El Sol sigue alumbrando cada día Haro

Ana De la Fuente, en el centro de la imagen, posan frente a la fachada de su negocio, a medio camino entre el Arrabal y la Plaza de la Paz, junto a Sheila y Sonia. /E. C.
Ana De la Fuente, en el centro de la imagen, posan frente a la fachada de su negocio, a medio camino entre el Arrabal y la Plaza de la Paz, junto a Sheila y Sonia. / E. C.

Berti Castillo asumió la gestión del local que fundó su madre en 1943; Ana De la Fuente amplía su recorrido a los 75 años

ROBERTO RIVERA

«Vidas paralelas, sin más», entonaba en la vorágine de La Movida madrileña Antonio García Vega, junto al bloque de Nacha Pop, allá en la década de los ochenta. En la postguerra, periodo de dolor, Berta Castillo acertaba a ser la cuarta de seis hijos que trataba de sacar adelante su madre, viuda desde los cuarenta años, regentando con su padre un bar y un restaurante.

Ana De la Fuente, su hija, terminó siendo la única chica junto a cuatro hermanos, y las circunstancias la llevaron a convertirse, primero, en respaldo de Berti y, con el paso del tiempo, en su relevo generacional al frente del cuarto de los negocios que acabó aportando la familia al tejido comercial y económico de una ciudad que hacían grande ejemplos como el suyo.

Hoy nadie pone en duda que los setenta y cinco años que cumple esta temporada de verano Modas El Sol, manteniendo el tipo en el mismo local que comparten la calle del Arrabal y la Plaza de la Paz, y en el que abrió sus puertas en 1943 como Mercería El Sol (Café El Sol, Restaurante El Sol, Zapatería El Sol, partes indisolubles de un mismo sueño), resulta de la suma de esos dos esfuerzos, tan similares en origen, tan iguales como la sonrisa que compartían una y otra, Berti y Ana.

La madre se encontró de sopetón frente al mostrador de la tienda, entonces bastante más chica pero igual de elegante, apenas concluyó su formación académica en el colegio. Y se afanó en obtener rentabilidad a la habilidad que mostraba con la aguja, el hilo y el dedal a la hora de confeccionar su propia ropa cuando las referencias de la moda eran, de lejos, las divas del celuloide que llegaban a las pantallas en blanco y negro, y ella se hacía su propia ropa, creyendo que lo imposible estaba al alcance de la mano.

Eran los años de las grandes historias en blanco y negro que protagonizaban siluetas como la de Greta Garbo, Ava Gardner, Lauren Bacall, Audrey Hepburn o Catherine Herpburn. Hoy es el tiempo de la era digital, del todo a color, del 'prêt à porter', del presente que pasa a ser pasado sin comerlo ni beberlo.

La hija, como ella tres décadas antes, acabó haciendo suyos los planes que la señalaban como «continuadora de su proyecto, de su tienda, de su gran pasión. Sí», rememora Ana hoy en día a recordar con un cariño desbordado a Berti. «¡Su gran pasión! Pero no la mía. Por lo menos, no entonces», matiza desde la distancia.

De joven, lo que a ella le atraía en realidad era hacer deporte y divertirse. Y hasta divertirse haciendo deporte, como acabó haciendo a nivel profesional su hermano Luis, que sigue alimentando otra historia, primero como jugador del Athletic y propietario de dos Ligas; después como seleccionador español de categorías inferiores, sumando entorchados continentales y mediterráneos, hace apenas unos días.

Para cuando compartió estampa con su madre en los recovecos de la tienda «ya se había empezado a ampliar la oferta» y dar más importancia a las prendas de temporada. «Además de que fuera nuestro negocio y nuestro modo de ganarnos la vida, yo quería que me gustara lo que hacía», reconoce Ana De la Fuente que nunca perdió de vista el universo del deporte ni la necesidad vital de disfrutar de lo que hacía. Así que, «poco a poco, fuimos eliminando lo que quedaba de la mercería» y ésta se convirtió en lo que es hoy, Modas El Sol.

Afrontaron, en ese periodo de reconversión que se desarrollaba de forma paralela al industrial impuesto por Europa y asumido por Felipe González, «varias reformas. Una muy importante, en el año 1985, con la que ampliamos el comercio uniendo la lonja de otro edificio para contar con el doble de espacio». Después, otra especialmente significativa porque se produjo tras la jubilación de la madre y la asunción del negocio por parte de la hija, un paso que impuso un cambio de titularidad y se vio acompañado de un proceso de informatización, allá en 1998. Aunque ninguno resultó tan radical como el que se llevó a cabo en 2010. «Nueva imagen, nuevas marcas, nuevo nombre… Ilusiones renovadas, inyección de ánimo».

Es posible que en origen no formase parte de su ideario de futuro pero acabó llevando su nombre y con ello confirmando que el empeño de la madre se correspondía con las expectativas de su hija.

Vidas paralelas, sin más. Aunque ni siquiera ellas adivinasen a imaginarlo décadas antes que acabaría siendo así, o a conocer la canción que Nacha Pop convertiría en éxito de su segundo LP, 'Más números, otras letras', alimentando su leyenda tras arrasar en las listas de ventas con la 'Chica de ayer', concepto que parecen compartir ambas.

El presente es la base del futuro y al mismo tiempo resultado del pasado. El reloj maneja tiempos verbales pero se aferra a la tesis de que todo fluye, con trazado continuo.

Setenta y cinco años después, a falta de completar el círculo que completará su primer siglo de existencia, el concepto de negocio no ha cambiado tanto, y sigue discurriendo de forma lineal sobre la base evolutiva que consolida todo lo sólido. La 'boutique' que sigue defendiéndose en plaza en la Paz y recogiendo el legado comercial del Arrabal, sigue definiéndose como «un espacio dónde, tanto las personas que trabajamos en él, como nuestras clientas, nos sintamos bien; dónde se respire ilusión y gusto por el trabajo bien hecho; donde las clientas encuentren lo que buscan y se sientan satisfechas con lo que compren; un lugar donde siempre tengan ganas de volver», sostiene abiertamente Ana, acompañada por Sheila y Sonia que comparten ese mismo sentimiento que otorga alma al negocio, con lo difícil que resulta advertirlo hoy en día, era de interés bursátil puro y duro. Y a corto plazo.

«Nuestra tienda va dirigida a una mujer sin edad, de espíritu joven, con estilo. En nuestra tienda nos podemos vestir, perfectamente, mi hija y yo. Este es el paradigma», marcaba como máxima la 'continuadora' de una pasión que, con el paso de los años, ha acabado convirtiendo en 'su' pasión.

Sólo así se entiende que El Sol siga dejándose ver cada mañana, alumbrando la opción del mañana a pesar de la que está cayendo.

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