Ayudar a Venezuela y asfixiar a Maduro

Venezolanos cruzan el puente internacional Simón Bolívar hacia la ciudad colombiana de Cúcuta, uno de los puntos a los que llegará la ayuda humanitaria./Raúl Arboleda/ AFP
Venezolanos cruzan el puente internacional Simón Bolívar hacia la ciudad colombiana de Cúcuta, uno de los puntos a los que llegará la ayuda humanitaria. / Raúl Arboleda/ AFP

La Asamblea opositora impulsa una asistencia que no sabe cómo introducirá en el país

E. BAO AGUIRRE

El diputado opositor Miguel Pizarro resumió en dos palabras el próximo asalto en la crisis política venezolana: el problema, dijo, está en «la entrada» de la ayuda humanitaria prometida por el «presidente encargado», Juan Guaidó, y que se encamina ya a la colombiana ciudad fronteriza de Cúcuta en camiones de Estados Unidos. La asistencia a unos 300.000 venezolanos «en riesgo de morir» por falta de alimentos y medicinas es ahora el gran reto del líder de la oposición en su declarado objetivo de ayudar al pueblo de Venezuela y a la vez acorralar a Nicolás Maduro hasta que termine abandonando el poder.

«Quieren mandar dos camioncitos con cuatro peroles (cosas). Venezuela no tiene que mendigar a nadie. Si quieren ayudar que cesen el bloqueo y las sanciones», clamó Maduro contra una operación que reclama y coordina la Asamblea Nacional y se nutre con donaciones de empresas con capital venezolano en el extranjero o de los gobiernos de Colombia, Canadá o Alemania.

La ayuda procedente de Estados Unidos la canaliza la organización del reverendo evangelista Billy Graham, Samaritan's Purse, que desde hace tres años asiste en Cúcuta a los miles de venezolanos que cruzan cada día a Colombia para hacerse con suministros básicos que no encuentran o no pueden pagar en su país. El grupo del pastor ultraconservador se las ha apañado para introducir pequeñas cantidades en territorio venezolano. Pero lo de ahora es otra cosa y nadie sabe bien cómo hacer llegar la comida y los medicamentos a sus destinatarios «hasta que la situación política cambie», confiesa Franklin Graham, jefe ejecutivo de Samaritan's Purse e hijo del reverendo, en estrecho contacto estos días con Donald Trump.

El discurso de tono mesiánico de Guaidó no puede ocultar que el primer bloque de ayuda «a los más vulnerables» consistirá en suministros terapéuticos, raciones de emergencia para niños y ancianos, apenas alcanzará para un mes y sólo llegará a cinco hospitales. Pero ahí no acaban los problemas. El dirigente opositor teme que los militares «tendrán la orden de no dejar entrar» la asistencia o de «robarla» para que luego se distribuya en nombre del Gobierno chavista. «No crucen esa línea roja», advirtió a altos mandos y soldados.

«Han llevado bombas»

La operación humanitaria tiene a ONG como Cruz Roja y Cáritas dispuestas a distribuir los lotes. «Pero no vamos a participar en el ingreso de esa ayuda al país. No es nuestra función», aseguró el presidente de Cruz Roja en Venezuela, Mario Villarroel. «El único estorbo es Nicolás Maduro en el poder», acusó el diputado Pizarro. A los reproches, el líder chavista opone un discurso que todavía puede vender en algunos sectores. «El imperialismo no ayuda a nadie en el mundo. ¿A qué lugar han llevado ayuda humanitaria? Lo que han llevado son bombas para destruir Afganistán, Irak, Libia, Siria».

Mientras encuentra la vía para hacer realidad la promesa humanitaria de Guaidó, la Asamblea Nacional dota de sustento legal a la transición que persigue la oposición una vez que Maduro deje el poder. La Cámara aprobó ayer la norma que dispone la duración del gobierno que tendría que convocar nuevas elecciones y sus competencias políticas y económicas. El texto establece que deberían celebrarse comicios antes de doce meses y después de renovar la comisión electoral. La ley faculta además al Parlamento de mayoría opositora para asegurar «el ejercicio efectivo de los derechos a la libre postulación de cargos de elección popular», lo que levantaría la inhabilitación que pesa sobre dirigentes como Henrique Capriles.