Terroristas suicidas de buena familia

Kumari Fernando, que perdió a su marido y a dos hijos en el atentado en la iglesia de San Sebastián, señala entre gritos los féretros durante el funeral. :: Thomas Peter / reuters

El comando de Sri Lanka, hijos de un entorno con solvencia financiera y estudios en el extranjero, incluía a un clérigo islámico y una mujer

PABLO M. DÍEZ

Sorpresa a sorpresa, se van conociendo más detalles sobre los atentados que golpearon Sri Lanka el Domingo de Resurrección, que causaron al menos 359 muertos. De ellos 45 son niños, en su mayoría hijos de familias locales, aseguró Unicef. A la conmoción por los ataques suicidas contra tres iglesias y otros tantos hoteles de lujo se sumó el escandaloso fallo de las fuerzas de seguridad, que supuestamente no avisaron al Gobierno de las alertas terroristas que habían recibido de la Inteligencia india.

Ayer, un día después de que el Estado Islámico (EI) reivindicara la carnicería, las autoridades revelaron más detalles sorprendentes sobre los nueve kamikazes que la llevaron a cabo, entre ellos una mujer. «Querían que el islam fuera la única religión de Sri Lanka. La mayoría están bien educados y vienen de familias de clase media o media alta. Son bastante independientes financieramente y sus familias son estables. Esto es preocupante», anunció el viceministro de Defensa, Ruwan Wijewardene, ante la prensa. Aunque no dio sus nombres, detalló que «uno de los terroristas suicidas estudió en Reino Unido y luego hizo un curso de posgrado en Australia antes de volver a Sri Lanka».

Entre los suicidas figuran dos hijos de un magnate conectado con la oposición y con el anterior presidente La identidad de los kamikazes

Los investigadores sospechan que estaban a las órdenes de un clérigo islámico, identificado como Zahran Hashim o Mohamed Zahran, que dirigía un grupo radical llamado Organización Nacional del Monoteísmo (National Thowheed Jama´ath). En el vídeo publicado por el Estado Islámico para reivindicar el ataque aparece Zahran, ataviado con una túnica oscura y portando un fusil, junto a siete personas también de negro, algunas luciendo puñales, que se cubren los rostros con pañuelos. Jurando fidelidad al califa, Abu Baker al-Bagdadi, se atribuyen los atentados contra «miembros de la coalición dirigida por EE UU y los cristianos de Sri Lanka», en referencia a los hoteles de lujo donde perecieron una treintena de extranjeros y a las iglesias que reventaron.

Un enorme salt

Todavía no se sabe si el EI los entrenó o simplemente los inspiró. Pero todo apunta a que Zahran, que podría haberse inmolado en el ataque, adoctrinó a los kamikazes en un campamento secreto del este del país. Un enorme salto con respecto a sus anteriores acciones, propagando mensajes de odio en las redes sociales, que hace sospechar la complicidad de grupos extranjeros.

Así lo cree el primer ministro de Sri Lanka, Ranil Wickremesinghe, quien aseguró que los atentados «no se pudieron perpetrar solo localmente». Hasta ahora, lo más osado a lo que se había atrevido la Organización Nacional del Monoteísmo era a dañar estatuas de Buda. A pesar de las sospechas sobre el grupo, cuyo nombre y el de Zahran constan en las alertas policiales, mantiene silencio sobre los atentados.

Entre los terroristas suicidas también había dos hermanos, Imsath Ahmed Ibrahim, de 33 años, e Ilham Ahmed Ibrahim, de 31, hijos del magnate de las especias Mohamed Yusuf Ibrahim, según el portal indio de noticias Firstpost. El primero atentó en el hotel Cinnamon Grand y el segundo contra el Sangri-La. El padre, detenido por la Policía, lidera un partido de izquierdas, es amigo del ministro de Industria y Comercio, Rishath Bathiudeen, y se le ha visto en recepciones del jefe de la oposición y anterior presidente, Mahinda Rajapaksa. La esposa de Imsath, Fatima, que estaba embarazada, se inmoló junto a sus tres hijos cuando la Policía iba a detenerlos el domingo por la noche y mató a tres agentes.

«Estamos investigando si hay algún vínculo directo con alguna organización internacional», señaló el viceministro de Defensa. La cuestión ahora es saber si se trata de una red organizada desde el extranjero o montada por yihadistas ceilaneses que han vuelto de luchar en las filas del Estado Islámico en Siria o Irak. Para perpetar un atentado de estas dimensiones, uno de los más mortíferos de la historia, resultan necesarios meses de preparación y una infraestructura sólida.

Riesgo de más atentados

Ante el riesgo de nuevos ataques, pues se sospecha que hay terroristas huidos con explosivos, en Colombo reina la psicosis. La Policía difundió matrículas de supuestos coches bomba, lo que llevó a los conductores a poner un papel con su nombre y su número de teléfono cada vez que aparcan. Además, dos paquetes sospechosos fueron detonados ayer: uno en un restaurante cerca de la iglesia atacada de Negombo y otro en el cine Savoy de la capital. En medio de este clima enrarecido, la Embajada de EEUU advirtió del riesgo de más atentados.

Entonando el mea culpa, el viceministro de Defensa reconoció «la responsabilidad del Gobierno» por el fallo de seguridad. Pero el presidente del país, Maithripala Sirisena, que dirige las carteras de Defensa y Seguridad y ausente del país en el momento de la matanza, se sacudió toda culpa asegurando que él tampoco fue informado de las alertas terroristas. Responsabilizando a sus subordinados, pidió la dimisión del secretario de Defensa y del inspector general de la Policía.