La cita de Bilibio aguanta el pulso

Las campas reunieron a un nutrido grupo de romaros ayer./E. C.
Las campas reunieron a un nutrido grupo de romaros ayer. / E. C.

El Primer Domingo de Septiembre apunta en su dietario una romería más, a pesar de la amenaza de las nubes

ROBERTO RIVERA

Día de relax, tiempo aceptable a pesar de encanecer los cielos de sopetón y encomiable disposición de la tropa que se sumó al primero de los acontecimientos que se incluyen, por derecho, que son muchos años los que lleva de aval a las espaldas, en el programa oficial de las fiestas de la Virgen de la Vega.

En esos términos acabó definiéndose la romería del Primer Domingo de Septiembre que se había visto amenazada por las pesimistas previsiones climáticas de la víspera, más partidarias de la lluvia que de la contención. Y con ellos la fiesta, que se sintió bajo la espada de Damocles al encapotarse la comarca con un manto de nubes de mala facha, se desarrolló en un clima más que propicio, volviendo a sumar otro éxito a la convocatoria de la Cofradía de San Felices, promotora del encuentro desde hace ni se sabe.

No ha habido demasiado margen para el descanso en la ciudad jarrera que sigue metida en dinámica de fiestas, ciertamente. La verbena de Las Huertas entonó las últimas notas a esos de las tres y media de la madrugada del sábado al domingo en el Parque de los Pintores Tubía y Santamaría, y el vecindario estiró los estertores del ciclo una hora más, para despedirse del acontecimiento hasta el año próximo de forma irremisible.

Y a las nueve de la mañana, si no antes, el resto del municipio se ponía en marcha, aunque entre los romeros que afrontaron de mañana la ascensión y presencia en los Riscos de Bilibio, donde centró el objetivo Haro a lo largo de la jornada de ayer, había quienes compartieron ambos carteles, los del barrio y los que abandera la tradición.

Las campas de Bilibio tienen, no obstante, esa misteriosa condición orográfica que las convierte, sin duda, en un microclima singular y provechoso. Porque, como tantas veces, al cruzarse las isobaras y ponerse bravas, al mismo tiempo, el viento que pegaba del noroeste apenas se hacía notar tan sólo en el último tramo que conduce a Bilibio, en el puente sobre la autopista.

La caliza de los Riscos encajaba el golpe, la rebotaba hacia aquí y hacia allá, y provocaba de esa manera una bolsa de aire templado, protegida de todo, allá donde se apalancaba el dispositivo de la convocatoria, con la participación de un nutrido grupo de jarreros y visitantes.

Todo salió a pedir de boca. Se repartían cazuelitas de barro con patatas a la riojana por un lado, se servía vino y cerveza y refrescos por el otro, se sentaban en las mesas del paraje cuadrillas de jóvenes y mayores para almorzar, guardaban reposo y recuperaban fuerzas en las escalinatas los participantes en la marcha a Bilibio y parte de la cofradía se encargaba de dar cobertura a los chicos que se inscribían en el concurso de pintura al aire libre, y hasta de organizar la piñata en la que hubo chavales que acertaron con el jarro de barro al primer golpe.

Así fueron transcurriendo las horas, sometiendo a criterio del jurado las paellas que llegaban rematadas desde el casco urbano a las campas de los Obarenes, y metiéndose de lleno en la comida campestre que serviría de preámbulo al último entreacto de la romería.

Fue a los postres, cuando el personal fue buscando pausa con el compás de la música y los responsables de la cofradía del patrón empezaron a trajinar por las campas para sondear qué jóvenes podrían aspirar al cargo, cuando se aparcó el tiempo para asomarse de nuevo a la roca que vio proclamar, de forma oficial, a la que será durante los próximos doce meses nueva Guapa de Bilibio.

Se trata de Clara Hermosilla Corral, que estará acompañada por las damas Martina Sáenz Melchor y Andrea León Noguerado.

Con ellas en primera fila se regresó a última hora de la tarde para visitar a la Vega en su Basílica, después de completar las vueltas a la Paz, para dejarle claro que en unos días se volcarán con ella, porque los ánimos ya están suficientemente caldeados.