El raíl de La Estación llega a todo el mundo

El público neoyorquino disfruta de los vinos y platos que se sirvieron en la convocatoria de las bodegas del Barrio de la Estación./E. C.
El público neoyorquino disfruta de los vinos y platos que se sirvieron en la convocatoria de las bodegas del Barrio de la Estación. / E. C.

Las cinco bodegas del mítico enclave jarrero regresan de Manhattan convencidas de haber dado un paso de gran relevancia para su proyección desde Nueva York

ROBERTO RIVERA

Cata del Barrio de la Estación. El concepto fue acuñado hace apenas cuatro años para crear un producto enoturístico de proyección mundial. Y tomó cuerpo con el respaldo de siete bodegas afincadas en el mítico enclave de Haro, punto de referencia esencial en la historia del vino para el resto del planeta. Apostaban por convertirlo en punto de destino, como Napa lo es en California, Burdeos en Francia o La Toscana en Italia. Y situaban el foco de las cámaras sobre los tendidos férreos y la catenaria de una vía ferroviaria que aparece en el origen del relato Rioja. Desde hace siglo y medio.

Sorprendente. La máquina tractora de este metafórico convoy ha viajado a velocidad supersónica. Por encima de la que podría alcanzar incluso el AVE que tanta polvareda ha llegado a levantar en la comarca. Se han celebrado hasta la fecha tres ediciones. La primera de ellas en 2015, con Tim Atkin a los mandos del programa. La segunda en 2016, con pilotaje del 'máster of wine' español Pedro Ballesteros. Y la tercera, después de optar por una convocatoria bianual en el mes de junio, en 2018 bajo la dirección de Sara Jane Evans. Y el encuentro ha experimentado una notable evolución, reforzando el peso del producto gastronómico, la calidad de los espectáculos y la selección de los vinos ofertados, tanto a los profesionales y especialistas, como al gran público.

Tanto que, en tan corto lapso de tiempo, ha obtenido el respaldo del sector al más alto nivel. Recibió el reconocimiento de Rutas del Vino y Acevín en los Premios Nacionales de Enoturismo, la International Wine Challenge Awards Merchant España respaldó el proyecto catalogándolo como la Mejor Experiencia Enorurística del 2016 y dos años después recibió uno de los galardones Best Of en la fase mundial del certamen que promueven las grandes capitales del vino.

Se advierte, no obstante, mayor margen de progresión a esa imparable carrera que ha ido paseando la Cata del Barrio de la Estación en los foros más relevantes del país, desde Alimentaria en Barcelona o el Restaurante Lavinia de Madrid. Acaso porque la inercia la convierte en una cita recibida por los mercados internacionales, el del vino y el turismo, con inusitado interés.

Quedaba, si acaso, dar el gran salto y éste se ha dado «con nota», sostienen fuentes de la asociación para la promoción turística del Barrio de la Estación que conforman ahora seis de sus siete fundadores, tras regresar de Nueva York «profundamente satisfechos» de lo vivivo y realizado en la ciudad más cosmopolita de la tierra, coinciden al valorar la última de sus actuaciones.

Para expandir su imagen, las bodegas de la tierra del castellano vieron la necesidad de recurrir a la lengua de Shakespeare para llegar al otro medio mundo y presentarse ante el potencial cliente de su 'cata' con otra de similar formato que tomó cuerpo, curiosamente, sobre el trazado de otra vía ferroviaria, la East Side Line que gestionó la desaparecida compañía de ferrocarriles New York Central Railroad y se ha convertido en un espectacular paseo que discurre junto al río Hudson.

Sobre ese entramado físico, transitado a lo largo del día por miles de neoyorquinos y tan similar al del barrio jarrero que acarician las aguas del Tirón y el Ebro, fue donde se celebró la Rioja Railway Wine Experience, un encuentro concebido para promocionar la filosofía de elaboración de cinco de las bodegas del enclave (Gómez Cruzado, La Rioja Alta, Bilbaínas, Muga y Roda) y para presentar en la Gran Manzana la cita que volverá a celebrarse en Haro, probablemente en junio de 2020.

También para consolidar la imagen de calidad Rioja, entre los consumidores más selectos de vino. Y sobre todo para reivindicar a Haro como punto de destino gracias a la más ambiciosa, y seguramente costosa en términos pecuniarios, de las campañas desarrolladas por la iniciativa privada de la ciudad del vino.

The High Line, un espacio «icónico» localizado dentro del distrito de Manhattan y perteneciente en su día a la infraestructura de la conexión por tren, fue el espacio elegido por la organización para que Pedro Ballesteros ofreciese una cata magistral con las mejores etiquetas de todas ellas a especialistas y periodistas, tanto estadounidenses como de habla inglesa, y para ofrecer un 'grand tasting' (gran degustación) dirigido a profesionales del sector y el público 'gourmet', maridando sus vinos con las mejores propuestas gastronómicas de los grandes cocineros del país.

El raíl de La Estación ha llegado, en fin, a Nueva York y desde allí, seguramente, al resto del mundo.