La precariedad de personal obliga a cerrar por unas horas la Jefatura policial de Haro

Un agente de la Policía Local de Haro presta apoyo en el atestado de un accidente de tráfico. /R. Solano
Un agente de la Policía Local de Haro presta apoyo en el atestado de un accidente de tráfico. / R. Solano

El turno de tarde de este fin de semana contó con un solo agente que se indispuso el sábado, después de permanecer sin cobertura el viernes

ROBERTO RIVERA

Sucedió en enero de 2015, después de un aviso previo en el mes de diciembre que no llegó a tanto. Y ha vuelto a darse la misma circunstancia tres años después. La indisposición del único agente local que atendía este fin de semana el servicio de la Jefatura jarrera obligó a cerrar, en este caso durante un limitado periodo de tiempo, las dependencias policiales hasta que se personó en ellas, con carácter de urgencia, un compañero que cubrió el último tramo del turno de tarde.

En opinión de las fuentes consultadas por este medio, la precariedad de personal que arrastra desde hace años el departamento municipal hacía prever que, en uno u otro momento, se volvería a repetir esa situación que provocó en su día la enérgica reacción de los partidos de la oposición, algunos de ellos al frente del equipo municipal de gobierno en la actualidad.

Al parecer, ese riesgo se ha venido evitando en todos estos meses por el compromiso que, tras la firma del convenio de la plantilla del Consistorio jarrero, asumieron los agentes del cuerpo para garantizar que, de producirse una baja en los turnos que tan sólo contaban con la asistencia de dos policías, un compañero garantizaría el apoyo en caso de producirse alguna baja. Aunque incluso en ese marco se advirtió desde los sindicatos que la dotación de la jefatura se situaba al límite y era necesaria la incorporación de nuevos efectivos al planteal para completar los relevos que debían contar con al menos tres funcionarios.

Era un temor que acabó tomando cuerpo en esta ocasión al coincidir en el tiempo varias circunstancias, todas ellas adversas para la gestión del servicio público.

Para el turno de tarde del viernes, sábado y domingo, el que va de dos de la tarde a diez de la noche, estaban asignados dos agentes pero el fallecimiento de un familiar directo de uno de ellos redujo a la mínima expresión la dotación personal del mismo porque, a pesar del aviso realizado para advertir de lo sucedido y solicitar la incorporación de un segundo compañero, se lamentó la ausencia de personal de apoyo y durante la jornada del viernes la Jefatura de Policía sólo contó con la asistencia de un agente.

Lo mismo sucedió en la del sábado, al menos durante las primeras horas. Porque una indisposición obligó al único funcionario en activo a acudir al Centro de Salud que aconsejó su reposo, dejando sin asistencia al departamento, una vez fue puesto el caso en conocimiento de sus superiores.

Nadie se sorprende. Se supone que la plantilla de la Policía Local debería contar con veintiún efectivas, aunque en realidad son inicialmente diecinueve: su subinspector jefe, uno solo de los tres oficiales contemplados en el organigrama municipal y diecisiete agentes.

Pero las bajas por enfermedad, una jubilación ya prevista y la marcha de otro compañero a Logroño han reducido de forma sustancial las opciones y los efectivos, sin que hasta la fecha se hayan planteado soluciones que compensen esa preocupante merma de personal.

Hace dos años, recordaron de suyo los delegados sindicales, cuando se planteó desde el Gobierno riojano la oferta de plazas de policía para las diferentes jefaturas de la región, los sindicatos solicitaron tres agentes pero la Corporación no pidió ninguno. Ahora trata de incorporar a un interino a la desesperada.

 

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