La asamblea de Podemos abre el proceso de negociación en el Consistorio de Haro

Laura Rivado, en el centro de la imagen, acude a la urna de su mesa electoral acompañada por varios de los miembros de la candidatura socialista. /E. C.
Laura Rivado, en el centro de la imagen, acude a la urna de su mesa electoral acompañada por varios de los miembros de la candidatura socialista. / E. C.

Reeditar el tripartito con el PR+, avalar al PSOE en minoría o cambiar de escenario, las alternativas que sondea la coalición con Arantxa Carrero

ROBERTO RIVERA

Comienza el baile. La asamblea de Podemos Haro se encargó de dar este viernes el primer paso (oficial) para la gestión del marco político que resulta de los comicios locales del 26 de mayo, sondeando todas las posibilidades que se abren en abanico. Y el desarrollo del encuentro, de clave interna, es probable que haya dejado al descubierto la enorme complejidad del escenario en el que se mueven, tanto la coalición de izquierdas como el resto de las formaciones políticas que han obtenido representación en el pleno.

Es la lectura más correcta, a pesar de la euforia que llegó a respirarse en un primer momento en el seno del PSOE, que volvía a ganar unas elecciones locales después de treinta y dos años de tránsito por el desierto. La ampliación del ángulo de visión se ha encargado, no obstante, de aplacar durante la última semana esa reacción inicial para situarla en un ámbito de razonable optimismo. Pero asumiendo que la reválida de Laura Rivado en el sillón de la Alcaldía podría resultar más compleja que su proclamación como regidora hace cuatro años.

A fin de cuentas, entonces había un rival a batir, Patricio Capellán, y ese objetivo común posibilitó la firma de un pacto tripartito que difícilmente podría considerarse progresista, si se tiene en cuenta que entre los firmantes aparecía Leopoldo García, vinculado en su juventud a movimientos de extrema derecha, confirman fuentes de su entorno, antes de incorporarse a Alianza Popular y, en última instancia, al Partido Riojano.

La situación ha girado, no obstante, en redondo. Porque la última convocatoria parecía plantear al electorado una cuestión de carácter global: si avalaba la gestión del tripartito o lo derrocaba.

Y ahí es donde el crecimiento del PSOE se demuestra insuficiente y corto porque ha engrosado su lista de concejales (pasa de cuatro a siete) fagocitando a sus socios de gobierno. El Partido Riojano pierde dos de los tres con los que contaba, y Ganemos Haro queda fuera del salón de plenos por voluntad propia.

Es decir. De los diez ediles que respaldaron la vía promovida por PSOE, Ganemos Haro y PR+, y que en los primeros meses de la legislatura quedaron en nueve por la salida de la representante de Podemos, sólo ocho siguen conservando sus escaños. Frente a ellos, y después de haber defendido el mismo objetivo sin reparos, acabar con su gestión, forman nueve tras la irrupción de Ciudadanos y la consolidación del PP que, aun perdiendo uno de los siete concejales que tenía, cede tan sólo un centenar de votos a pesar de no contar con el liderazgo de un político con tanto arrastre social como Patricio Capellán.

Alberto Olarte salva, pues, los trastos en un contexto especialmente crítico para los 'populares' y Laura Rivado demuestra una capacidad de adaptación al medio encomiable.

Favorecida, seguramente, por el cambio de orientación del voto a nivel nacional, también es cierto que ha sabido mantenerse al margen de las interminables polémicas que iban generando sus socios de gobierno. Sólo en una ocasión medió públicamente, tratando de aplacar las críticas de la calle por el «colapso», aceptó en rueda de prensa, de las actuaciones urbanísticas de Redondo y salió trasquilada, porque ofreció un plazo de ejecución que ni siquiera existía, al haber sido concedido a la empresa mayor margen para la ejecución de la polémica obra.

No volvió a cometer más errores. La líder del PSOE dejó en manos de Javier Redondo y Leopoldo García la gestión de todos sus 'embrollos', primero aquel y en última instancia mucho más éste. Y ambos han encajado todos los golpes.

Banda de Música, apagones y falta de mantenimiento del alumbrado, retraso en las obras de los vestuarios de El Ferial con ampliación desmesurada del presupuesto, liquidación de ACCIRA, presión sobre colectivos locales, judicialización del caso ADE, falta de personal y medios en la Policía, polémica sobre el pliego de contratación del servicio de Turismo y despedida forzada de su responsable, entre muchos otros.

La alcaldesa se limitaba a aparecer en las notas de prensa remitidas por el gabinete de prensa, que se encargó de redactar su propio relato, y a incidir en tres mensajes de forma machacona: el Ayuntamiento situaba la deuda en mínimos históricos (se liquidará a fin de este año), reducía la presión fiscal y realizaba «una buena gestión». Era su aportación a un equipo de gobierno más que cuestionado.

Aunque había algo más. De su mano seguía mejorando la dotación del área de El Mazo, ya de por sí cómoda y accesible, con la inversión de nuevas instalaciones deportivas y hasta la cubrición de sus juegos infantiles, una estrategia determinante en el resultado electoral, según demuestra el recuento de cada una de las mesas de la ciudad.