Concejo y Banda de Haro afrontan desde hoy una semana clave para el futuro del servicio

La celebración del primer centenario del Rosario de Faroles eleva aún más la trascendencia de las negociaciones entre la Banda y el Ayuntamiento jarrero ./ R. SOLANO
La celebración del primer centenario del Rosario de Faroles eleva aún más la trascendencia de las negociaciones entre la Banda y el Ayuntamiento jarrero . / R. SOLANO

Tanto los vecinos como los músicos asisten expectantes a la negociación planteada por la entidad cultural

ROBERTO RIVERA

Frente de negociación abierto. Prestación del servicio de Banda, una constante a lo largo de 160 años en la ciudad, a pesar de las peculiaridades de una entidad cultural que se ha manifestado durante toda su historia como un colectivo envuelto en la polémica pero consustancial con la sensibilidad de sus vecinos. Y aferrada, por encima de cualquier diferencia interna, a una pasión común, la música.

El conflicto entre el Ayuntamiento de Haro y la entidad que agrupa a los músicos del municipio, entra hoy en la fase de la verdad, después de veinte meses en los que parece haberse impuesto la supremacía de los 'egos' por encima de la lógica.

Para esta mañana se espera el registro de la propuesta de contrato que solicitó, en última instancia, la delegación del Consistorio de los representantes de la Banda jarrera. Se realizará en las mismas dependencias municipales donde, a finales de 2016, ya presentaron un escrito solicitando la convocatoria de la comisión de seguimiento para abordar los problemas que tenían para cumplir con los cupos mínimos de asistencia a ensayos y conciertos, a la vista de las bajas registradas por defunciones y salida de jóvenes a otras regiones del país por estudios.

Es bueno recordar que la existencia de esa petición, registrada en las oficinas del Concejo el 5 de diciembre de 2016, fue negada durante varios meses por el concejal delegado, Javier Redondo, y sólo reconocida un año más tarde, en diciembre de 2017, con el conflicto enquistado. «No fue convocada», dijo en pleno. Fue entonces cuando los músicos trataron de lograr un acuerdo que les liberase de ese compromiso de 'mínimos' para que la Administración adaptase los requisitos del contrato a sus posibilidades reales, aceptando la reducción de la asignación económica que se les reconocía en el contrato, de forma proporcional, tal y como plantean ahora.

Pero la posibilidad de evitar la batalla a la que ha asistido el vecindario, haciéndose de cruces al recibir informaciones contradictorias que no llegaba a comprender en muchos casos, fue descartada sin que nadie lleguase a entender por qué.

La respuesta a esa solicitud fue la grabación, por parte de un funcionario y un edil, de la Cabalgata 2017 para constatar, como trataron de informar los propios representantes de la Banda, que no disponían de músicos suficientes para completar el mínimo exigido en el contrato.

No se dialogó, cuando se pidió hacerlo un mes antes. Y se certificó después lo que las autoridades ya sabían porque los propios interesados trataron de explicar sin ser escuchados. Muchos de ellos lo interpretaron como una encerrona que condujo, de marzo a noviembre de 2017, a una retahíla de sanciones económicas por incumplimientos que situaban a los músicos contra las cuerdas y que algunos trataron de vincular a cuestiones económicas de régimen interno y discrepancias de los músicos contra su junta que nunca llegaron a ser mayoritarias.

Propuesta de la agrupación

Llegado el momento, de suyo, la dirección fue respaldada en asamblea al expirar su mandato. Y se mantiene al frente de la entidad.

Las discrepancias, quedaba claro a pesar del esfuerzo del Consistorio por incidir en ese ámbito a través de su gabinete de comunicación, aún sabiendo cuál era el origen señalado por los representantes de los músicos, se alejaba del interés económico. La clave, apuntaban, estaba en el apartado «técnico» al que el contrato presentado por la delegación municipal, encabezada desde mayo por el regionalista Leopoldo García, otorgaba absoluta capacidad «organizativa y disciplinaria».

Que algunos de los voluntarios que se ofrecieron para participar en la reposición de 'Vega la jarrera' quedasen fuera de reparto por criterios «técnicos», confirmó sus temores y la posibilidad de haber contado con la Banda en la procesión de San Felices se desmoronó por completo. Los músicos cerraron filas con sus compañeros y plantearon tres condiciones a la cofradía del patrón: no desfilar junto a la Corporación, prescindir de elementos que la vinculasen con ésta y ser dirigidos por uno de sus miembros.

La respuesta del Concejo fue escénica. La Banda no acompañó al Santo y la cúpula municipal pidió al director que la acompañase en el desfile. La herida se hizo, con los músicos notablemente afectados por su ausencia y sin poder explicar las razones de su decisión a los vecinos, mucho más grande.

La presentación de una contraoferta por parte de sus representantes, anunciada en principio para hoy, abre las puertas a un nuevo escenario que se sabe decisivo, ante la expectación de los jarreros y de los propios músicos que arden en deseos por volver a participar, como han hecho durante décadas, en los actos más señalados de la ciudad. En muchísimas ocasiones por la cara.

Pero parece evidente que este nuevo tiempo, notablemente reducido porque las fiestas arrancan la próxima semana, exigen de un ejercicio de generosidad por ambas partes para poner en valor lo que une a quienes sienten Haro y todo lo que es simbólico para los jarreros. Con mayor motivo en un año tan señalado como éste en el que se celebra el primer centenario del Rosario de Faroles, un encuentro que conduce al momento más íntimo y emotivo de la ciudad, el canto del himno a la patrona en la Plaza de la Paz, en plena oscuridad.

Que pueda ser aprovechado parece sujeto a dos principios de tronío. El ejercicio del gobierno, y no del poder; y la capacidad para entenderse cuando el interés común prima por encima de los intereses particulares que parecen haber adquirido en le mecánica de la Administración local más protagonismo y influencia del que cabría esperar.

Los vecinos esperan una decisión a la altura de una celebración histórica. Y la esperan de ambas partes. Con capacidad para ceder en la búsqueda de una solución definitiva.

 

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