Ronda por Haro con la mejor música

Numerosos espectadores siguieron el recorrido musical urbano./R. Solano
Numerosos espectadores siguieron el recorrido musical urbano. / R. Solano

Los componentes de Ensemble Vendeleia sitúan el nivel de lo que fue concebido como Vía Musicae por encima del entorno

ROBERTO RIBERA

Ronda Clásica. Ronda de vinos viejos. De grandes reservas. De caldos de trago infinito traducidos al lenguaje de esas cinco mágicas líneas con las que se puede decir todo y hasta guardar silencio. De la mano de los componentes de Ensemble Vendeleia, músicos de nuevo cuño y mirada despierta que revitalizan el alma de sinfónicas británicas con fusión de sensibilidades (inglesa, suiza, australiana, alemana y española) para sonar como un 'todo' y demostrar más enriquecedora aún la diversidad. Y con el respaldo de la Coral Polifónica de Haro, toque de casa que se encargó de aportar ritmos y rezos zulúes a su intervención sobre el hormigón de la Plaza Ruiz Extremiana 'El Feo'.

El mejor recorrido musical de lo que Michel Aguirre y Almudena Merino construyeron en la frontera del 2000 como Vía Musicae y otros creyeron hacer suyo rebautizando uno de los mejores proyectos culturales promovidos en Haro, se movió, no obstante, en espacios cuando menos cuestionables. Especialmente a la vista del estratosférico nivel que exhibieron sus protagonistas, a medio camino entre la tarde y la noche del domingo, y del notable respaldo del público a la convocatoria.

Los músicos que forjaron su amistad en el Royal College of Music de Londres y siguen alimentándola en las orquestas de la capital de Reino Unido y Liverpool, arrancaron con música de Rossini en los jardines del Palacio de las Bezaras, sin que a la organización se le ocurriese pasar días antes por el lugar para encargar el desbroce de la maleza que crece a su antojo por las escalinatas del rincón o retirar la basura depositada por el personal menos implicado en la protección de lo común, antes de que Mikel Martínez y Joel Siepmann decantaran las notas del dúo para cello y contrabajo del compositor.

Y, a renglón seguido, ejecutaron como los mismísimos ángeles el dúo para violín y viola de Mozart, una compoción con tramos intimistas a la que dieron alas Laia Valentin Braun y Francesca Gilbert, a pesar del 'runrún' que llegaba tamizado desde algún rincón de la Calle San Martín y el cruce de Santo Tomás.

Aunque nada indujo a más confusión, sabiendo que la propuesta nació para aunar música y patrimonio cultural, de la mano de partituras de siempre y en los rincones de mayor valor artístico y patrimonial de la ciudad jarrera, que la decisión de trasladar la actuación de la Coral Polifónica a la Plaza de José 'El Feo', un solar que, apesar de haberse adecentado como espacio urbano en uno de los rincones más deprimidos del Casco Histórico, presume al fondo del imponente alzado de la la torre de Santo Tomás Apóstol pero muestra también medianiles que resultan de derribos previos y aparecen en algunos casos apuntalados.

A Dios gracias, la verdadera dimensión de los conciertos ofrecidos a pie de calle acabó sirviéndose, al cierre, bajo las naves del templo parroquial donde actuaron la Coral y la formación completa de Vendeleia, al incorporarse a primera línea de fuego Brendan Parravicini, Benjamin Mellefont y Miriam Kofler para recrear 'Septimino' de Beethoven.

Por estos lares, los crianzas, y más los grandes reservas, se sirven en copa. No en vaso de plástico.