Un nuevo libro descubrirá pasajes desconocidos de Ignacio Zuloaga

La familia Zuloaga marchó a París en el momento en el que se desató la Guerra Civil. /JOSÉ MARIA LÓPEZ
La familia Zuloaga marchó a París en el momento en el que se desató la Guerra Civil. / JOSÉ MARIA LÓPEZ

El artista aparece en la lista de opositores al régimen franquista que elaboró el alcalde de Zumaia en 1936

ALBERTO ECHALUCE

El 'Verdadero Ignacio Zuloaga', será el título del libro que recogerá artículos escritos por 21 especialistas que han realizado diferentes estudios sobre el pintor eibarrés, con motivo del 150 aniversario de su nacimiento que se conmemora el próximo 2020.

Dentro de los contenidos novedosos que aportará el libro figura que Zuloaga fue socialista hasta bien entrado 1937. Al iniciarse la sublevación en julio de 1936, se dirigió desde París a la frontera de Irun, en zona republicana, recogió a su hija, a su yerno y a su nieto que vivían en el edificio La Equitativa de San Sebastián, y se instalaron todos juntos en Zumaia. En agosto, cuando un destructor inglés se acercó a Zarautz para recoger a extranjeros y personas notables de la zona que se sentían inseguras, le ofrecieron a la familia Zuloaga partir; pero decidieron permanecer en Zumaia, según uno de los relatos que se publicará en el próximo libro.

Robo de sus cuadros

Pero con el paso de los meses su opinión comenzó a cambiar, a raíz del asesinato de algunas personas conocidas del municipio zumaiarra por parte de incontrolados, y al enterarse del robo del cuadro de El Greco, denominado 'San Francisco recibiendo los estigmas', que tenía depositado en un caja fuerte del Banco Guipuzcoano de San Sebastián durante la retirada republicana. También tuvo conocimiento del robo de todos los cuadros que tenía en su estudio de La Vistillas en Madrid -algunos de esos cuadros viajarían en el célebre yate Vita a Méjico en 1939-. No obstante, el artista eibarrés se mantuvo callado a pesar de los requerimientos franquistas, algunos hechos desde Radio Sevilla por Queipo de Llano, que en invierno de 1937 llegó a decir que «los rojos habían matado a Zuloaga, a pesar de que el artista estaba en Zumaia, en zona sublevada».

Incluso, recientemente se publicó en un medio digital de Zumaia la lista de personas que el alcalde franquista del municipio costero señaló como opositores al régimen en octubre de 1936. Al final de la lista aparece Ignacio Zuloaga y su yerno Enrique Suárez. El original de este listado se encuentra depositado en el Center for Basque Studies de Reno, Universidad de Nevada.

La quema de Eibar

Otro ejemplo que refleja su carácter de izquierdas está en el incendio intencionado de su casa Kontadorekua durante las últimas horas del control republicano del pueblo. Sobre la quema de Eibar han existido diferentes versiones. El historiador Jesús Gutiérrez habla en su libro 'La Guerra Civil en Eibar' que tras un fatal bombardeo siguió una quema de las casas por parte de las tropas vencidas, para que no quedara rastro.

Y aunque la casa la habían vendido los Zuloaga en 1910 a un empresario de Eibar, por lo que su quema no era un acto contra Ignacio Zuloaga, cuando este último vio su pueblo arrasado, algunos vecinos derechistas que no se quisieron marchar le dijeron que sus amigos socialistas habían quemado su casa natal y el resto del pueblo.

No obstante, Zuloaga tuvo el célebre gesto suyo en Zumaia, cuando le dijo a su perro que «quisiera ser perro para no ser persona, porque han sido personas las que han destruido mi pueblo», frase que fue recogida por un periodista italiano que le acompañó en su visita a Eibar. Este artículo en italiano está depositada en la casa de los Zuloaga en Santiago Etxea.

Con la llegada de la guerra, la familia Zuloaga se marchó a París, donde permaneció a lo largo de la contienda. Se da la circunstancia que Ignacio fue uno de los primeros nombramientos que hizo el Gobierno republicano, pues aunque vivía en París, el doctor Marañón decía que necesitaban su nombre para que respaldase internacionalmente al nuevo régimen, siendo nombrado presidente del Museo de Arte Moderno.

En el propio libro de Arozamena, se cuenta como Ignacio Zuloaga fue toda su vida un «eibarrés radical», le causaba tal dolor ver su ciudad destruida que nunca volvió a recorrer sus calles. Y cuando quedaba con el tenor 'Asti', que por entonces era sereno, le recogía a las afueras del pueblo, y subían en coche hasta Arrate, donde el artista restauraba las pinturas que le regaló al pueblo, mientras que 'Asti' le contaba cosas de Eibar. «Ignacio jamás pudo sobreponerse al horror que le causó la segunda destrucción de Eibar», se refleja en uno de los artículos del pintor.