«Ahora debemos preparar a mi madre; el Juzgado volverá a señalar el desahucio»

Los vecinos impiden a la comisión judicial, así como al procurador y abogado del hijastro de Reme, el acceso a la vivienda./E. C.
Los vecinos impiden a la comisión judicial, así como al procurador y abogado del hijastro de Reme, el acceso a la vivienda. / E. C.

Los familiares de Reme, la vecina de Anguciana que debe ser desalojada de su vivienda, celebran con alegría contenida el 'triunfo' de esta semana

DANIEL ORTIZ

Hay algunas ocasiones en la vida –pocas, por fortuna– en las que la mente humana no entiende de escalas de grises. La euforia y la depresión son las dos únicas opciones que el subconsciente maneja y el paso de la una a la otra se produce por conexión y desconexión, sin ningún tipo de gradualidad posible. Es lo que sucede cuando existen argumentos más que sobrados para respaldar la máxima expresión de alegría y el mayor valor de pena. Una situación que los familiares de Reme han vivido en sus carnes esta misma semana.

El pasado jueves amanecieron resignados a acatar la sentencia judicial por la que esta vecina de Anguciana, de 76 años de edad y una discapacidad de en torno al 50%, debía abandonar la vivienda en la que reside desde hace varias décadas y en la que han nacido algunos de sus hijos.

No era la primera vez que su entorno se enfrentaba a la amenaza del desalojo. El pasado mes de diciembre, sin ir más lejos, la justicia instó a ejecutar el desahucio y sólo la intervención de la Consejería de Servicios Sociales evitó que la anciana fuera sacada a la fuerza de su vivienda.

Dos meses después, en cambio, la moratoria de Servicios Sociales quedó sin efecto al constatar los técnicos que los hijos de Reme habían alquilado un apartamento para que pudiera instalarse allí, en el caso de que el lanzamiento se hubiera llevado a cabo.

Ahí fue cuando el desánimo se instaló en el seno de la familia. La suerte estaba echada y el jueves a las diez de la mañana no quedaba otra que entregarle las llaves a los funcionarios de Justicia... O tal vez sí. Porque los parientes de Reme no esperaban que la voluntad popular pudiera ser decisiva en que la anciana ganase una batalla más en la guerra administrativa en la que se halla inmersa, como finalmente sucedió.

«Nunca imaginé lo que vivimos el jueves. Vino gente de todos los sitios y me consta que hay otras muchas personas que nos apoyan, pero que no pudieron asistir por distintos motivos», señala Ana Rosa Ballugera, una de las hijas de Reme, visiblemente emocionada. «Darle las gracias a los vecinos sería quedarse muy, muy cortos. Estoy tremendamente orgullosa de mi pueblo; no hay palabras para describir algo así».

La familia, en cambio, afronta una difícil situación de «emociones confrontadas. Cuando todo acabó y nos quedamos los hermanos y mi madre solos se hizo un gran silencio», explica Ballugera, relatando que «estábamos tremendamente felices por que todo hubiera terminado pero también somos conscientes de que los representantes del juzgado volverán».

Por el momento, los parientes de Reme admiten que han ganado un tiempo «en el que debemos reflexionar y preparar a mi madre para un posible desalojo. Hemos ganado el fin de semana. Pero el juzgado volverá a señalar el desahucio». Cuestionada sobre si espera que el siguiente episodio de este drama vuelva a tener un resultado favorable para su madre, alude a uno de los momentos más emotivos que se vivieron anteayer en Anguciana. «Mi hermano fue uno de los que más resistencia opuso y avanzó que la próxima ocasión en la que vengan a desalojar a mi madre entregará las llaves, pero todos los vecinos que estaban en la puerta clamaron que de eso nada, que mi madre se queda».

El hijastro que actúa «por venganza» contra su familia política

«No entendemos por qué actúa así, por qué nos está haciendo sufrir tanto», indica Ana Rosa Ballugera en referencia a su hermano Carlos, a la sazón hijastro de Reme. Al descartar cualquier cuestión económica –el titular de la vivienda es un reputado registrador de la propiedad–, los familiares de Reme aseguran que actúa «por venganza» y lamentan que «desde que comenzó todo este proceso no hemos tenido ocasión de sentarnos cara a cara para que nos explique por qué le hace tanto daño a mi madre».

Los hijos de la anciana explicaron en diciembre que la vivienda la adquirió Carlos Ballugera en 1991, cuando su padre atravesaba por una mala racha económica. Pero que, al fallecer este hace siete años, la relación entre ambas partes de la familia cambió a peor.