La Parroquia de Haro muestra sus secretos

Numerosos jarreros acudieron a la inauguración. /Donezar
Numerosos jarreros acudieron a la inauguración. / Donezar

Escribano y Leonor González inauguran la nueva iluminación del templo, financiada por Gobierno y Diócesis a partes iguales

ROBERTO RIVERA

Estreno por todo lo alto en la ciudad jarrera, con presencia del obispo de la Diócesis, Carlos Escribano, y la consejera de Innovación y Desarrollo del Gobierno riojano, Leonor González, en un templo abarrotado por los centenares de jarreros que asistían a lo que consideraban un acontecimiento histórico. No sin razón, por cuanto la Parroquia de Santo Tomás Apóstol asistía a la puesta de largo de la nueva iluminación de sus naves, y en plazo.

Sobre el papel, y en términos exclusivamente económicos, un proyecto fraguado por el anterior párroco del municipio, Carlos Esteban, y al que dio encendido su sucesor en el cargo, Javier Osés, después de la reforma de todo el sistema de iluminación, intervención asumida a partes iguales por la Diócesis de La Rioja y el Gobierno regional, que han costeado los 152.000 euros en los que se pactó la cifra final de la factura. El Ejecutivo autonómico se hará cargo del pago de 77.260 euros, y la Iglesia asumirá la liquidación de otro tanto, poniendo en marcha un modelo «mucho más acorde con el valor de los elementos artísticos y arquitectónicos de la iglesia que permitirá, además, reducir los costes de consumo y mantenimiento actuales», destacó la consejera en su intervención en Haro. El uso de tecnología LED y control domótico servirá, de suyo, para ajustar la intensidad de la iluminación y rebajar la minuta del suministro eléctrico.

Hay, no obstante, muchas más razones para entender el gran interés que despertó la cita de ayer tarde.

En los manuales de la historia del arte, cuando se repasaban los detalles y contenidos de la fábrica arquitectónica que se utilizaba en las construcciones religiosas, más que en las civiles, se contraponía la filosofía de los estilos románico y gótico.

Y se remarcaba, en concreto, el interés de los artistas del primero por crear espacios alejados del 'runrún' de la calle para generar dentro de sus anchos muros, un espacio de recogimiento donde el hombre pudiese encontrarse con Dios sin que la luz descentrase ese ejercicio místico de silencio y reflexión, dentro de iglesias de baja cota y ventanas de ancho reducido a las que se accedía por pórticos de medio punto que parecían recordar al feligrés su condición humana, apegada a la tierra, anclándo sus pies al suelo.

Siglos más tarde, y bajo la influencia de la corriente europea que llegaba desde Francia y a través del Camino de Santiago, fue tomando cuerpo el gótico que animaba a crear templos que se proyectasen hacia lo más alto, para provocar ese mismo encuentro entre Dios y el hombre en la búsqueda de los cielos que parecían rascar, materialmente, los arcos ojivales de sus pórticos y ventanales, grandes, concebidos para atrapar la luz que llegaba desde el exterior para iluminar el interior.

En Haro, algo de esto último debió intentarse con la construcción, a las faldas del Cerro de la Mota, de la Parroquia de Santo Tomás Apóstol, enriquecida después con el pórtico plateresco de Vigarny.

Pero el paso tiempo y el humo de las velas, que todo lo emborronan, y una iluminación poco adecuada no parecían invitar a quienes se adentraban en sus naves a elevar la mirada y percatarse de la espectacularidad de los nervios góticos que sustentan sus bóvedas. Sobre todo porque el foco de la luz partía de allí hacia el solado, en descenso, con alumbrado de quirófano, de farola urbana. De tal forma que el personal se asomaba de frente al imponente retablo del templo jarrero y se perdía lo mejor del mismo.

La colaboración entre Ejecutivo e Iglesia católica ha obrado, sin embargo, el milagro siglos después.

Luz indirecta, desde los puntales de los pilares hacia arriba, marcando la dirección de la mirada, y alumbrado direccional sobre los puntos más relevantes de Santo Tomás Apóstol descubren un universo hasta ahora oculto por la pátina de la sombra. Y de él afloran los relieves del techo, la belleza de su órgano barroco y retablos laterales.

Se abren a los ojos de quienes lleguen a partir de ahora a la manifestación de una nueva versión de gótico, la del siglo XXI, dos punto cero.

 

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