Alan García escribió una carta antes de suicidarse: «No hubo ni habrá cuentas ni sobornos, ni riqueza»

Traslado del féretro de Alan García. /Janine Costa (Reuters)
Traslado del féretro de Alan García. / Janine Costa (Reuters)

El expresidente peruano proclama su inocencia

MARCELA VALENTEBuenos Aires (Argentina)

Dos días después del suicidio del expresidente peruano Alan García, una de sus hijas, Luciana, leyó este sábado una carta que el dirigente de 69 años dejó a su familia. «Jamás encontrarán nada», aseguraba en el texto García, que se quitó la vida cuando funcionarios del ministerio público y policías pretendían arrestarlo en su residencia en Lima por un presunto caso de corrupción. «No hubo ni habrá cuentas, ni sobornos, ni riqueza. No tengo por qué aceptar vejaciones o sufrir esas injusticias», escribió antes de dispararse en la cabeza.

Asegura en la misiva que sus adversarios intentaron criminalizarlo durante treinta años. «He visto a otros desfilar esposados guardando su miserable existencia, pero Alan García no tiene por qué sufrir injusticias y circos. Por eso les dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones, a mis compañeros una señal de orgullo y mi cadáver como muestra de mi desprecio hacia mis adversarios, porque yo cumplí la misión que me impuse», escribió antes de morir.

El dos veces cabeza de gobierno del país andino tomó la fatal decisión de dispararse el miércoles a las seis de la mañana, cuando la Fiscalía ordenó su arresto provisional durante diez días por su posible vinculación con delitos de colusión, lavado de activos y tráfico de influencias en una causa de sobornos pagados por la constructora brasileña Odebrecht. Los investigadores descubrieron que funcionarios cercanos a García habían recibido cuatro millones de dólares (3,5 millones de euros) de la firma durante su última Administración y sospechaban que el expresidente había sido el beneficiario de esa comisión ilegal.

Cuando los agentes llegaron a su casa, García pidió unos minutos a solas y se pegó un tiro en la sien. El ex jefe de Estado (1985-1990 y 2006-2011) sobrevivió al disparo y fue trasladado de urgencia a un hospital, donde falleció casi cuatro horas después a causa de la hemorragia.

Entre el jueves y el viernes sus restos fueron velados en la Casa del Pueblo, sede del Partido Aprista que García lideraba. Allí asistieron familiares -que declinaron una ceremonia con honores de jefe de Estado- y partidarios. Y fue allí también donde la hija leyó la carta dejada por García. Se desconoce de cuándo databa.

Ocho simpatizantes muertos

La tragedia se incrementó cuando el conductor de un pequeño autobús con militantes apristas que se dirigía al funeral se despistó y chocó contra un muro, con un saldo de ocho personas muertas. Los restos de García fueron trasladados hasta el cementerio Mapfre, en la localidad de Huachipa, para su cremación.

De forma paralela, la justicia arrincona también a otro expresidente y ha dictado prisión preventiva por 36 meses para Pedro Kuczynski (2016-2018), de 80 años, investigado en otro proceso por sobornos de Odebrecht. Kuczynski ya estaba bajo arresto, pero el miércoles sufrió un pico de presión arterial y debió ser hospitalizado. Horas después fue sometido a un cateterismo cardíaco y permanece en cuidados intensivos.

Este es el texto completo de la carta, leída ante el ataúd del expresidente y en presencia de centenares de seguidores en el local partidario. Fue el último acto de las exequias antes de dirigirse al crematorio:

«Cumplí la misión de conducir el aprismo al poder en dos ocasiones e impulsamos otra vez su fuerza social. Creo que esa fue la misión de mi existencia, teniendo raíces en la sangre de ese movimiento.

Por eso y por los contratiempos del poder, nuestros adversarios optaron por la estrategia de criminalizarme durante más de treinta años. Pero jamás encontraron nada y los derroté nuevamente, porque nunca encontrarán más que sus especulaciones y frustraciones.

En estos tiempos de rumores y odios repetidos que las mayorías creen verdad, he visto cómo se utilizan los procedimientos para humillar, vejar y no para encontrar verdades.

Por muchos años me situé por sobre los insultos, me defendí y el homenaje de mis enemigos era argumentar que Alan García era suficientemente inteligente como para que ellos no pudieran probar sus calumnias.

No hubo ni habrá cuentas, ni sobornos, ni riqueza. La historia tiene más valor que cualquier riqueza material. Nunca podrá haber precio suficiente para quebrar mi orgullo de aprista y de peruano. Por eso repetí: otros se venden, yo no.

Cumplido mi deber en mi política y en las obras hechas en favor de pueblo, alcanzadas las metas que otros países o gobiernos no han logrado, no tengo por qué aceptar vejámenes. He visto a otros desfilar esposados guardando su miserable existencia, pero Alan García no tiene por qué sufrir esas injusticias y circos.

Por eso, le dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones; a mis compañeros, una señal de orgullo. Y mi cadáver como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios, porque ya cumplí la misión que me impuse.

Que Dios, al que voy con dignidad, proteja a los de buen corazón y a los más humildes«.