La fiesta llega a Haro pronto y con prisas

Joseba Etxeberria, Jarrero Mayor, prende fuego a la mecha del cohete a última hora de la mañana./Donezar
Joseba Etxeberria, Jarrero Mayor, prende fuego a la mecha del cohete a última hora de la mañana. / Donezar

El chupinazo abre el ciclo de la Virgen de la Vega a las dos de la tarde, hora desacostumbrada para los jarreros, y pone en marcha la agenda oficial

ROBERTO RIVERA

Las fiestas de septiembre empiezan a asemejarse a la alimentación de los astronautas que van más allá de los límites siderales para demostrar que la capacidad humana llega «hasta el infinito y más allá». Comprimidas, en las formas, y concentradas, en el fondo. De ahí que se adviertan intolerancias, porque a algunos de los vecinos de la localidad jarrera les resulta difícil digerir tanto en tan poco tiempo, y otros consideran que cuatro dosis en tan escaso margen de tiempo constituye todo un riesgo para la salud.

Especialmente después de ver en qué terminos se desglosa el programa de este curso, alterado en las fechas y en las horas.

Se adelantó del 7 al 6 de septiembre, y se retrasó de las doce del mediodía a las dos de la tarde. Todo ello porque la jornada había sido marcada por el Ejecutivo regional para la apertura oficial del curso escolar y el Concejo consideró conveniente no entrar en conflicto con el acto académico, aun cuando buena parte de la chavalería del municipio no se acercó ni por asomo a las aulas y prefirió encerrarse con los toros de cartón piedra en el entorno de Ciriaco Aranzadi, horas después.

Cosas de adelantar para exprimir el fin de semana. Con poco para hoy.

Una más, en realidad. Porque, a eso de la una y media, la Plaza de la Paz era un solar de granito con una banda de 'jazz', la Farra Marching Band, animando a los clientes sentados en las terrazas del lugar y a los miembros de una peña que aprovechaba el vacío para preparar la logística del día siguiente antes de servir mosto, cava y puro a la tropa, que no aparecería por allí hasta bien cumplidas las 13.30 horas.

No es menos cierto que a eso de las dos menos cuartos de la tarde se fueron acercando, de El Mazo y Santa Lucía, y desde Las Huertas, desde aquí y desde allá, gentes que elevaron a niveles aceptables la audiencia del acto, sin acercarse ni por asomo a la de junio; y que el chupinazo fue tan resultón como constreñido, ampliando de esa manera el margen que el vecindario tenía para tomarse un vermú a la carrera, comer en un 'pis pas' y arremolinarse en las aceras de las calles por las que acabaría pasando, poco después, el desfile de carrozas, el tercero de los actos que mayor número de espectadores concentra por esta cita junto al propio chupinazo, la ofrenda de flores a la patrona y el Rosario de Faroles, y la Jira al Muro que se mueve en otra galaxia.

Las fiestas en honor de la patrona de la localidad jarrera llegan, pues, antes pero a destiempo, suscitan en la calle infinidad de encuentros y desencuentros, pero están en marcha y amenazan con irse a nada que los jarreros se paren a debatir sobre la filosofía del ciclo.

Mañana se conmemora la jornada grande, dedicada a la Vega, y al siguiente se consume el último tramo de mecha en la Jira del Moro. Así es como se concibe este capítulo de un tiempo a esta parte. Tempus fugit (el tiempo vuela).

Especialmente después de ver en qué terminos se desglosa el programa de este curso, alterado en las fechas y en las horas.

Se adelantó del 7 al 6 de septiembre, y se retrasó de las doce del mediodía a las dos de la tarde. Todo ello porque la jornada había sido marcada por el Ejecutivo regional para la apertura oficial del curso escolar y el Concejo consideró conveniente no entrar en conflicto con el acto académico, aun cuando buena parte de la chavalería del municipio no se acercó ni por asomo a las aulas y prefirió encerrarse con los toros de cartón piedra en el entorno de Ciriaco Aranzadi, horas después.

Cosas de adelantar para exprimir el fin de semana. Con poco para hoy.

Una más, en realidad. Porque, a eso de la una y media, la Plaza de la Paz era un solar de granito con una banda de 'jazz', la Farra Marching Band, animando a los clientes sentados en las terrazas del lugar y a los miembros de una peña que aprovechaba el vacío para preparar la logística del día siguiente antes de servir mosto, cava y puro a la tropa, que no aparecería por allí hasta bien cumplidas las 13.30 horas.

No es menos cierto que a eso de las dos menos cuartos de la tarde se fueron acercando, de El Mazo y Santa Lucía, y desde Las Huertas, desde aquí y desde allá, gentes que elevaron a niveles aceptables la audiencia del acto, sin acercarse ni por asomo a la de junio; y que el chupinazo fue tan resultón como constreñido, ampliando de esa manera el margen que el vecindario tenía para tomarse un vermú a la carrera, comer en un 'pis pas' y arremolinarse en las aceras de las calles por las que acabaría pasando, poco después, el desfile de carrozas, el tercero de los actos que mayor número de espectadores concentra por esta cita junto al propio chupinazo, la ofrenda de flores a la patrona y el Rosario de Faroles, y la Jira al Muro que se mueve en otra galaxia.

Las fiestas en honor de la patrona de la localidad jarrera llegan, pues, antes pero a destiempo, suscitan en la calle infinidad de encuentros y desencuentros, pero están en marcha y amenazan con irse a nada que los jarreros se paren a debatir sobre la filosofía del ciclo.

Mañana se conmemora la jornada grande, dedicada a la Vega, y al siguiente se consume el último tramo de mecha en la Jira del Moro. Así es como se concibe este capítulo de un tiempo a esta parte. Tempus fugit (el tiempo vuela).

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