Mueller, vilipendiado por haber dejado en manos del fiscal la decisión final sobre Trump

El fiscal general de EE.UU., William Barr. /
El fiscal general de EE.UU., William Barr.

El elegido del presidente sabía desde hace tres semanas que le tocaría determinar si este debía ser juzgado por obstrucción a la justicia

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

«Los hombres valientes tienen el valor de tomar decisiones valientes», afirmó con solemnidad George Terwilliger, que fuese adjunto al Departamento de Justicia con el gobierno de George Bush padre. El fiscal especial Robert Mueller no parece ser uno de ellos. Su predecesor Kenneth Starr fue a por Bill Clinton desde el primer párrafo de su informe, sentando las bases para el 'impeachment'. Confrontado con la misma responsabilidad histórica, Mueller ha preferido escurrir el bulto y dejar la decisión de juzgar a Trump por obstrucción a la justicia en manos del hombre al que el actual presidente puso de cortafuegos al frente del Departamento de Justicia.

Todo el mundo se preguntaba cómo William Barr pudo tomar en menos de 48 horas la decisión a la que Mueller no supo llegar en dos años y este lunes se conoció la respuesta: El fiscal general sabía desde hacía tres semanas que le tocaría a él determinar la responsabilidad del presidente en el caso de obstrucción a la justicia, según fuentes de diversos medios estadounidenses. Aparentemente, tampoco necesitó mucho tiempo para leer el informe. El sábado llegó a la oficina con calma a las 11 a. m., a pesar de que había recibido el resultado de las pesquisas a última hora del viernes. En realidad, hacía mucho que tomó la decisión.

El año pasado escribió un ensayo legal de 20 páginas que envió al Departamento de Justicia y a todos los abogados de Trump defendiéndole de las acusaciones y cargando contra el fiscal especial por haber levantado la posibilidad de investigar al presidente por obstrucción a la justicia. Una «malinterpretación» que consideraba «extremadamente irresponsable» y podía tener «consecuencias desastrosas», escribió. Cuando se lo comunicó, Mueller sabía que dejar esa decisión en sus manos equivalía a exonerar al presidente, que eligió a Barr para el cargo precisamente porque no era partidario de ponerle en ese entresijo.

Barr ha servido a varios mandatarios desde Reagan. Como fiscal general de George Bush padre fue el superior de Terwilliger, que le tiene por un valiente. Cuando el sábado le tocó tomar una decisión clave no le tembló el pulso. El próximo 9 de abril tendrá que explicarla ante el subcomité de Apropiaciones de la Cámara de Representantes.

Hay un antes y un después del informe de Mueller sobre la trama rusa. El domingo pudo ser «el mejor día de la presidencia de Donald Trump», según escribió en el New York Times Peter Baker, pero también el amanecer de los demócratas que aspiran a vencerle el año que viene. El abrupto despertar que han sufrido al conocer que el sueño del 'impeachment' se ha disipado despeja el camino y les obliga a centrarse en la agenda del país para navegar la próxima campaña electoral. Trump, por contra, se aferrará claramente al papel de víctima que ayer reiteró al pedir que nunca se someta a otro presidente a una investigación semejante. «Conozco a muy poca gente que pudiera haberlo soportado», dijo lacónico.

Su bando ha cambiado la euforia inicial por un ánimo revanchista con el que busca vengarse de quienes levantaron las acusaciones de conspirar con Rusia. No son solo los republicanos los que creen que los demócratas llegaron demasiado lejos al convertir sus teorías de la conspiración en el centro de una investigación que ha dominado la vida política del país durante la primera mitad del mandato de Trump. Destacados periodistas de la izquierda como Glenn Greenwald colocan la trama rusa al nivel de las armas de destrucción masiva de George W. Bush, aunque olvidan que esta última costó al menos un millón de vidas. Por el contrario, la investigación de Mueller ha servido para probar la implicación de Rusia en la campaña electoral y levantar imputaciones contra 37 personas, entre las que se incluyen más de media docena de colaboradores de Trump.