La industria de Eibar se edificó en cuatro años

El arquitecto Raimundo Alberdi se encargó #de proyectar estos inmuebles que acogieron a miles de operarios

ALBERTO ECHALUCE

Tras los bombardeos de abril de 1937 Eibar quedó totalmente destruida, pero pocos meses después, en 1938, comenzó la construcción de muchísimos talleres y fábricas para devolver a Eibar su capacidad productiva. En cuatro años, desde 1938 a 1942, la villa armera fue testigo del desarrollo de una arquitectura industrial sin parangón en una ciudad de pequeñas dimensiones. En total se construyeron 32 inmuebles en el sorprendente plazo de cuatro años. A partir de ahí, estos proyectos marcaron un antes y un después en la arquitectura y el urbanismo de Eibar, reflejo del nuevo periodo industrial.

La gran mayoría de estos edificios fueron proyectados por el arquitecto municipal Raimundo Alberdi y Abaunza, que con una gran libertad y empleando un estilo vanguardista, diseñó edificios notables que fueran el reflejo de la modernidad de las propias empresas. «Con todas las dificultades de la guerra fueron capaces de construir un buen número de empresas en muy poco tiempo», explicaba Marina Barrena, directora del Museo de la Industria Armera, afanada ayer en la preparación de esta muestra. Esta exposición contará con las maquetas, correspondientes a las mencionadas firmas, bajo diseño del pintor Martín Azpilikueta, hijo de José Antonio.

La muestra se abre en Portalea, mañana jueves 25 de abril y permanecerá hasta el día 2 de junio. Abordará la reconstrucción de la red industrial eibarresa, en aquellos difíciles años y además en guerra. Su objetivo es servir de homenaje a todos aquellos industriales que tras la destrucción de la ciudad siguieron trabajando y no dejaron que Eibar perdiera su capacidad productiva.

Según el alcalde, Miguel de los Toyos, «en tiempos difíciles, y fieles al espíritu eibarrés, los industriales superaron las adversidades y fueron capaces de regenerar sus empresas reconstruyendo sus infraestructuras adelantándonos incluso a la iniciativa estatal».

Ciudad-Taller

Así, sin un plan urbanístico definido, brotó una importante cantidad de talleres diversos en su tipo productivo, calidades o tamaños. Algunos fueron grandes estructuras, otros de tamaño medio, y también hubo pequeñas empresas que crecieron de manera exponencial. Este empuje industrial, unido a los condicionantes orográficos, provocaron un paisaje y un modelo de ciudad-taller único, caracterizado por la mezcla de usos y la aparición de soluciones innovadoras, por la imperiosa necesidad del trabajo ('biharra').

Junto a ello, De los Toyos mostraba que «es indiscutible que nuestro carácter eibarrés es inherente a su industria, siendo estos talleres testigos mudos de nuestro pasado, e inspiración para el futuro, pero también ejemplo», señala el regidor eibarrés.

En Eibar las pérdidas económicas provocadas por la guerra fueron cuantiosas, pero la necesidad de seguir produciendo aceleró la construcción de nuevas fábricas y talleres.

Los industriales supieron aprovechar la política de exención de impuestos municipales destinada a los particulares o empresas damnificadas por la guerra, siempre que justificaran su adhesión al régimen en el poder. Paralelamente se establece una línea de crédito que hizo posible la reconstrucción de muchos inmuebles e impulsó la puesta en marcha de fábricas y negocios.

Los planos de los inmuebles muestran cómo el empresario montaba abajo el taller y arriba su vivienda. Otras actuaciones realizadas sobre Aya, hoy Portalea, o Leonardo Azpiri están dejando escapar su característica diferenciadora de estar ubicados sobre antiguas fábricas, pero su gran volumetría permiten aproximarnos a lo que era Eibar: una Ciudad-Taller.

La exposición se verá acompañada de un libro explicativo de cada empresa protagonista, incluso con imágenes aéreas de los bombardeos que asolaron la antigua villa.

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