María Butina, la espía rusa que se infiltró en el núcleo duro de los republicanos

María Butina permanecerá en prisión por riesgo de fuga./Reuters
María Butina permanecerá en prisión por riesgo de fuga. / Reuters

María Butina, de 29 años, tuvo contacto directo con el presidente cuando Trump era candidato y se infiltró en la Asociación del Rifle

CAROLINE CONEJERONUEVA YORK

El arresto el pasado fin de semana de una joven rusa, imputada por operar como agente secreto del Kremlin, ha abierto en EE UU un nuevo escándalo que rodea a Donald Trump. María Butina, como se ha identificado a la joven de 29 años, contactó por primera vez con el presidente en una convención en Las Vegas en 2015, cuando el entonces candidato acababa de anunciar su campaña presidencial. La pelirroja atrajo la atención del aspirante republicano, a quien le preguntó qué planeaba hacer con las relaciones entre Washington y Moscú. Se había abierto paso en el encuentro con la excusa de que estaba interesada en saber más para divulgar la información en su país.

Para entonces, el interés patrio de Butina -a quien los jueces decidieron ayer mantener en prisión por riesgo de fuga- era ya el principio de una conspiración criminal para crear canales secretos de comunicación con políticos americanos que pudieran penetrar «el aparato de decisión» y avanzar la agenda de Rusia. Acusada de infiltrarse en la Asociación Nacional del Rifle (NRA) y en círculos conservadores para influir en el Gobierno de EE UU, los cargos han abierto un nuevo frente de investigación del Departamento de Justicia para desarticular la infiltración de Moscú. Mientras, la Casa Blanca señaló que sigue de cerca el caso.

Crecida en Siberia, donde su padre la enseñó a usar las armas, Butina -que podría enfrentarse a cinco años de cárcel- tenía la coartada perfecta para abrirse camino en el intrincado universo político conservador. Según ella, trataba de fundar el equivalente del NRA en Rusia. Para tal supuesto fin dedicó años a cultivar relaciones con republicanos, defensores de las armas y líderes religiosos.

La coqueta joven pelirroja rusa causaba sensación en el mundo republicano, dominado por hombres maduros de cabello gris. En 2014 la revista 'GQ Rusia' le dedicó un reportaje en el que posaba con pistolas en ropa interior. Su mentor Alexander Torshin, oficial del Banco Central ruso, está acusado de dirigir las operaciones de Butina, a quien a veces acompañaba en convenciones del NRA y de los candidatos presidenciales.

El proyecto 'Diplomacia'

En abril de 2014, Butina se presentó en la Convención del NRA en Indianápolis, donde se hizo fotos con el vicepresidente Wayne LaPierre y pesos pesados republicanos como el exsenador y candidato presidencial Rick Santorum. Y en septiembre invitó al conservador Paul Erickson a hablar en el grupo de derechos de armas en Moscú. Seis meses después, Butina enviaba un correo a un político, al parecer Erickson, para iniciar el proyecto 'Diplomacia'. En él, la joven declaraba -con 20 meses de antelación- que el partido conservador se haría con el Gobierno en las elecciones de 2016, en un momento en que todas las encuestas daban a Hillary Clinton una clara ventaja.

En el correo señalaba su deseo de incrementar las relaciones con halcones republicanos, con el NRA y declaraba que necesitaba 125.000 dólares (107.000 euros) para ir a las conferencias. Semanas después, de vuelta en EE UU, Butina estaba en la convención del NRA de 2015 en Nashville, donde accedió a las principales figuras conservadoras.

A medida que la campaña de Trump se intensificaba, la joven enfocó sus actividades en tratar de infiltrarse en el círculo del magnate, para lo cual obtuvo una visa de estudiante para un programa de relaciones internacionales en una universidad en Washington. En contacto con un segundo asociado americano, no identificado, Butina le dijo que el Kremlin respaldaba sus esfuerzos para establecer un canal secreto de comunicaciones y sólo faltaba «el sí» de Putin.

El acercamiento al círculo de Trump estaba en marcha entretejido por medio de cenas de amigos y conversaciones en Washington y Nueva York para las que Butina y Torshin utilizaban intermediarios americanos. Cuando las armas no lograron acercarles a Trump, lo intentó con la religión, para lo cual se hicieron invitar al desayuno del Día Nacional de la Oración.

El mandatario se enreda otra vez con la injerencia de Moscú

 

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