Uríszar, pintor del universo de Haro

Una de las obras del pintor. /E. C.
Una de las obras del pintor. / E. C.

Más de una treintena de obras del pintor de Briñas aportan color a otros tantos espacios urbanos y rústicos de la zona

ROBERTO RIVERA

Del lienzo y el papel, más manejables, al rancio universo de medianiles públicos que construían un panorama prosaico, anodino, impersonal en paisaje urbano y rústico de la comarca jarrera, al plano que no alcanzan las manos ni los brazos abiertos y exigen realizar cuadrícula y cálculos proporcionales de formas y colores.

De una a otra superficie ha pasado José Uríszar en apenas unos años para afrontar un periodo de creación plástica que llega a los ojos como un mazazo de enormes dimensiones, pero tan cuidada y precisa como acostumbra a realizar cuando se mete en el estudio para pintar con acuarela y pincel sobre el caballete al que se asoma cada día.

Se sabe que los motivos elegidos para resituar el depósito de aguas de Rodezno, un cilindro en blanco que quedaba en mitad de la naturaleza como un añadido práctico pero de estética más que cuestionable, se han convertido en el último apunte del artista de Briñas para mirar a los cuatro puntos cardinales con estampas de la tierra del vino en que se erige la comarca jarrera. De la cata con botaporrón, la realización de tareas de vendimia y la espera en el quicio de la puerta, allá donde el tiempo parece ser más enriquecedor.

Lo que cuesta descifrar, en realidad, es cuál de todos los trabajos que se asoman a la vista de los visitantes como una invitación a la parada y el disfrute de la vista es el primero de los que comenzaron a llevar su firma.

Probablemente aquellos que le fueron encargados por el Plan de Dinamización Turística de Haro para hacer más aceptable la estampa de tres medianiles de la localidad jarrera, los ue se asomaban con nada años atrás en las calles Santa Lucía y Martínez Lacuesta, y la Avenida Ingenieros del MOPU, resaltando la vinculación de la ciudad jarrera con el mundo del vino.

Después llegarían, en ese mismo entorno, en plena calle o en el interior de edificios municipales, los murales que pintó para Bodegas Martínez Lacuesta, la Oficina de Turismo de Haro y varias estancias del Palacio de Paternina (biblioteca, calado, despachos, salón de actos).

Y con el paso del tiempo, esa iniciativa que aportaba luz y color a todo aquello que había afeado, durante décadas, la fisonomía de las localidades jarreras, fue tomando cuerpo en otros muchos ámbitos y lugares, públicos y privados.

El listado incluye cerca de una treintena de actuaciones pictóricas que convierten a Uríszar en el restaurador de la comarca riojalteña.

En la relación, desde la recreación de estampas de disciplinantes, paisajes y monumentos de San Vicente de la Sonsierra en el itinerario de los Picaos, hasta apuntes etnográficos que recuerdan las labores de la viña en Bodega Conde de los Andes de Ollauri y abren paisajes nuevos en Bodegas Muga, adecuación de espacios en viviendas privadas de Uruñuela y Haro, recreación de imágenes deportivas en el Frontón Municipal de Haro o recuperación de las figuras de la pelota en el de Briñas, además de ornamentación de espacios en establecimientos hosteleros de Ollauri, en la Hacienda de Ternero y en las piscinas de Alesón.

Una muestra a la vista de todos.

 

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