El Conservatorio de Haro hace justicia a Arana

Alumnos del conservatorio en una clase. /E. C.
Alumnos del conservatorio en una clase. / E. C.

El centro de formación musical, que celebra el próximo curso bodas de plata, se conoce ya por la identidad de la cantante lírica jarrera

ROBERTO RIVERA

Ya es oficial. Lo anunció el Boletín Oficial de La Rioja, que sienta cátedra en estos, como en otros muchos casos. Y, consecuentemente, el centro docente que se prepara para conmemorar las bodas de plata de su entrada en funcionamiento bajo nueva dirección, hará por fin justicia a una de las personalidades más arrebatadoras y reconocidas en el mundo de la cultura española.

El Conservatorio de Música pierde, definitivamente, esa denominación ampulosa y despersonalizada que de un tiempo a esta parte se le da a todo lo que se mueve en el ámbito municipal, sea cual sea la naturaleza del hecho o la actividad en cuestión (de Haro o Ciudad de Haro). Pasa a llevar, por fin, el nombre de una de las divas de la música lírica española. Nacida en la ciudad jarrera y amparada por una de las familias más arraigadas en la capital riojalteña desde finales del siglo XIX. Pasa a denominarse, con todas las de la ley, Conservatorio de Música Lucrecia Arana. Y lo hace, además, poco antes de meterse en danza para conmemorar el vigésimo quinto aniversario de la puesta en servicio de este centro educativo que se asentó en el edificio puesto a disposición del Ayuntamiento por Iberceja, tras la firma de una operación simbólica de compraventa.

Curioso que el paso se dé tras la renovación orgánica de su claustro y dos años después de celebrarse por todo lo alto el 150 aniversario de su nacimiento, a instancias de la Fundación Benlliure y el Gobierno de La Rioja, pero sin implicación directa del municipio que la vio nacer en el desarrollo de las numerosas actividades programadas por una institución que sigue dando aliento a toda una historia de amor, la que vivieron Lucrecia Arana y el escultor y artista plástico valenciano Mariano Benlliure.

Porque, acaso diluido por el paso del tiempo su incuestionable poso entre las nuevas generaciones de la localidad jarrera, se trata sin duda de una de las mayores aportaciones de Haro al espectro cultural de todo el país.

A fin de cuentas, aquí fue alumbrada, en 1867, la tiple más reconocida del Teatro de la Zarzuela de Madrid y en estos lares fue donde se escucharon sus primeros lloros el 23 de noviembre. Más concretamente en el número 6 de la Calle del Serení, hoy Calle Prim, compartiendo de esa manera lugar de nacimiento con otro de los jarreros más ilustres de la historia española más reciente, el pedagogo Manuel Bartolomé Cossío.

Haro, que acabó dando el nombre de la cantante a una de las arterias de su casco histórico (en concreto a la que se conoció hasta los ochenta como Calle del General Franco) reconoce de esta manera la trayectoria de una mujer que nació de José López de Arana Díaz y María Fernández Baños, un matrimonio llegado de Briones para trabajar en la capital riojalteña. Su madre en Bodegas López de Heredia, con cuya familia se trasladaría a Madrid en 1872, al enviudar ese mismo año, junto a sus cinco hijos.

Fue allí, precisamente, donde inició con el respaldo de la mítica familia bodeguera de La Estación una carrera marcada, sin duda alguna, por el éxito, gracias a su potente y personalísima voz, ya advertida en su entorno más próximo cuando interpretaba de niña jotas riojanas, y contrastada cuando se subió por primera vez a un escenario para formar parte del elenco de uno de los títulos más famosos del género chico.

Apadrinada por López de Heredia, fue instruida por el bajo Antonio Baldelli, la tiple Adelaida La Torre y el compositor y profesor de piano Antonio Llanos Berete, maestro de partes y director de coros del Teatro de la Zarzuela que acabaría dándole la oportunidad de convertirse en su primera tiple en 1895, después de debutar a los veinte años sobre las tablas del Teatro Príncipe Felipe y obtener el respaldo del público que asistía a las salas Apolo, Martín, Circo, Eslava, Príncipe Alfonso, Recoletos y Tívoli en Madrid.

Ahora, décadas después de su ascenso al paraninfo de los grandes, parece brillar también en casa. Y, por decisión de los directivos del Conservatorio y aceptación de la Consejería de Educación, formalizada en las páginas del BOR, acompañará el crecimiento de los alumnos del Conservatorio. El que ya es suyo.