El calendario de las fiestas de la Vega va cuesta abajo

La espuma animó a los más pequeños en el Parque Anzuela. /R. Solano
La espuma animó a los más pequeños en el Parque Anzuela. / R. Solano

Tirolinas en la Paz e hinchables en la Vega, después de la fiesta de la espuma; la de ayer fue una jornada para dejarse llevar sin más

ROBERTO RIVERA

Se agradece. Después del atracón del viernes, en el que el personal se sintió como los patos de una fábrica de 'foie', el programa de las fiestas de la Vega ofreció ayer sesión de baño y masaje, un periodo de relax que animó al gentío a dejarse llevar, como si tal cosa. Y la sensación se asemejó, sinceramente, a la que experimentan los ciclistas del Tour cuando coronan el Tourmalet y afrontan el descenso que se abre ante sus ojos, soltando el freno y sin tener en cuenta que después habrá otro alto de categoría especial al que echar mano.

Porque, ciertamente, la agenda de las fiestas de septiembre se ha convertido este año en un ejercicio inestable, donde puede pasar de todo o puede que no se plantee nada que altere el ritmo del personal.

Tal vez por ello resultó llamativo que el vuelo de los mocetes, y no tan mocetes, que se asomaron a lo más alto de la Paz para tirarse en vuelo rasante y seguro hacia su solado desde primeras horas de la mañana, no reuniese de inicio a demasiada gente.

A los más madrugadores, la tranquilidad con la que pareció tomarse el vecindario la vuelta a las calles, puede que también la coincidencia de varias de las actividades reservadas para la chavalería (prima este año el mogollón), les permitió lanzarse por la tirolina de la Asociación Toloño más de un puñado de veces en un breve lapso de tiempo. No sólo porque hasta bien pasadas las once y media no se advertía por allí demasiado meneo, sino porque subirse a la plataforma y dejarse llevar para seguir el recorrido de la soga, exigía un mínimo esfuerzo en la ascensión por el rocódromo y una buena dosis de valentía. Que no todo es tan bonito como se advierte en las imágenes del día después.

En descenso se vio el mismo personal, y hasta algunos efectivos más, horas después, al abrirse la puerta de los castillos hinchables que Diverprix instaló en los Jardines de la Florida, permitiendo a la parroquia menuda que escalase por la banda derecha y se desparramase con salto y vuelo al vacío por el derecho. Según el punto de vista del que observaba la escena, claro.

Así, entre el cielo y el suelo, estuvieron más de media mañana tratando de recuperarse de las alocadas carreras por la ciudad, haciendo recorte a la porra de los cabezudos y a las astas de los toritos, como todas las mañanas que aparecen en el calendario de estas ferias de la patrona.

Puestos a tomar consciencia de lo que se vivió en la primera jornada y de lo que podría vivirse en la última, a todos les pareció genial sacar rentabilidad máxima a una mañana tan templada y tranquila como la de ayer. Y con ese único objetivo se fueron a la cima de la imaginanción, ésa donde la espuma de la fiesta animada por Krossko inducía a pensar que en el Parque Anzuela el hielo resultaba de lo más acogedor.

Eso sí. Sin perder de vista que vendrá otro día y con él más curvas. Así que, póngase el cinturón de nuevo.