«El impresionismo llegó a España por los primeros cuadros de Zuloaga»

Fotografía del retrato del conde de Montealegre. /ECHALUCE
Fotografía del retrato del conde de Montealegre. / ECHALUCE

Tres conferencias impartidas por Mikel Lertxundi y Javier Novo, en el Bellas Artes de Bilbao, permiten conocer más aspectos de Zuloaga

A.E.

Tres conferencias impartidas en el Museo Bellas Artes de Bilbao sobre la vida y obra de Zuloaga han permitido conocer muchos aspectos del pintor eibarrés. Los ponentes de las charlas, Mikel Lertxundi y Javier Novo, comisarios de la exposición y a su vez autores del catálogo de la muestra, indicaron que «los Zuloaga fueron los introductores del impresionismo en España, una época en la que era poco más que marginal esta corriente artística en nuestro país».

Zuloaga había llegado a París en 1890 y se había integrado en la sociedad La Palette, uno de los muchos centros libres que permitían a los aspirantes de artistas practicar la copia del modelo y contar con las correcciones y consejos de unos, más o menos, reconocidos pintores locales. Allí conoció a Gervex, Humbert, Carrièrre, Ramón Casas, Rusiñol y Maxime Dethomas, su futuro cuñado y una de las personas que le introdujeron en los círculos renovadores, en los que trataría a Degas, Toulouse-Lautrec o Gaugin. «Esta academia fue determinante, más que para lo estrictamente formativo, para la conformación de un entorno enriquecedor que fue moldeando al joven Zuloaga», señaló Javier Novo en su conferencia.

Es aquí también en 1890, en su paso por París, cuando se forjan cuadros como 'El Vagabundo' o 'Un barrendero', 'Barrendero leyendo', que reflejan la influencia de las corrientes francesas. La amistad con Casas y Rusiñol le permitió avanzar en la apuesta naturalista que le llevó a participar en proyectos conjuntos. Más tarde cuadros como 'Une parisienne', 'Por la mañana', 'Un barrendero', 'Claustro de Rouen', 'Estudio de cabeza' y 'Frente al Moling Rouge' compusieron una buena representación que «no fueron debidamente recompensados por la crítica», dijo Novo.

En el catálogo editado por Lertxundi y Novo se recogen unas palabras del pintor Rusiñol en el que se indicaba que «Zuloaga llega a París influido de lo malo de la moderna escuela española, con todo lo que había visto y la guardarropía de una pintura de trajes desteñidos y sudados»

Todo ello hizo que cuando Zuloaga regresara de París a Eibar, a su casa de Kontaderokua -edificio que se ubicaba en la hoy Ibarkurutze, número 2-, e hiciera una defensa a ultranza del arte renovador. Así, a comienzos de septiembre de 1891, el ministro de la Guerra, en una visita a la industria armera de Soraluze y Eibar, pudo conocer las explicaciones de Plácido, padre del pintor, que le enseñaba unos bocetos y cuadritos diciéndole, con orgullo «esto es la escuela impresionista, la última palabra del arte moderno», con lo que demostraba, el padre también, una rápida implicación con los postulados de su hijo.

En este sentido, el comisario de la muestra bilbaína, Novo, dijo en la conferencia que «fueron los Zuloaga los primeros defensores y creadores de este arte, en nuestro país». Por ello también, esta primera época parisina de Zuloaga ocupa un apartado en la muestra abierta en el Museo Bellas Artes. Justo a la entrada de la exposición se da a conocer la primera etapa del pintor eibarrés, en París de entreguerras, impregnado de la ebullición artística en la que seguían imperando el impresionismo y todos los estilos derivados de éste.

La exposición muestra algunas de las obras más conseguidas de esa etapa del artista en la que se centra en su etapa francesa, por más que su estancia en París fuera intermitente, pues eran continuos sus viajes al País Vasco, Sevilla y Segovia. Destaca también el 'Retrato de Valentine Dethomas' (1895), quien sería luego su esposa e introductora en los círculos artísticos de París, y el extraordinario 'Retrato de la condesa Mathieu de Noailles' (1913), personaje célebre de la época. «Viendo estas obras, la sensación es que Zuloaga pudo llegar a ser un miembro señalado de los simbolistas, de los nabis o del movimiento sintetista, pero no lo fue. París no le insufló un ápice del aire lúdico del arte moderno. No hubo ni entonces ni después un Zuloaga moderno ni precursor de la modernidad».

Después vendrían otras épocas en su fecunda carrera como pintor en el que su llegada a Segovia produce unos nuevos derroteros plásticos y conceptuales de vanguardia.