Un cortocircuito mantiene en vilo una hora a los vecinos de la Avenida de La Rioja de Haro

Dos camiones del Parque de Bomberos acordonan la zona y protegen a los transeúntes de las explosiones y el chisporroteo que caía sobre la calzada de la avenida./ ROADPHOTO.ES
Dos camiones del Parque de Bomberos acordonan la zona y protegen a los transeúntes de las explosiones y el chisporroteo que caía sobre la calzada de la avenida. / ROADPHOTO.ES

El deterioro del cable de 'bajo plomo' hizo que se produjesen chisporroteos de gran intensidad sobre una estación de servicio

Roberto Rivera
ROBERTO RIVERA

El corazón en un puño. Pasan las diez de la noche en el domingo que marca frontera entre las dos mitades de julio, y el agua que cae desde hace varias semanas y de forma impenitente sobre la comarca jarrera acaba haciendo mella, no sólo en la paciencia y las articulaciones de la gente, sino en la vaina de plomo de un cable que se tiende sobre la fachada del edificio número 4 de la Avenida de La Rioja.

Inevitable consecuencia física. La humedad que cala en las entrañas de la conexión, la que va desde la caja de fusibles hacia la línea de servicio hacia la comunidad de ese portal, hace de conector entre los dos polos, el positivo y el negativo, y se produce el cortocircuito sobre la repisa que diferencia la planta baja del primer piso.

Se sobrecarga la línea, se caliente en exceso, genera llama y comienza el chisporroteo acompañado de explosiones que rasgan la tranquilidad de la arteria jarrera, alejada de la dinámica de la tarde y envuelta en las primeras sombras de la noche.

El estruendo se hace ensordecedor. La eclosión de los chispazos, al fundirse el plomo que envuelve el cable, se muestra deslumbrante para quienes empiezan a asomarse desde las viviendas del inmueble que soporta las consecuencias más brutales de la avería y las de otros edificios de la zona. También para los transeúntes que apuran su última ronda en los locales de la arteria o transitan y se acercan curiosos, sobresaltados por la espectacularidad del fenómeno que sitúa en estado de pánico a las familias que lo sufren más directamente en el interior del edificio.

Algunos salen de casa con lo puesto y con los niños a cuestas; otros ni siquiera se atreven a cruzar el umbral de la puerta sobre la que se desploman, de forma intermitente, las chispas que genera el consumo del viejo plomo de la instalación, incandescente. Hay quienes, sostienen los afectados, no llegan a enterarse de lo que sucede porque se encuentran en pisos interiores o superiores, y permanecen en su vivienda sin llegar a percatarse del riesgo que advierten otros.

En una de las viviendas más próximas al cortocircuito, una familia se protege en el fondo de la misma, lo más lejos posible del foco de explosiones, pero no pueden evitar que el humo que produce el consumo del cable se cuele en las estancias y contamine el aire, espeso.

Como sus vecinos de la calle, aguantan varios minutos profundamente preocupados, no ya sólo por la violencia de las explosiones que provocan los continuos cortocircuitos en la fachada, sino porque las chispas que saltan sobre la calzada caen también sobre uno de los surtidores de la estación de servicio que atiende en la avenida de la capital riojalteña. Casi hasta rozan la funda del segundo.

Efectivos de la Policía Local (que hasta las diez de la noche sólo disponía de un único agente obligado a permanecer en la Jefatura porque custodiaba a un detenido) y la Guardia Civil acordonan la zona, y personal del Parque de Bomberos se acercan al lugar de los hechos esperando que reviente por fin el cable o el personal de la empresa suministradora, Iberdrola, proceda al cierre del servicio y repare la avería, después de haber proyectado sobre la calzada y los surtidores de combustibles espuma con la que aislar las instalaciones de la estación de servicio. Cerca de las once menos veinte, toda la zona queda sin fluido eléctrico y se detiene la 'traca'.

Colgado en el ascensor

Un vecino de otro edificio queda colgado en el ascensor; se recibe una alerta de otro domiciliado en el Parque de los Pintores, confirman fuentes del lugar, que necesita la asistencia de respirador y se ha quedado sin ella porque se ha suspendido el servicio energético. La normalidad se restablece a las once y ocho minutos. No para todos.

Los inquilinos del portal al que pertenecía la instalación averiada esperaban ayer tarde la reparación final de la avería para poder disponer de suministro y comprobar, de esa manera, si el cortocircuito había provocado daños entre sus electrodomésticos. Pero reconocían, sobre todo, sufrir «miedo de volver a nuestras casas. No nos sentimos seguros», reconocía abiertamente uno de los vecinos consultados por este medio. Compartía esa misma sensación con varios de sus vecinos, en algunos casos con niños que apenas contaban dos meses.

Durante la jornada de ayer, quienes transitaban por la Avenida de La Rioja miraban hacia la primera planta del inmueble para advertir las consecuencias de las explosiones que se dejaban ver en el ladrillo de la facha principal. Ellos miran de nuevo, y ahora con mucho más temor que nunca, hacia abajo, allá donde se alinean los surtidores de la gasolinera que lleva allí desde hace décadas y que cuenta con más años aún de concesión administrativa.

Se preguntan, aclaraba alguno de ellos a este periódico, «qué habría pasado si el cortocircuito llega a producirse, no con los surtidores enfundados y sin actividad, sino de día, con la estación de servicio abierta y con el personal abasteciendo a los vehículos» que se acercan allí a repostar. «Tenemos miedo», decían.