La Esclavitud de Cihuri vuelve a la vida

Lago habilitado en el entorno de la nueva ermita. /R. Solano
Lago habilitado en el entorno de la nueva ermita. / R. Solano

La nueva ermita de la localidad adquiere la forma de un chozo, base de un espacio público situado bajo los Montes Obarenes

ROBERTO RIBERA

Sobre la loma que el vecindario de Cihuri, y el de otras localidades de la comarca jarrera como Anguciana, Sajazarra o Casalarreina, conoce de La Esclavitud, empieza a tomar cuerpo la ermita que el Concejo riojalteño siente suya. Y lo hace con estructura de 'chozo', de guardaviña, abriendo hueco a la luz que llega de forma cenital a través de un lucernario que filtra una mampara de alabastro para iluminar un espacio protegido a los cuatro vientos, pero asomado a todos ellos y amparado por el ventanal de Peñas Jembres, que se abre al fondo y en canal.

Básicamente, ésas son las directrices de definen esta construcción, aparentemente sencilla, que sustituirá al antiguo complejo religioso donde se han concentrado, a lo largo de los siglos, los habitantes de la localidad riojalteña, y que seguirá sirviendo de referencia para la romería que les reúne, año tras año, por San Isidro cada 15 de mayo.

En síntesis, se trata de una edificación levantada sobre planta cuadrilátera que se va cerrando de forma paulatina hacia la cúspide, y que enraíza sobre la antigua granja y eremitorio que perteneció, allá en el siglo XVII, al Monasterio de San Millán, como la Ermita de Santa María de Ternero, que se sitúa también a las faldas de los Montes Obarenes y hoy pertenece a la provincia de Burgos en calidad de 'enclave' castellano dentro del territorio de La Rioja.

Aunque, más allá de la profunda reforma estética que está experimentando la desaparecida ermita de Cihuri, nada modifique el impresionante patrimonio histórico y paisajístico que nadie altera.

Decía Felipe Abad, al que siempre se consideró cronista oficial de la región, que «La Esclavitud es uno de los enclaves más emblemáticos de la villa de Cihuri. La vieja cueva monástica (que aún se conserva bajo los cimientos de la nueva ermita) forma parte de la red de eremitorios (paraje, lugar o zona en que vive un eremita, persona que vive solo en una pequeña capilla llamada ermita y cuida de ella, apartado de una población) visigóticos y mozárabes de la cuenca del río Tirón y de los Montes Obarenes».

«En este cerro», seguía apuntando en su relato, «además de una granja y las fincas del entorno, existía una ermita donde se daba culto a la Virgen de la Esclavitud, devoción propia de la orden Benedictina y Cisterciense. Todo ello propiedad de los Monjes de Herrera que en el siglo XVI, con la ermita ya 'desierta y derrotada', cambiaron a los monjes de San Millán (propietarios del señorío de Cihuri desde el siglo X) por la vecina Granja de Ternero».

«En el año 1633, al finalizar su mandato como abad de San Millán Fray Benito González, natural de Bargota (Navarra), elige y se establece en la Esclavitud de Cihuri, reconstruye de nueva planta la ermita y otras dependencias, funda la Cofradía de los Esclavos de María, convirtiéndose en escuela de alta espiritualidad mariana, y se entrega por completo a la oración y apostolado de toda la comarca por espacio de cuarenta años, hasta que falleciera a los 86 años de edad a primeros de Julio de 1673».

Cuenta la crónica que, «enterrado en la propia ermita, de forma prodigiosa se halló sobre su tumba la corona de la Virgen de la Esclavitud depositada por ella misma», suscribe Felipe Abad y recopila el Ayuntamiento de Cihuri en la documentación del proyecto que demuestra tener mejor apariencia estética en ejecución que sobre plano.

A fin de cuentas, remarca su alcalde, Neftalí Isasi, la nueva ermita no deja de ser sino la base de un proyecto que va mucho más allá y que pretende convertirse en el segundo elemento de atracción turística y encuentro del concejo, perteneciente al Partido Judicial de Haro.

El primero, se sabe de antaño, es el puente romano que vadea el cauce del río Tirón en pleno casco urbano y fue levantado en el siglo I. Ahora la Ermita de la Esclavitud que pone el foco de atracción sobre una loma situada en un espacio singular que sirve de balcón a la estampa de Jembres y se asoma a los viñedos de una comarca de ensueño. Porque, más allá de cualquier concepción estrictamente religiosa, Isasi sostiene que hay una concepción «social y colectiva» que la convierte en «un espacio común», revalorizado ahora con la incorporación de un parque de 10.000 metros cuadrados donde se ha creado un lago, después de haber llevado a cabo estudios arqueológicos que confirman la existencia de infraestructuras hidraúlicas, una fuente lavadero de carácter rupestre, una cantera de donde se estraían sillares y calados en un municipio de reducida superficie pero de amplio espectro histórico que se pone en valor.

Y que se asoma desde la imponente cruz de su nueva ermita, hecha con formas de siempre, a las crestas que peina el viento del norte.