La añada 2018 se supera a sí misma

Labores de vendimia en la campiña riojana durante el mes de octubre. /Rafa Gutiérrez
Labores de vendimia en la campiña riojana durante el mes de octubre. / Rafa Gutiérrez

La Enológica de Haro certifica al cierre de la campaña que los vinos de este año están bien estructurados, son sanos y estables, y presentan aromas limpios

ROBERTO RIVERA

El universo del vino se hace de cruces, en términos de generalidad. Especialmente después de lo sufrido en la comarca riojalteña el curso pasado. Porque a nadie se le olvida lo que sucedió entonces. Y el informe de la Estación Enológica, que certifica el cierre de una añada muy por encima de lo previsto inicialmente, parte precisamente de los antecedentes que se saben fundamentales a la hora de valorar en clave notablemente positiva la vendimia de este 2018.

A fin de cuentas, destaca de salida el equipo técnico del centro de Haro, «la cosecha anterior estuvo marcada por una fuerte helada cuya consecuencia principal fue una merma productiva importante» y ese hecho no hizo sino «condicionar el desarrollo fisiológico» de la viña y, al mismo tiempo, «la mentalidad del productor a la hora de preparar, o afrontar la cosecha» de este último curso.

Ese contexto, dominado por cierto nivel de escepticismo al arrancar la campaña, se vio agravado, incluso, por hechos puntuales que pusieron a prueba la capacidad de respuesta del sector. En principio por la «presión de plagas importantes», al detectarse focos de 'oídium' de junio a julio, producirse un ataque de 'mildeu' en julio y correrse el riesgo en agosto y septiembre de asistir a la proliferación de 'botrytis'. Y en buena medida porque el marco climático no siempre favoreció el desarrollo de las cepas. Hubo «lluvias anormalmente abundantes y continuadas» y hasta «precipitaciones de granizos» que, afortunadamente en ese caso, resultaron ser muy «localizadas».

Y, sin embargo, ninguno de esos factores asumidos como 'hándicaps' por el sector, impidieron que la vendimia mostrarse al final un panorama esperanzador. El número de racimos fue «abundante», el peso de la baya «importante», la maduración de la uva «más lenta que en años anteriores pero en fechas habituales» y correctas. Y todo ello repercutió favorablemente en la cata del grano, a pesar de advertirse en la estación «un retraso en la maduración fenólica». Y hasta de anunciarse un marco climático en Rioja Central, Alta y Alavesa, «cuando menos preocupante por las lluvias e incluso vendavales, con inquietante riesgo de Botrytis».

Así las cosas, los técnicos de la Denominación pusieron «en alerta máxima» a todos sus agentes «para la recepción de la uva en las bodegas», que recibieron el producto final de una vendimia «abundante y selectiva», por cuanto hubo posibilidad de elegir la uva de más calidad y de lenta recogida, en función de la evolución de la maduración, destaca el informe.

Y aunque el tamaño de la baya era «mayor de lo habitual» y presentaba «menor contenido en azúcares que en años anteriores, mayor contenido en ácido málico y acidez total, y menor pH», lo cierto es que los análisis de los vinos que pasaron por el centro de control jarrero definen los vinos de esta última añada con parámetros tan positivos como inesperados. Su calidad, reconocen los técnicos, es «mejor de la esperada con los datos previos que teníamos antes de la vendimia» y los vinos presentan «acideces volátiles moderadamente más bajas que las cosechas anteriores, con grado alcohólico adecuado pero menor que en la cosecha del 2017, de acidez total algo más alta y pH más bajo y con color e IPT buenos, aunque inferiores al 2017».

El resumen, pues, de este ejercicio tan complejo y estresante para el agricultor, fundamentalmente, y en buena medida también para los bodegueros, no puede resultar más halagüeño para la Denominación de Origen Rioja, a tenor de lo previsto y lo finalmente recibido en las tolvas del sector.

«Por los vinos catados hasta el momento», una vez completado todo el proceso de vinificación, «encontramos vinos muy sanos, estables, bien estructurados y de aromas limpios». Es la radiografía global que presenta en sociedad la Estación Enológica de Haro y, a la vista de las valoraciones realizadas por los enólogos de algunas de las firmas más significadas en la comarca jarrera, un síntoma de madurez para un sector que ha capeado con matrícula todos los imponderables que le han salido al cruce, y que no han sido pocos.

De la calificación final de su impresionante cosecha, se hablará en las próximas fechas desde el Consejo Regulador. Aunque también en ese apartado se aventura la llegada de buenas noticias para un ámbito que se recupera de la helada de 2017.

 

Fotos

Vídeos