La bicicleta que caminaba sola

Dieciséis Velosolex, muchas fabricadas en Eibar, se expondrán en el Museo de la Industria Armera a partir del jueves. /ASKASIBAR
Dieciséis Velosolex, muchas fabricadas en Eibar, se expondrán en el Museo de la Industria Armera a partir del jueves. / ASKASIBAR

El Museo de la Industria Armera abre una muestra de Velosolex que fabricó Eibar

A. E.

El Museo de la Industria Armera abre el próximo jueves, a las 19.00 horas, la muestra 'Velomotores Eibarreses', una exposición que dará a conocer la importante aportación de la industria local en la fabricación de este vehículo. Así se expondrán dieciséis velomotores de las firmas Garate, Anitua, Zabala, Motobic, Orbea, BH, Honda, Lambrettas, entre otras.

En la presentación se ha invitado a participar al ingeniero Garagorri que dirigió, desde la empresa Lambretta, el diseño de estos vehículos. Garagorri se desplazará desde Aranda de Duero, municipio burgalés donde reside, hasta Eibar para participar en este evento y hablar sobre su trabajo, en aquella firma desaparecida.

Por otro lado, en la presentación también se contará con la presencia de antiguos trabajadores de la Lambretta como Angel Trebiño, Javier Etxekopar, Eduardo Carrera y Enrique Mugarza. El diccionario considera velomotor a la bicicleta provista de un pequeño motor. Este producto, emblemático de los años 60 se le podía considerar precursor de las actuales bicicletas eléctricas.

Dos franceses, Maurice Goudard y Marcel Mennensson, quienes en 1941 tuvieron la idea de incorporar sobre la rueda delantera de una bicicleta un pequeño motor de dos tiempos de 38cc, que transmitía la potencia directamente al neumático por fricción. De esta manera, se dio como resultado la primera Velosolex, aunque no será hasta 1946 cuando este curioso artefacto se puso a disposición del público.

Éxito asegurado

Era un momento en que la economía europea padecía los efectos de la segunda guerra mundial. Usuarios de bicicletas sintieron especial atracción por un medio de transporte económico y con los mínimos gastos de mantenimiento. De ahí, que el éxito de la Velosolex estaba asegurado. Según el libro de Carmelo Urdangarin, 'Oficios tradicionales', entre 1941 y 1981, se comercializaron más de 5 millones de unidades en todos los rincones del planeta, llegando a los 8 millones en 1988. De esta manera, se abrieron fábricas en Francia, Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos e incluso Japón y aparecieron más de mil puntos de venta y mantenimiento por todo el mundo.

En nuestro ámbito, fue la firma Orbea quién la introdujo en 1957 y después todos los fabricantes de bicicletas hicieron lo propio. Orbea se había puesto en contacto, en 1956, con la empresa Solex Francesa para la fabricación bajo licencia de la VeloSolex 1100. La dirección de Orbea, empresa en la que trabajó Urdangarín, se acercó a la planta de Solex situada en la ciudad de Courveboie cerca de París para visitar las instalaciones y cerrar el contrato. No obstante, eran fechas complicadas, con conflictos laborales habituales, «de manera que los representantes de Orbea fueron recibidos por los trabajadores de Solex con hostilidad en su entrada a la fábrica, incluso había quien recibía algún escupitajo de un sindicalista dirigido a los que consideraban representantes del capital», recogía Urdangarin.

Junto a ello, una vez firmado el acuerdo no resultó nada sencillo poner a punto la fabricación del modelo 1100. Hay que tener en cuenta que pasar del plano a la realidad exigía un conocimiento y un dominio de procesos desconocidos en Orbea del año 1956.

Según una investigación realizada por Urdangarin, «resultaba necesario pasar a través de Hendaya y por contrabando a través de los montes, algunas piezas significativas de difícil ejecución, como el motor y el cuadro de la bicicleta para ir avanzando poco a poco en la industrialización del ciclomotor». La definitiva industrialización completa de la VeloSolex no llegó hasta que se desplazó a las instalaciones de Orbea Monsieur Wilson, un ingeniero francés de Solex que puso a punto la ingeniería y completa la formación de los técnicos para la fabricación en Eibar de modelo en 1957.

Alta facturación

La VeloSolex se fabricó en Orbea desde 1957 hasta 1968, con altas cifras de facturación. En 1960 los ingresos correspondientse a VeloSolex fueron de 14.224.425 pesetas sobre un total de 82 millones de pesetas de facturación. El año 1963 fue el año record en cuanto a la facturación con 23.999.918 pesetas, decayendo las ventas poco a poco hasta que el año 1967 el negocio VeloSolex registró unas ventas de tan sólo 5.906.873 pesetas de los 118 millones del total de facturación de Orbea, según se recoge en 'Oficios Tradicionales'.

El slogan más utilizado, en la publicidad, era curiosamente: 'La bicicleta que camina sola' y 'El ciclomotor más barato del mundo', dando a conocer un producto innovador para la época y de consumo masivo. Pese a su rápida evolución desapareció en los años 80. La aparición de los nuevos ciclomotores y su rápida expansión en Europa hicieron que en 1988 salieran las últimas cien unidades en Francia.

En 1995 la VeloSolex intentó renacer en el continente europeo, con una nueva fábrica, esta vez en Hungría, en donde produjo el modelo S-3.800, que permanecía intacto en lo básico, pero con ciertas mejoras. Con un peso de 28,6 kilogramos y un motor de 49,9 cc, conseguía alcanzar una velocidad de 35 km/hora con 0.8 CV de potencia. Pero no consiguió recuperar el mercado perdido. Más tarde, en el año 2004, el Cibel Group, compró la marca Solex trazando un plan para rescatar el concepto original que dio éxito al legendario ciclomotor, con el objetivo de relanzar una versión contemporánea. Así, salió al mercado el nuevo 'e-solex' un ciclomotor que unía el estilo clásico del Solex y nuevos conceptos de estética y funcionalidad.

Temas

Eibar