Los entierros más ecológicos

Los entierros más ecológicos

El Estado de Washington se convierte en el primero en autorizar la descomposición acelerada de los cadáveres humanos para convertirlos en abono, calificada de «reducción orgánica natural»

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Vives una vida sana, te preocupas por el medio ambiente. Pagas hasta un 30% más en el supermercado por comprar la comida ecológica que te llevas a casa en tu bolsa de tela, contratas energía renovable y estudias con preocupación tu huella de carbono cada vez que coges el coche o te montas en un avión. ¿Por qué no llevar esa conciencia ecológica hasta el final, literalmente?

Esa es la idea detrás de la ley que firmó el martes el gobernador del Estado de Washington, el primero que a partir de mayo de 2020 permitirá que se reciclen los cuerpos para convertirlos en abono, en lugar de incinerarlos o dejar que se pudran para siempre en un cementerio. Somos ya 7.500 millones de seres humanos en el planeta y sólo en EE UU mueren cada año 2.6 millones de personas. No hay suficientes cementerios para que descanse tanta gente durante una eternidad. Afortunadamente, más de la mitad elige ser incinerada, pero ese proceso requiere 113 litros de combustible y emite unos 18 kilos de carbono.

Si todos los estadounidenses optaran en cambio por acelerar la descomposición de sus cuerpos para convertirlos en abono, con la energía que se ahorraría se podrían abastecer 54.000 hogares al año, según la empresa que ha patrocinado esta idea. Corrección: No se trata de descomponer, sino de 'recomponer' la materia de la vida. O eso vende 'Recompose', que aún no dispone de las licencias necesarias para ofrecer sus productos al público pero tiene afinados todos los detalles.

La alternativa ecológica se llevaría a cabo en unas instalaciones idílicas con luz natural y vegetación donde los familiares podrían ir a visitar los modernos nichos de diseño durante los 30 días de la «reducción orgánica natural». Para acelerar la descomposición se le añadirían a los cadáveres unas cuantas astillas de madera, alfalfa, paja y una mezcla de hidrógeno de carbono que facilitaría el proceso sin los químicos tóxicos del embalsamiento. Al cabo de ese tiempo se le entregaría a la familia unos 0,76 metros cúbicos -equivalente a dos carretillas- de tierra pura, limpia de polvo y paja, «semejante a la de un vivero», que podrían esparcir por su jardín para alimentar árboles y flores.

La empresa se encargaría de esculcar previamente ese abono para descartar todos los implantes metálicos, marcapasos, tornillos o placas que pudiera contener el cuerpo, no vaya a ser que aparezcan después cuando uno pase el rastrillo por el jardín. Todo lo demás, hasta los dientes, quedaría convenientemente reducido a tierra fértil.

La iglesia católica ha puesto el grito en el cielo considerándolo una profanación de los cadáveres, pero lejos de verlo como una falta de respeto, la fundadora de esta empresa opina que «la idea de volver a la naturaleza de una manera tan directa, y ser colocado de nuevo en el ciclo de la vida y la muerte es muy hermosa», defendió Katrina Spade.

Todo es cuestión de mentalizarse. Al fin y al cabo los gusanos ya se encargan de nosotros desde el principio de los tiempos y no falta quien elige ser enterrado en ataúdes biodegradables y hasta con ropa enriquecida con microorganismos que facilitan la vuelta al mundo vegetal, como el actor Luke Perry, de la serie Beverly Hills 90210.

Para los pragmáticos, como el senador demócrata Jamie Pedersen, que esponsorizó la ley en el estado de Washington, esta alternativa a los entierros de bajo impacto medioambiental «tiene sentido», particularmente en las ciudades donde el metro de suelo se ha vuelto escaso. 'Recompose' planea ofrecerlo a un costo módico de 5.500 dólares, a caballo entre el entierro tradicional y la cremación, que sale más cara. «Esta ley cambiará el mundo», prometió Pedersen, satisfecho con poner al estado de la Costa Oeste a la vanguardia mundial.