La Banda niega el origen económico de su conflicto y señala al ámbito «técnico»

La Banda de Música interpreta el 'Himno de Haro' junto a la Coral Polifónica en una ofrenda a la Virgen de la Vega, en La Florida. /R. Solano
La Banda de Música interpreta el 'Himno de Haro' junto a la Coral Polifónica en una ofrenda a la Virgen de la Vega, en La Florida. / R. Solano

Los músicos se reafirman en su comunicado, en el que ya se aludía a la relación de éste apartado con las sanciones que sufrieron el año pasado

ROBERTO RIBERA

El conflicto que distancia a Ayuntamiento de Haro y Banda de Música, dejaron bien claro los intérpretes de la ciudad jarrera en su último y casi único comunicado, «no tiene absolutamente nada que ver con las condiciones económicas» que les oferta la Administración local para la firma de un contrato que debería haber sido apalabrado hace ya diez meses. Y el empeño que pone la cúpula municipal en redirigir las miradas hacia ese apartado en todas sus notas de prensa, asegurando que vela por la fiscalización de los recursos públicos, no hace sino elevar aún más el profundo malestar que se respira en el seno de la agrupación.

Esa particularísima versión del problema, sostienen músicos consultados por este medio, no hace sino «desviar la atención» del vecindario que sigue haciéndose de cruces al haber asistido, desde marzo de 2017, a la imposición de sanciones económicas que acabaron sumando cerca de 20.000 euros, al retraso en la aprobación del contrato con el que se pretendía adjudicar el servicio, y la negativa de la Banda jarrera a participar en un concurso público que se ajusta, básicamente, al mismo articulado que estuvo en vigor desde 2014 hasta 2017, y que sólo ha revisado a la baja el mínimo de componentes que se exige para ensayos y conciertos y, consecuentemente, ajusta el coste del servicio al número real de asistentes.

Es decir. Lejos de facturar los más de 11.000 euros fijos que se les asignaba hasta el curso pasado por cada una de las once mensualidades, teniendo que presentar al menos 45 músicos, más utillero, archivero y subdirector, la asociación asumía la posibilidad de ingresar algunos meses muy por debajo de esa cifra.

Hasta qué punto se asumían los requisitos económicos que proponía el Consistorio lo deja claro un detalle en concreto. Y poco favorable a sus intereses. Desde la Administración, sostienen los músicos, se ofertaban algo más de 59 euros a cada uno de ellos por participar en conciertos y actos oficiales, sin valorar su asistencia a los ensayos.

Y la asociación no encontraba motivo alguno de desencuentro en esa propuesta, aún asumiendo que habría meses en los que sus miembros podrían acudir a ocho ensayos e intervenir en una sola cita pública, percibiendo ese único canon que, al ser bruto, queda sujeto al pago de retenciones y obligaciones fiscales.

¿Qué es, pues, lo que resulta inasumible para los integrantes de la Banda de Música? ¿Qué les aleja de la firma del contrato en cuestión?

La respuesta se encuentra en el texto de su comunicado. Y remarcada hasta en tres o cuatro ocasiones, para que no albergar ninguna duda al respecto.

«La delegación del Concejo que participa en las negociaciones lo sabe muy bien porque se les ha señalado en el documento», aunque nunca ha aludido a ellas cuando ha intervenido ante los medios. Son las cuestiones de carácter «técnico» que, según dejan entrever estas fuentes, les sitúan en un contexto de «absoluta inferioridad e impotencia» que ha acabado teniendo repercusión directa sobre otras cuestiones de perfil «organizativo y disciplinario».

Cuestionan, en concreto, que no se eliminen aquellos apartados que someten a condiciones «profesionales», dejando su aplicación al criterio subjetivo del director municipal, que no forma parte de la asociación, las pautas de organización y disciplina a las que debe ajustarse un colectivo que sigue considerándose, en términos estrictamente laborales y económicos, «aficionado», por cuanto ninguno de los músicos vive de este servicio.

Lo sucedido en 2017, encajando sanciones después de negárseles la reunión en la que pretendían solicitar que se les redujese el mínimo de asistentes y la cuantía a percibir por no disponer de suficientes miembros como pactaron al firmar el contrato, y hasta la existencia misma de esas misivas durante meses, les abrió los ojos en su momento.

Que algunos de los músicos que aceptaron de forma voluntaria participar en la reposición del sainete 'Vega la jarrera' en el mes de junio quedasen fuera del reparto, finalmente, acabó agotando la paciencia de todo el colectivo.

 

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