Haro pasa página y piensa en futuro

La jornada concluyó con el almuerzo entre los romeros. /E. C.
La jornada concluyó con el almuerzo entre los romeros. / E. C.

La romería del primer domingo del año, aplazada al coincidir con el día de Reyes, moviliza de nuevo a decenas de jarreros

ROBERTO RIVERA

Carpetazo a todo lo que dio de sí el 2018, aunque con cierto margen de retraso que se justificó con tiempo por la coincidencia de la tradición, tan reciente como implantada, con la festividad de Reyes y la interpretación que la junta de la Cofradía de San Felices hizo de la casualidad. Estando los niños por medio, y la ilusión del día con el que más se significan, parecía adecuado esperar una semana más.

Se hizo el curso pasado porque aquel día de marras, primer domingo del año, sobre la comarca jarrera cayó una nevada de las que se habían olvidado y que dejó a miles de personas aparcadas a la fuerza en el paso de los Riscos de Bilibio y un manto de cerca de medio metro de altura. Y pareció conveniente hacerlo en el presente con más razón, si cabe, y mayor margen de maniobra además.

Aunque nada ha cambiado en el fondo, más allá de la fecha, que se ha alejado trece jornadas del primer día del ejercicio en curso y una semana de la fecha en la que debería haberse realizado la romería a San Felices para ayudar al patrón, que ve desde la altura todo lo que sucede en la vega del Ebro y el Tirón mientras relee los enunciados de un libro editado en piedra, a pasar página a todo lo que sucedió para mirar de cara al futuro que está a la vuelta de la esquina.

En ese contexto, y en mejores condiciones climáticas de las previstas, abordaron los más fieles a la cita del Paso de la Hoja el recorrido que media entre la Basílica de la patrona y la ermita del patrón, a primeras horas de la mañana, para participar los más de los presentes en el oficio religioso que ofició por primera vez el nuevo párroco de la ciudad jarrera, Javier Osés, y todos los participantes en el encuentro en el almuerzo del que disfrutaron a continuación para estrechar lazos y alimentar el alma, a un tiempo.

Y en ese contexto de concordia, protegido del aire frío que atizaba en lo más alto por la cortina de calizas que levantó el choque de los continentes miles de años de antes, se fueron consumiendo los minutos y alguna hora como lo hizo el vino y las viandas que se compartieron en las campas de Bilibio.

La tradición, la última en incorporarse al listado de romerías que se realizaban históricamente y se siguen realizando al lugar donde moró Felices hace cerca de 1.500 años, sigue en firme y completa el ciclo que cierran el 29 de junio la Batalla del Vino por San Pedro y el primer domingo de septiembre. A fin de cuentas, siempre hay una primera vez. Y si algo consigue que las costumbres arraiguen y formen parte de la cultura de los pueblos, son las gentes que las asientan por ejercicio de constancia.

Las que ha apadrinado, como priora de la Cofradía de San Felices, Naiara Hernáez, se suman a ese esfuerzo aunque en ambos casos se hayan obligado a aplazar en el tiempo.

De lo que en los sesenta hicieron una cuadrilla de montañeros, y ahora forma parte de las costumbres de la ciudad, debería quedar constancia escrita. Para no dar luego a confusiones ni a errores históricos. Que el éxito de hoy es el fruto de una feliz ocurrencia avalada por quienes han llegado después y siguen su camino. Así de claro.

 

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