«Trabajamos para evitar que haya una confrontación»

El embajador de España en Caracas, Jesús Silva./JON G. ARAMBURU
El embajador de España en Caracas, Jesús Silva. / JON G. ARAMBURU

El diplomático, expulsado ya una vez de Venezuela, vela por una colonia española envejecida y acorralada por la inestabilidad política

JON G. ARAMBURU CARACAS

Es el de Jesús Silva un puesto donde cualquier paso en falso tiene consecuencias al otro lado del Atlántico. En un momento especialmente convulso para Venezuela, él es el garante de que se respeten los derechos de los ciudadanos españoles y sus intereses, asi como de tender puentes y mantener abierta la vía del diálogo. 166.000 españoles viven aquí, muchos de ellos gente mayor a quien los vaivenes económicos han dejado en una situación de penuria. Expulsado ya una vez de Caracas, este hijo de bilbaína mira con cautela el curso de los acontecimientos en un escenario donde cada vez son más las voces que piden elecciones libres. «Gestionar las expectativas de la población es la tarea más difícil de cualquier gobierno», señala.

- Menudo destino le ha tocado, embajador. En pocos lugares hay que hacer gala de más diplomacia que aquí.

- No es Venezuela el único país del mundo que tiene problemas. Evidentemente, hay muchas cosas que están pasando, pero nada que este cuerpo diplomático y el servicio exterior no estemos preparados para afrontar.

- Nuestras relaciones con el Gobierno venezolano no atraviesan su mejor momento. ¿Cuál es la situación actual?

- Bueno, España tiene una relación muy intensa con todos los países de la comunidad iberoamericana. Evidentemente, todo lo que pasa en Venezuela nos importa, porque son muchos los españoles que viven aquí y hay un abanico muy amplio de intereses y relaciones. En este contexto hay contactos que unas veces son más fáciles y otras mas difíciles, pero siempre intensos, como corresponde a un lugar con el que hay muchos vínculos y responsabilidades.

- El espaldarazo del presidente Sánchez a Guaidó ha marcado un punto de inflexión.

- Es un elemento más de una situación en la que evidentemente España tiene un papel que jugar, y como ella la Unión Europea en su conjunto.

- ¿Hay riesgo de fractura social, incluso de guerra civil?

- Esperemos que no sea así. Al final son los venezolanos los que tienen que buscar el modo de tener una convivencia pacífica y de tolerancia hacia todas las ideas. Y a eso es a lo que España está intentando contribuir, para conseguir que haya una convivencia pacífica y democrática en el país.

- ¿Y estamos a tiempo de evitar esa confrontación?

- Bueno, en eso trabajamos.

- El posicionamiento del Gobierno español ha obligado a reforzar la seguridad en la Embajada con agentes del Grupo Especial de Operaciones (GEO).

- Nada que no sea distinto a lo habitual. Los servicios de seguridad españoles son muy profesionales y saben qué medidas tienen que adoptar en cada momento. En todo caso, la Embajada está en permanente contacto con nuestras autoridades en Madrid. Nuestra principal preocupación es proteger y atender al colectivo español. Tenemos los medios adecuados y sabemos cómo hacerlo para ser efectivos. Sobre la llegada o no de geos y el refuerzo de la seguridad me va a permitir que no haga ningún comentario.

- ¿No tienen un poco la sensación de trinchera, de ser algo así como la última línea de defensa?

- Bueno, una embajada sirve para tener protegidos a nuestros ciudadanos y nuestros intereses, mantener informado a nuestro Gobierno y servir de enlace entre un país y otro. Esa es nuestra función, en circunstancias unas veces más sencillas que otras. Es nuestra profesión, a veces poco comprendida, pero no tenemos la sensación de ser héroes, sólo profesionales que cumplen con su obligación.

- Los venezolanos se lamentan de que les pidan 2.500 dólares por un pasaporte.

- No me corresponde a mí expresarme sobre los problemas que puede tener la Administración venezolana. Nosotros tenemos unos servicios consulares que sí funcionan perfectamente, donde se obtiene un pasaporte con un coste y un tiempo de espera muy razonable.

- La española es una colonia importante que forman unas 166.000 personas. En este contexto de crisis, ¿cuáles son sus principales necesidades?

- En la década de los 40 y 50 vino una oleada de inmigrantes que trabajaron muy duro y se labraron un futuro. Ahora, ellos y sus descendientes están muy afectados por la marcha de la economía. Hablamos en muchos casos de gente de avanzada edad que no tiene familia próxima, sus ahorros en bolívares se han evaporado y con necesidades de atención médica. A todos ellos tenemos la obligación de prestarles ayuda.

- ¿Y qué instrumentos ha desplegado España para atenderles?

- Tenemos un programa anual de casi 15 millones de euros, sobre todo del Ministerio de Trabajo del Gobierno español, que tiene todo tipo de programas de pensiones, contributivas o no, ayudas extraordinarias, médicas y asistenciales. También está la Fundación España, de la que se benefician unos 7.000 compatriotas que reciben atención médica gratuita, fármacos o ayuda alimentaria para menores de edad. Hablamos de un despliegue de atención muy generoso. Tenga en cuenta que dos tercios son españoles nacidos aquí, en Venezuela, pero otros 60.000 son mayores a veces en situaciones críticas.

- ¿Cuánto tiempo lleva destinado aquí? Supongo que la situación ha cambiado notablemente.

- Yo llevo dos años aunque con interrupciones, porque estuve una temporada expulsado del país por tensiones políticas bilaterales. Afortunadamente, ambas partes comprendieron que la relacion entre España y Venezuela es necesaria y que los canales de comunicación tienen que estar abiertos. Evidentemente, he visto cómo ha evolucionado todo. La situación económica ha empeorado, hay una hiperinflación complicada, y estamos siguiendo lo que ocurre con interés, intentando ayudar en lo que podamos en la búsqueda de una solución, que siempre hemos dicho debe ser acordada, pacífica y democrática, por supuesto.

- Inflación galopante, inseguridad, desabastecimiento... ¿Cuál es su diagnostico? ¿Hay solución para Venezuela?

- Espero que así sea, en cualquier caso son los venezolanos los que deben tomar esa decisión y decidir cómo quieren gobernarse en el futuro.

- En la calle, el panorama parece muy radicalizado. O estás conmigo o contra mí.

- Repito, nosotros todo lo que podamos hacer es contribuir a rebajar esa tensión para que los venezolanos puedan convivir pacíficamente. Estamos trabajando en esa línea.

- ¿Conoce personalmente a Maduro, qué impresión tiene de él?

- Bueno, he estado con él un par de veces, sí. Aunque no me corresponde a mí definirle, son los venezolanos los que tienen que hacerlo.

- ¿Cree que estará dispuesto a hacerse a un lado y convocar elecciones libres?

- Eso es lo que desde la UE estamos solicitando.

- A Guaidó, sin embargo, no le conocía nadie hasta hace un mes. ¿Qué sorpresa, no?

- Bueno, le conocían los venezolanos, aunque quizá no tanto como ahora. Un diputado destacado de la Asamblea con el que el Gobierno español ya tenía contacto.

- El país sufre desabastecimiento, inseguridad, corrupción... En los hospitales se ha llegado al extremo de no poder donar sangre porque la población está anémica. Se exigen cambios y se quieren ya. ¿Eso es realista?

- Como sucede con todos los problemas, hacer cambios para corregir situaciones críticas exige tiempo. Y esa es una de las tareas más difíciles de cualquier gobierno, gestionar la expectativas de la población. Qué duda cabe que lo más importante es atender las necesidades de la población en materia de salud o alimentación, necesidades básicas que cualquier gobierno del mundo debe considerar de la máxima prioridad. Y en Venezuela también tendrá que ser así.

«Apenas quedan 50 empresas de capital español, pero en sectores estratégicos»

- ¿Qué dificultades encuentran los españoles que vienen aquí a hacer negocio?

- Es cierto que muchas empresas, españolas y no, han tenido que abandonar el país, ya sea porque no encontraron negocio o por deudas impagadas. Pero hay otras que en su momento invirtieron y han permanecido aquí, y eso a pesar de los pesares. Hoy en día son, fundamentalmente, compañías de capital español, donde el 99,9% de sus empleados y directivos son venezolanos. Empresas de las que se benefician 8.000 familias y que hace ya mucho tiempo que no pueden repatriar beneficios.

- Elecnor, Lascaray, Iberdrola Ingeniería, Tubos Reunidos, Fagor Arrasate... ¿Cuántas quedan?

- Bueno, se número se ha reducido mucho, pero las que quedan están en sectores estrategicos. Estaremos hablando de un máximo de 50, algunas pequeñas y medianas o con una presencia más discontinua. Pero hay también sectores importantes como el financiero, aquí opera el BBVA desde hace muchos años; o las telecomunicaciones, con Telefónica, que sigue siendo el principal operador del país. En el ramo de los seguros está Mapfre, y en el de las comunicaciones Ibería y Air Europa, así como varias ingenierías. No olvidemos a Repsol en el sector petrolero. Su consejero delegado, Josu Jon Imaz, ha estado aquí varias veces.

- Si no me equivoco, usted tiene raíces en el País Vasco.

- Mi madre es de Bilbao y a mucha honra. Yo me he educado en casa con expresiones como 'vete a tomar aire a la farola de Algorta', cuando decíamos algo que le molestaba. Tengo muchas ganas de ir a conocer esa farola.