Trump planea restringir el derecho de ciudadanía

Donald Trump. /Reuters
Donald Trump. / Reuters

El presidente busca resquicios legales que le permitan sortear la Constitución para impedir que los hijos de los sin papeles sean estadounidenses

MERCEDES GALLEGOCorresponsal. Nueva York

Donald Trump lanzó su campaña en 2015 atacando a los inmigrantes y prometiendo medidas excepcionales. La fórmula funcionó, ¿por qué iba a cambiarla? Si entonces anunció un muro en la frontera, ahora contempla arrebatar la ciudadanía a los hijos de inmigrantes que nazcan en EE UU. Con ello intenta movilizar el voto de quienes ha asustado con la llegada de la caravana para asegurarse que el martes salga de las urnas un Congreso a su medida.

Espolear a las bases para ayudar a sus leales no es el único objetivo. Trump utiliza la campaña legislativa de mitad de mandato para hacer su propia campaña de reelección. El presidente es la estrella de los mítines a los que acude. Los candidatos a los que apoya son meros teloneros que hablan unos minutos mientras él calienta al público con su lengua afilada y promesas que le convierten en un candidato 'ad hoc' que ataca al sistema desde adentro. Ciertamente es el único que propone soluciones radicales para problemas que no existen, como la falsa invasión.

La mayoría de los juristas coinciden en que sería inconstitucional arrebatar el derecho a la ciudadanía que otorga expresamente la 14 enmienda de la Constitución, pero al magnate se le conoce por usar un ejército de abogados para encontrar lagunas legales con las que malear la ley a su antojo. En una entrevista con Axios admitió que hasta ahora todo el mundo pensaba que para hacer algo así tendría que emprender el engorroso proceso de cambiar la Constitución, «pero resulta que no es el caso», dijo a sus entrevistadores. «Ya está en marcha y se hará mediante orden ejecutiva», añadió.

La dramática medida sería la más radical que anuncia como parte de su línea dura contra la inmigración. Ni el veto musulmán, la construcción del muro, la separación de niños o el fin de residencia para familiares tuvieron un efecto tan directo en la Carta Magna, donde se establece que «todas las personas nacidas o naturalizadas en EE UU, y sujetas por tanto a su jurisdicción, son ciudadanos de EE UU y del Estado en que residan».

«Sujetas a jurisdicción»

Tras la primera reacción de rechazo frontal, los juristas han caído en que los abogados de Trump pueden haber encontrado la puerta en la frase «sujetas a su jurisdicción». Si los inmigrantes entran ilegalmente a EE UU, ¿estarían sujetos a su jurisdicción? El Tribunal Supremo se ha pronunciado sobre el derecho de los hijos de inmigrantes permanentes de EE UU a obtener la ciudadanía cuando nacen en el país, pero ¿qué ocurriría con los que no tienen una residencia legal o disponen solo de un permiso temporal? El máximo órgano de justicia, que Trump ha inclinado hacia el lado más conservador con la nominación de dos de sus nueve jueces, tendría la última palabra.

Con su habitual desprecio por la verdad, el mandatario aseguró a Axios que Estados Unidos «es el único país del mundo en el que una persona viene, tiene un bebé y ese bebé es esencialmente un ciudadano de EE UU, con todos los beneficios». Sólo en el hemisferio occidental más de una treintena de países comparten esa legislación «ridícula», desde Canadá hasta España.

El mandatario aprovecha la ignorancia en una sociedad saturada por la desinformación de las redes sociales y las imágenes de miles de inmigrantes que avanzan por México en caravana. Ese miedo infundado ha calado hasta el punto de que habitantes de Pensilvania atrancan estos días las puertas por temor a esa «invasión» de «malas personas» para la que el presidente ha mandado más tropas de las que tiene en Siria e Irak juntos. Legalmente no podrán confrontar a los inmigrantes, sino que se dedicarán a construir carpas para los que pidan asilo «y si no lo reciben se van a ir».

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