Aquisgrán, el germen de Europa

Parte posterior del Ayuntamiento, en la plaza Katschhof. /César Coca
Parte posterior del Ayuntamiento, en la plaza Katschhof. / César Coca

La ciudad más occidental de Alemania conserva aún importantes vestigios de su papel crucial durante cinco siglos en la geopolítica del continente

CÉSAR COCA

En las afueras de Aquisgrán hay un punto en un bosque en el que si el caminante da cinco pasos hacia adelante pasa de Alemania a Bélgica y si luego gira a su derecha y da otros cinco se encuentra en Holanda. Esa posición geográfica de ciudad fronteriza ha marcado la historia de esta pequeña ciudad germana, la más occidental del país, cuya importancia en la Historia de Europa en la Edad Media queda de relieve con un dato. Desde finales del siglo VIII, cuando Carlomagno la convirtió en centro político de su imperio, hasta la recta final de la Edad Media, casi cincuenta monarcas –entre reyes y reinas– del Sacro Imperio Romano Germánico fueron coronados allí. Y también la Iglesia, en unos siglos dados a los cismas y las querellas, celebró en la ciudad concilios y reuniones decisivas. Hoy, Aquisgrán (Aachen en alemán y Aix-la-Chapelle en francés) es una urbe tranquila, de aire provinciano con sus poco más de 200.000 habitantes, que vive a la sombra de la próxima y bulliciosa Colonia.

El visitante que llega a la ciudad debe saber que hay una plaza que es el lugar sobre el que gira una historia que en el fondo es la de Europa en su conjunto. Es la llamada Katschhof, un espacio tranquilo, en el que conviene tomar asiento y mirar a uno y otro lado. Allí, frente a frente, están la catedral y lo que queda del Palacio de Aquisgrán, sobre cuyos restos se ha levantado el Ayuntamiento. El poder político y el religioso, que marcaron la Historia del continente.

El Ayuntamiento contiene una sala que todo el mundo ha visto alguna vez en televisión: situada en el último piso, sus paredes están decoradas con grandes frescos que recogen episodios de la Edad Media y es ahí donde cada año se entrega el premio Carlomagno a una personalidad que se haya distinguido en la construcción europea. La puerta de entrada al edificio da a la plaza del Mercado, poblada de cafés y terrazas y punto habitual de descanso de los visitantes.

Aquisgrán fue la primera ciudad alemana en la que entraron los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, tras una larga batalla en la que más de la mitad de los edificios fueron destruidos por las bombas. Algunos fueron reconstruidos siguiendo el modelo previo, pero solo algunos. Se nota en la plaza del Mercado, donde se alinean inmuebles que por su apariencia podrían tener varios siglos con otros cuyo trazado responde a patrones modernos.

Aunque sufrió algunos daños, la catedral (estrictamente lo es desde hace poco más de un siglo, antes era la capilla Palatina) se mantuvo en pie durante el asedio a la ciudad. La construcción presenta una llamativa mezcla de estilos, en torres, capillas y cúpulas. Fue elegida en la primera docena de lugares calificados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. La clave de la inclusión en la lista está, sin duda, en el 'octógono', que formaba parte del complejo del Palacio y que estaba destinada por Carlomagno a su uso personal. La decoración de esta parte de la catedral, a base de mármoles, mosaicos y bronces, es de una belleza pocas veces vista.

Al salir del templo, puede que el visitante esté empachado de Historia. Un paseo por las callejuelas de trazado irregular que rodean catedral y ayuntamiento le servirá para aligerar su pensamiento. La Münsterplatz ofrece sombra y tranquilidad; en la Fisch Markt puede contemplarse la Grashaus, una casa medieval que es quizá la más hermosa de la ciudad.

Como Aquisgrán es un centro termal, abundan las fuentes de agua caliente y ligeramente azufrosa, lo que se percibe en un olor desagradable pero por suerte no muy intenso que asalta al turista al doblar algunas esquinas. La más conocida de esas fuentes está en el Elisenbrunen, un complejo de aire neoclásico construido en torno a un grifo del que mana agua a casi 60 grados. En el mismo edificio está la oficina de turismo y un poco más adelante el teatro de la ciudad, con sus columnas griegas.

Hay dos fuentes que son muy populares en Aquisgrán y no por sus aguas termales. Entre Elisenbrunnen y la catedral se encuentra la llamada 'del dinero'. Está decorada con un conjunto de figuras que representan distintos gestos y actitudes de la gente respecto del vil metal. La otra es la 'fuente de las muñecas', compuesta por un grupo de personajes sacados de cuentos infantiles. En estos meses esa fuente está siendo objeto de restauración y permanence oculta a los ojos de los paseantes.

Más allá de su pequeño casco antiguo, la ciudad se abre en amplias calles y avenidas, a veces semipeatonales, y pequeños jardines. Ahí ya se pierde el halo histórico. En tiempo de Carlomagno debieron de ser campos de cultivo o viñas. Pero entonces el concepto 'europeo' acababa de nacer y estaba aún por definir.

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