Una concentración pro-China abre otro fin de semana de protestas en Hong Kong

Manifestación celebrada este sábado a favor del Gobierno y la Policía, en Hong Kong./AFP
Manifestación celebrada este sábado a favor del Gobierno y la Policía, en Hong Kong. / AFP

Decenas de miles de personas apoyan al Gobierno y la Policía y rechazan la violencia un día antes de una nueva manifestación contra la suspendida ley de extradición

PABLO M. DÍEZHong Kong, enviado especial

Sumida en su mayor crisis política desde su devolución a China en 1997, en Hong Kong no solo se manifiestan en masa los contrarios a la ya suspendida ley de extradición, sino también quienes apoyan al Gobierno local y al autoritario régimen de Pekín. Desafiando a la lluvia intermitente que trae cada tarde el monzón, decenas de miles de personas se han concentrado este sábado en el parque de Tamar, frente a la sede del Gobierno y del Parlamento, para mostrar su apoyo a la Policía y rechazar la violencia que han traído durante el último mes las protestas contra la controvertida ley. A tenor de los organizadores, la Federación de la Isla de Hong Kong, asistieron 316.000 personas, mientras que la Policía contabilizó 103.000.

Con el lema «Proteger Hong Kong», los manifestantes se han congregado frente al mar, donde había montado un escenario en el que 70 figuras de la vida pública han lanzado sus mensajes a favor de las autoridades y contra los enfrentamientos de las últimas semanas. Entre ellos había desde actores de televisión hasta expatriados y miembros de las minorías étnicas, sobre todo indios y nepalíes, que forman parte de esta sociedad multicultural.

«Hong Kong no puede seguir permitiéndose la violencia», decía para justificar su presencia una mujer de mediana edad, Chow Boling, que trabaja en una naviera y acudía con su hija. Ambas llevaban desplegadas las páginas del periódico gubernamental «Wen Wei Po» con el eslogan de la marcha y un dibujo de esta ciudad plagada de rascacielos expulsando de un puntapié a los «alborotadores», caracterizados con los cascos, gafas y camisetas negras que visten los jóvenes en las protestas contra la ley de extradición. Precisamente, retirar la acusación de «alborotadores» es una de las demandas de los grupos pro-democráticos porque conlleva hasta diez años de cárcel, pero los disturbios de las últimas semanas no hacen más que agravar su situación.

Luciendo también algunas banderas de China y de Hong Kong, algunos de los asistentes eran emigrantes procedentes del continente que trabajan en la ciudad. Es el caso de Scott, empleado de una firma que cotiza en la Bolsa y lleva seis de sus 50 años en Hong Kong. Nacido en Changchun, capital de la provincia china de Jilin, apoya la ley de extradición porque «de lo contrario, Hong Kong se convertiría en un refugio de criminales». Pero reconoce que «el Gobierno local no ha sabido explicarla bien a la gente». A su juicio, en la antigua colonia británica no hay una división entre la comunidad local que habla cantonés y los inmigrantes del interior de China que, como él, usan el mandarín, «sino un problema social con la juventud por la falta de empleo y los salarios bajos, que les impiden comprar una vivienda porque los precios son carísimos». A pesar de estas dificultades, comunes a las que sufren las desarrolladas sociedades occidentales que han tocado techo en un mundo cada vez más competitivo por la globalización, Scott confía en que «el Gobierno sabrá manejar la situación y acabar con la violencia».

Desde que empezaron el 9 de junio, las manifestaciones contra la ley de extradición, que por lo general suelen ser pacíficas, han derivado en enfrentamientos con la Policía, sobre todo durante los dos últimos fines de semanas. Además, los manifestantes se han radicalizado cercando la comisaría central y otros edificios públicos e incluso asaltando el Parlamento el pasado día 1, cuando se cumplían 22 años de la devolución a China por parte del Reino Unido. Unos actos vandálicos que han escandalizado a buena parte de la sociedad hongkonesa, muy conservadora y pragmática, por la mala imagen que dan de esta ciudad internacional que es una de las capitales financieras del mundo.

Fábrica de explosivos

Para sorpresa del, hasta ahora, apacible y cívico Hong Kong, la Policía descubrió el viernes por la noche dos kilos de explosivos, diez cócteles molotov y sustancias ácidas, así como cuchillos y barras de metal, en una nave industrial. Según informa el periódico 'South China Morning Post', fue detenido un sospechoso de 27 años que pertenece al Frente Nacional de Hong Kong, un grupo independentista cuyo diputado en el Parlamento local, Sixto 'Baggio' Leung, fue descalificado en 2016 por los insultos al régimen de Pekín al jurar su cargo. En su cuenta de Telegram, el Frente Nacional reconoció que el arrestado era uno de sus miembros y que usaba este lugar como almacén, como demuestran los panfletos hallados a favor de la independencia y en contra de la ley de extradición, pero negó cualquier relación con los explosivos.

Este hallazgo, seguramente, va a alimentar las teorías de los partidarios del Gobierno que denuncian una «conspiración de fuerzas extranjeras», como sugiere la propaganda del régimen chino. «No sé quién está detrás. Quizás la CIA. Pero hasta la Unión Europea ha hecho un anuncio que es muy injusto con Hong Kong», dijo un hombre mayor, que solo se identificó como Señor W, refiriéndose a la nota emitida el viernes por su oficina diplomática en la ciudad criticando la ley de extradición.

«¡Claro que confío en el Gobierno chino! ¡Soy chino! ¿Cómo no voy a confiar en mi Gobierno?», respondió ofendido al ser preguntado por las dudas que muchos hongkoneses tienen sobre los tribunales del continente, donde el 99,92% de los casos acaba en condena. En su opinión, «la gente está en contra de la ley por estar, pero no saben que es solo para criminales buscados por delitos con penas de más de siete años de cárcel», argumentó olvidando que los tribunales chinos están al servicio del autoritario régimen del Partido Comunista.

«¡Vamos Hong Kong! ¡Vamos China!», gritaban los asistentes mientras desplegaban una pancarta gigante con el lema de la marcha. Para combatir el sofocante calor tropical, muchos de ellos batían abanicos de una asociación pro-gubernamental contra el culto Falun Gong, de cuya persecución en China continental se cumplen justo 20 años. Una señal no demasiado esperanzadora que, además, pone de manifiesto la creciente división política y social en Hong Kong.