno reconocido por la comunidad internacional para, si no hay sorpresas de última hora, iniciar unas conversaciones de paz que ayuden a fijar una hoja de ruta para poner fin a una guerra que estalló en 2015. El proceso está supervisado por Naciones Unidas y el británico Martin Griffiths es el mediador designado por el organismo internacional que fue el encargado de anunciar de forma oficial «el reinicio del proceso político entre yemeníes».

Las consultas de paz arrancan después de unos días en los que se han producido una serie de gestos orientados a fortalecer la confianza entre las partes enfrentadas. El lunes 50 rebeldes heridos fueron evacuados hacia Omán y poco después se anunció un canje de presos que, según los datos obtenidos por el canal Al Jazeera, podría haberse cerrado en la liberación de 2.000 combatientes de las fuerzas pro gubernamentales a cambio de 1.500 hutíes.

La ONU anunció que en este proceso estarán presentes «las principales partes en conflicto», pero entre los asistentes se echa de menos a enviados de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos o Irán, ya que estos tres países se han erigido en los principales apoyos de los dos bandos enfrentados. La guerra en Yemen se ha convertido en un apéndice más del pulso regional entre saudíes, que apoyan el Gobierno, e iraníes, favorables a unos rebeldes hutíes que en realidad son zaidíes, una confesión derivada del chiismo que literalmente se traduce como 'partidarios de Dios', aunque se les conoce como hutíes por el clan que lidera al grupo desde 2004.

Final del bloqueo Abdul Malik Al Ajri, miembro del Consejo Político de los rebeldes declaró a Al Jazeera que «esperamos que estas negociaciones pongan punto y final a la guerra. Nuestra petición principal es el levantamiento del bloqueo terrestre, marítimo y aéreo» impuesto por la coalición que lidera Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.

En 2016 la negociación se alargó durante 108 días, pero fracasó y los delegados rebeldes permanecieron bloqueados en el sultanato de Omán durante tres meses. En septiembre, en Ginebra, el proceso o pudo ni arrancar porque los hutíes no llegaron a Suiza. Estocolmo es la tercera oportunidad para la paz que se abre para los dos bandos, pero el problema es que hace tiempo que las decisiones finales no les corresponden a ellos, sino a las potencias que les utilizan como peones en su pulso regional.

Las organizaciones humanitarias no paran de lanzar avisos sobre la grave situación que sufre la población civil y expertos de la ONU elaboraron a finales del mes pasado un informe en el que acusaron de «crímenes de guerra» tanto a los rebeldes como a la colación liderada por el reino saudí por lo que pidieron a la comunidad internacional que «se abstenga de seguir vendiendo armamento a las partes del conflicto». Un mensaje directo a países como España, cuyo primer cliente de su industria militar es Arabia Saudí.

 

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