Luces y sombras en unas fiestas de San Felices a la desbandada

La batalla fue todo un éxito./Donezar
La batalla fue todo un éxito. / Donezar

El programa fue, como su presupuesto, similar al de los últimos años, pero con notables ausencias que nadie entiende

ROBERTO RIBERA

Del dicho, al hecho. Sobre el papel, el calendario de actos anunciado oficialmente por el Concejo de Haro para las fiestas de San Juan, San Pedro y, por encima de todos, San Felices, no era muy diferente al de años precedentes. Cambiaba, si acaso, la identidad del concierto 'estrella' que el año pasado ofreció Muchachito (al que se liquidaron 27.000 euros del ala junto a una disco móvil) y que este año protagonizó la banda de El Sevilla, Los Mojinos Escozíos (que acabaron costando alrededor de 17.000 euros, diez mil menos de los anotados en esa casilla en concreto, con otro 'DJ').

Pero todo lo demás, presupuesto incluido, se mantenía en los mismos parámetros de siempre. Para festejar al patrón se reservaban alrededor de 105.000 euros (como en el año 2017) y hasta se anunciaba ¡en mayúsculas! la presencia de la Banda Municipal de Música en la procesión del patrón, sin atreverse en todo caso a confirmar la celebración del concierto que, en el día grande de las fiestas, acostumbran a ofrecer desde el quiosco de la Paz los músicos del municipio desde hace ni se sabe.

He ahí la primera de las grandes sombras , tan alargada con la del ciprés del que escribió Miguel Delibes, que se han advertido a lo largo de las ferias.

No estuvo la Banda, aunque de víspera, aseguraban a este medio diversas fuentes, una concejala del PSOE y una persona ajena a la Corporación contactaron con muchos de sus integrantes para tratar de lograr su participación en la comitiva que resultó triste y deslucida. Aunque hubo que esperar al cierre del acto central de las fiestas, y a la hora del vermú, para reconocer el enorme impacto que la agrupación musical tiene sobre el tejido social y cultural del municipio: una banda de 'jazz' cubrió el vacío desde el quiosco pero el flujo de personas que acostumbran a seguir desde terrazas, y aún de pie, los conciertos de la 'laureada', se fueron a buscar sombra y cobijo en las calles de La Herradura.

Se impone que se cierre ese frente de negociación para tratar de recuperar, con tiempo, la normalidad en las relaciones entre la actual Corporación y los músicos, porque los desencuentros que parecen existir en el seno de la entidad son cuestiones de régimen interno, aunque se hayan tratado de esgrimir como argumento para justificar todo lo sucedido y echar tierra sobre los inexplicables retrasos y cuestionables actuaciones de los munícipes sobre la Banda de Haro, uno de los valores más reconocidos, con todo, por el vecindario que la siente suya.

En lo musical, que en términos económicos sigue constituyendo el apartado al que se otorga mayor importancia porque copa más del 65% del presupuesto global (67.000 de los 105.000 euros previstos en caja), más aciertos que desaciertos.

La actuación de los Mojinos dejó fría a más de la mitad del personal porque no había manera de entender las letras que interpretaba El Sevilla, seguramente por cuestiones técnicas, aventuraban los presentes. Pero el nivel de las orquestas que amenizaron las madrugadas de esta última semana se ha situado muy por encima del notable, a pesar de no obtener un índice de asistencia acorde a la calidad de los grupos contratados.

Llama la atención que al público que ahora se define como 'familiar' y que en realidad señala al infantil, que llega por fuerza con padres y abuelos, apenas se le dedicasen 8.700 euros. Y mucho más que de esa partida sólo 2.500 fuesen para espectáculos y marionetas, porque el grueso de la partida se dedicó al pago de un parque acuático y de castillos hinchables (3.600) y a la contratación de la logística que exige las salidas de Gigantes y Cabezudos (2.000).

Pareció faltar contenido de nivel pensado, opinaban los progenitores, para un público que alimenta el acto más singular y dinámico de las fiestas de junio. Como muchos otros.

Los chavales se han encargado de convertir la fecha del 27 de junio, y con ella la celebración de la Batalla del Vino Infantil, en una de las grandes claves del programa, generando vida social y económica en el centro de la ciudad y el Casco Antiguo en una fecha que hasta hace algunos años pasaba por ser de tránsito.

Se interpreta que se merecen, en justa correspondencia, algo más.

Las fiestas patronales de la localidad jarrera, las que se dedican a San Felices, siguen girando, pues, sobre cuatro ejes que se saben vitales y en los que el protagonismo lo asume, sin discusión alguna, el personal de a pie.

Éste es, de suyo, el que sigue manteniendo en su sitio el Amanecer del Chocolate que los más jóvenes empiezan a reconocer asumiendo un papel más activo en todos los juegos y actividades que se proponen; la procesión de San Felices que exige demostrarse una manifestación de encuentros y no una demostración explícita de conflictos inaceptables; y las batallas, que ya son dos sin que nadie se atreva a establecer rango de importancia porque la pequeña se ha acabado convirtiendo en sustento de la mayor, insuflando base teórica y estructura formal para evitar que los jarreros se desvíen de las grandes tradiciones, por difícil que resulte de aceptar que las criaturas empiezan a dar lecciones a los adultos sin necesidad de levantar la voz, en ningún caso.

Es cierto que las 'vueltas', que forman parte de ese glosario de imágenes imprescindible para entender este ciclo, más extrovertido e internacional que el de septiembre por la Vega, evidenciaron graves deficiencias en su organización.

Ni se anunció con tiempo la prohibición de estacionar en la Calle Navarra (el aviso se realizó a la Jefatura de Policía de víspera y a las once y media de la noche, sin margen de maniobra), ni se emitió el dichoso bando que, años atrás y de forma periódica, advertía a los vecinos de Navarra y la Vega que estaba prohibido arrojar agua sobre los romeros, por mucho que éstos lo reclamasen con insistencia, para evitar con ello el deterioro de los instrumentos que portaban los miembros de las charangas que les acompañan.

Y, al parecer, una de éstas avalanchas de líquido elemento sobre los guerrilleros, acabó provocando retrasos y hasta el desvío de la tropa por el atajo del Suizo, sin cumplir con el giro que en origen se hacía tres veces, sobre el eje de la Paz.

Pero parece claro que la Batalla, por exageradas que sean las cifras que ofrecen las fuentes oficiales, quizás porque interpretan erróneamente que si no hay muchos guerreros en la gresca no puede ser buena, en esta ocasión fue todo un 'bombazo'.

El tiempo jugó a favor de la convocatoria, el personal empieza a utilizar la bota o las pistolas de agua en mayor número y el ambiente que se respiró en las campas de Bilibio, aún siendo en muchos casos huestes llegadas desde diferentes rincones del planeta, fue envidiable. La acogida, el respeto, la solidaridad, el abrazo en plena contienda generaron un clima que suma más voluntades, por calidad, que el anuncio de cifras astronómicas, por la tiranía de los números.

Y quienes llegan por primera vez y repiten, tal vez no entiendan los munícipes, no es por lo segundo, sino por lo primero. Sentirse en casa es el mejor valor. Más que sentirse en una habitación sobreocupada.

Hay cosas que siguen, funcionan y tal vez habría que revisar para otorgarles mayor peso, como las catas de vino populares que Miguel Martínez Garoña ofrece en la Plaza de la Paz (parece absurdo que se programe una de ellas el día de la Batalla Infantil). Y otras que se echan mucho de menos, por encima de cualquier discurso en el que se cruzan mensajes respetables pero nadie acierta a pedir opiniones.

Por segundo año, y después de ver a concejales retratarse junto a carteles inmensos y de enorme peso en el ciruito, no se anunciaba festejo taurino en el coso, que sólo sirve para acoger las vaquillas de San Pedro de año en año. Presten, pues, atención, porque podría convertirse en solar. En la cita de este curso había mucho tendido al raso.

Menos mal que los encierros de cartón cubren tan grande ausencia. Otra más, sin lugar a dudas.

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