«No es el juego de los 7 errores, pero sí hay una comparación de lenguajes»

José Ibarrola ante un descendimiento en el que desaparecen los símbolos religiosos habituales en el Quattrocento. /Félix Morquecho
José Ibarrola ante un descendimiento en el que desaparecen los símbolos religiosos habituales en el Quattrocento. / Félix Morquecho

La exposición 'Cuestión de tiempo' llega a su clausura el próximo fin de semana en la casa de cultura Portalea

FÉLIX MORQUECHO

Más de un visitante se ha llevado una sorpresa al encontrarse con la obra de José Ibarrola en Portalea. ‘Cuestión de tiempo’ recoge una interpretación personal sobre algunas obras icónicas y otras menos conocidas del Quattrocento. Pintura y escultura le han servido para destacar la influencia de uno de los periodos más revolucionarios de la historia del arte. La exposición se puede visitar en Portalea hasta el domingo.

-Este proyecto se pudo ver en la sala Rekalde en el año 2016.

-Así es, aquí hay algunas obras menos pero también hay alguna pieza que no estuvo allí. No es una exposición al uso, es una muestra muy temática, algo muy cerrado. De hecho esto es un paréntesis en mi vida profesional.

-Es una mirada a un periodo muy concreto de la historia del arte.

-Quería acercarme al Quattrocento por muchas razones, pero también salir de ahí porque podría quedarme encerrado eternamente. Por eso quería exponer esta obra en conjunto porque es un proyecto en el que cada obra tiene entidad propia, pero es interesante verlo en conjunto.

-¿No da reparo meterse con imágenes tan icónicas?

-Lo primero que hice fue quitarme ese complejo. Lógicamente piensas que es una osadía corregir, dicho entre comillas, a Botticelli, a Leonardo o a Van der Weyden. No se trata de hacer una corrección. Yo he llegado a ellos con mucha humildad y sobre todo con un deseo de entenderlos y querer mirarlos desde la contemporaneidad. Las obras de arte no son solo un documento histórico. El público es el último artífice de la obra de arte, es el que la lee de alguna manera. El público de hoy no tiene nada que ver con el público del Quattrocento. Por eso hoy en día leemos esa obra de una manera muy diferente a aquella época. Yo reivindico la pintura y reivindico la escultura, cosas que ahora están demodé. Hay tendencias en el arte contemporáneo que van hacia el no objeto, pero que curiosamente son las artes académicas en este momento. Yo soy anti-academicista en ese sentido. Hemos vivido un siglo de arte muy convulso, la apertura de infinidad de puertas, algunas de ellas no conducen a nada y otras sí, y no digo que esto sea una reflexión universal aplicable a todo el mundo pero yo me he querido tomar mi tiempo para pensar qué somos, por qué hacemos este tipo de cosas, y situarlo en un contexto histórico. Me he centrado en un periodo de una riqueza cultural apabullante, de una transformación fundamental en el mundo del arte, como podría haber sido el siglo XX, y a partir de esa reflexión quiero proponer una experiencia estética. Es lo que me sigue interesando porque no creo que el arte pueda prescindir del público.

-Hoy en día el público no tiene nada que ver con el de los años mil cuatrocientos y pico. ¿Qué respuesta se encuentra ante su obra?

-He de reconocer que la respuesta ha sido muy positiva, la gente disfruta de la exposición y eso, para mí, es el primer triunfo. Estoy harto de ir a las exposiciones con la sensación de que tienes que ir cariacontecido, a ver algo duro, difícil, que tienes que haber estudiado mucho... Eso está ocurriendo y sin embargo en esta exposición estoy viendo mucho disfrute. El público reconoce una manera de hacer, reconocen el juego y participan muy bien. No es el juego de los siete errores, pero sí hay una interrelación y una comparación de lenguajes, de estilos, de maneras y de tiempos.

-El tema religioso es una constante.

-Yo no soy creyente, pero sí creo en hechos trascendentales en tu propia vida, en la especie humana. Por eso veo que, despojado del símbolo queda el hombre, el individuo, el ciudadano. Eso tiene una lectura muy clara. Una vez que te quitan del símbolo, de la cruz, ¿qué queda? El carácter simbólico es efímero y solo queda el dolor. Eso a mí me motiva. De hecho no hay un solo símbolo religioso en toda la exposición frente a una época en la que aparecían constantemente.

-Es una exposición con técnicas que no son vanguardia. ¿Qué camino ha seguido?

-Tienden a catalogar, estás en una casilla o en la siguiente, ¿pintor o escultor? ¿progre o facha? La realidad es zigzagueante y mi trabajo también lo es. En la época del Quattrocento los artistas no eran artistas, eran gremios de artesanos. Los llamaban artífices politécnicos y no estaban muy delimitados, lo mismo hacían una escultura que el diseño de un parque público, eran arquitectos... Hoy en día te puedes definir como artista, pero no basta. ¿Artista del cuplé, artista del balón, escultor, pintor? Yo práctico distintas técnicas y me gustan todas, me gusta el dibujo, la escultura, el color, la textura, el diseño... me niego a que me marquen un terreno por el que tenga que ir.

-¿Qué tal es el encaje de su obra en una sala como esta?

-Es complejo, no es un rectángulo. Hay mucho hueco y mi obra es muy variada por una razón. He querido hacer mi obra al mismo tamaño que el original en el que se basaba. Quizás algunas que son muy pequeñas las he ampliado pero la mayoría está al tamaño original. Eso da una exposición con muchos tamaños, y lo hace más difícil todavía. Pero al mismo tiempo la dificultad de esta sala es un reto, y creo que he conseguido encajar las piezas, estoy satisfecho con lo que estoy viendo.

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