El castellano eibarrés, muy rico y variado

Castor Garate posa con el libro 'Lexicón del castellano eibarrés'. /A. E.
Castor Garate posa con el libro 'Lexicón del castellano eibarrés'. / A. E.

Castor Garate publica un libro con cerca de 330 vocablos del 'erdera' que sólo se utilizan en Eibar y en su entorno

ALBERTO ECHALUCEEIBAR

El exconsejero de Política Territorial, Transportes y Turismo del Gobierno Vasco e ingeniero de Puertos y Caminos, Castor Garate, ha publicado un libro, con el título 'Lexicón del castellano eibarrés', compuesto de un largo listado de palabras que se emplean en Eibar y su entorno.

Aunque, tal como señala Garate, se ha escrito mucho sobre el euskera eibarrés y sus peculiaridades, con obras como las de Toribio Etxebarria y escritos de Juan San Martín, Imanol Laspiur, Serafín Basauri y otros, el castellano eibarrés también tiene una característica, con unos vocablos que, de inmediato, permiten conocer la procedencia de quien los utiliza. «Con las conversaciones con mis amigos recopilé 200 y en la útima época 130 más. Incluso cuando llegó el libro a la imprenta pude sumar alguno más a última hora», decía sonriente Garate.

De hecho, la portada del libro -puesto a la venta en Librería Yraolagoitia-, aparece la figura de un pan pistola, pan en forma de ojal, para hacer sopa, que con una alta proporción de corteza se compra en panaderías, y que en otras zonas recibe el nombre de 'sopako'.

El caso es que de la lectura del libro siempre surge una sonrisa sobre cualquier viejo recuerdo o de un pasado divertido con el vocablo empleado. Garate señalaba que «no eres consciente hasta que no sales fuera de Eibar de que hablamos con unos vocablos que no son comunes en otros sitios. Yo he tratado con el libro que todas esas palabras, muchas de ellas muy divertidas, como bonitamente, enorme pero,tiragomas... sigan perpetuándose y no se pierdan con el tiempo».

Muchos de los términos recogidos en este trabajo son palabras tomadas directamente del euskera, otras son usos particulares de palabras castellanas que, con el paso del tiempo, han quedado impregnadas en el habla. «No somos los únicos que tenemos un vocabulario peculiar; otras localidades también tienen su habla característica». De esta manera Garate fue recopilando vocablos y los fue publicando en la revista Eibar, con su correspondiente significado.

A partir de conversaciones

No obstante, todo comenzó con una conversación mantenida entre el autor y el médico eibarrés, afincado en Bilbao, José María Faus y su esposa Cristina Iriondo, en verano del 2003. «Coincidimos en el asombro que muchas veces nos había causado, fuera de Eibar, usar palabras que para nosotros eran lo más normal». A partir de aquí, Garate fue publicando hasta 8 artículos diferentes en la Revista Eibar, entre 2004 y 2013, con los vocablos nuevos que iba conociendo, oyendo o que le proponían otros amigos.

En el libro se recogen vocablos no exentos de polémica como langostino, utilizado en Eibar para denominar a la cigala, y que el naturalista bilbaíno Roberto Lotina también comentaba que en los puertos franceses y en el mismo Ondarroa se llamaba de la misma forma que en nuestro habla. Otra expresión, muy utilizada en Eibar, aunque también en otras zonas de Euskadi, era la de culeros, para denominar a la prenda de la mujer llamada en muchos lugares bragas que «inicialmente procedía de otra masculina, bajo la antigua expresión un hombre bragado», señalaba Garate. A partir del conocimiento que los eibarreses iban obteniendo de esta peculiaridad del habla, el autor fue conociendo más palabras, gracias a las aportaciones que le fueron dando amplitud de fuentes.

Muchas aportaciones

Entre ellas recuerda las que le comentaron Iñaki Mayora, Luis Alberto Aranberri 'Amatiño', o por carta, Carmen Guisasola. Por su parte, Elizabete Muñozguren recordó el término cholot, cazo que se utilizaba para sacar el agua, del depósito de forma rectangular. Otro tanto ocurrió con la palabra can (saque de puerta en el fútbol) que fue comentada por Javier Iriondo. Enrique Vidarte aportó con la palabra barriquetas, de 'barriketa', charla o murmuración. «Me recordaba Vidarte que está palabra aparecía en el diario de Cristobal Colón, cuando señalaba que los marineros estaban haciendo barriquetas» . También llegaron otras de Ángel Jauregibarria, Eugenio Argarate, Carlos Charola, Carmen Retenaga, Maribel Lasa, Ignacio Anitua o Jorge Agirrebeña.

De la mano de Enrique Treviño le llegó la palabra putz, balón de aire, que en su día fue una revolución al sustituir a las antiguas pelotas de trapo. Isabel López de Gereñu, por su parte, le recordó la palabra presto, conocida como la olla a presión de cocinar.

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