El alcoholismo, un problema para la industria eibarresa de hace un siglo

Una reproducción de una antigua fábrica de Eibar con los obreros desempeñando sus oficios a principios del pasado siglo./
Una reproducción de una antigua fábrica de Eibar con los obreros desempeñando sus oficios a principios del pasado siglo.

En diciembre de 1916 se consumieron más de 90.000 litros de diferentes vinos

ALBERTO ECHALUCE

El libro de Niceto Muguruza, 'Nociones Generales de Higiene del Obrero Siderúrgico' refleja la preocupación que tenía, a principios del pasado siglo, sobre los altos índices de alcoholismo en Eibar. Según sus escritos, era «el caballo de batalla de la higiene social. Las raíces del vicio son tan hondas, y tan arraigadas están en la humanidad, que todas las cruzadas emprendidas hasta ahora han resultando poco menos que estériles».

Entre las causas esgrimidas subraya el hecho de que en la antigua villa existían un total de 50 establecimientos que expedían vinos y licores, «con un consumo elevado de bebidas, tanto fermentadas como destiladas, alcanzando elevadas cifras». Según los datos oficiales de diciembre de 1916, el consumo de vino común en Eibar alcanzaba los 83.662 litros ; el vino 'generoso' o dulce, 2.174 litros; el vino espumoso 1.466 litros; la sidra 5.442 litros; aguardientes, licores y aperitivos llegaban a los 13.148 litros, y a la cerveza a 4.492 litros.

La población de Eibar por aquellas fechas oscilaba entre los 13.000 y los 14.000 habitantes, con lo que si eliminamos para este tipo de consumos a los niños y gran parte de las mujeres, el estudio concluye que «la población bebedora era muy restringida para las cantidades tan elevadas» que se consumían por habitante y día.

En el propio trabajo de Muguruza, pionero en el estudio de enfermedades laborales, se recogía que en Gipuzkoa, el doctor Añibarro destacaba que existía una taberna por cada 32 vecinos. Por vía impositiva, la Diputación de Gipuzkoa recaudaba por derecho de consumo de bebidas alcohólicas, la cantidad aproximada de 12 millones de pesetas anuales. Para el médico Muguruza, «estas enormes cantidades y otras no menos enormes que supone el impuesto municipal y la adquisición de bebidas para su consumo mermaban la riqueza pública que representa el esfuerzo común de los habitantes».

Por ello Muguruza recopiló datos del doctor Laumonier, en el que se reflejaba como el gasto en bebidas no traía aparejadas ninguna mejora real, ni en alimentación, ni en el vestir, ni en la habitación, ni en otras condiciones de existencia.

Según un estudio realizado en Francia en la misma época, el presupuesto de un obrero cerrajero, soltero, alcohólico, que ganaba 7 francos al día y 2.100 francos al año (300 días de trabajo) contaba con un gasto en alcohol cotidiano de 448 francos, sumados a 28 días de juerga, sin paga, con otro gasto de 162 francos, sumados a 15 días de hospital por una caída sufrida a consecuencia de la embriaguez, 105 francos, junto a otros 60 francos más por gastos imputables a la embriaguez, sumaban: 772 en estos menesteres. Restados de los 2.100 francos le dejan una ganancia anual de 1.326, o sea 3,50 francos para alimentarse, vestirse y alojarse. «Todo ello traía días de indisposición y de pereza, así como un mayor número de accidentes de trabajo o enfermedades largas por la disminución de la capacidad para el trabajo».

Muguruza afirmaba que «el vicio del alcohol afectaba a todas las clases sociales, pero en el proletariado, es donde se producen más estragos, puesto que la estrechez económica en la que vive la familia obrera se vuelve en miseria cuando el cabeza familiar invierte gran parte de los ingresos en el abuso de bebidas alcohólicas». Asimismo, Muguruza, con una mente muy clara, aportó una relación de las enfermedades que causaba el alcoholismo. En lo que respecta al sistema digestivo apuntaba la gastritis simple y ulcerosa, la cirrosis del hígado, la peritonitis crónica y la diabetes pancreática. En el aparato circulatorio subrayaba la adiposis del corazón y la arterio-esclerosis. En el aspecto respiratorio estaban desde la langiritis, la predisposición a la pulmonía y en relación al sistema nervioso destacaba la esclerosis central y la meningitis alcohólica. Junto a ello, relacioba con alcoholismo subrayaba que tanto el suicidio como la criminalidad, se hacían más que evidentes. «En lo que se refiere a la locura, las estadísticas eran aterradoras. A principios de siglo XIX, la proporción de los alcohólicos recluidos en los manicomios se elevaba en un 20 % porque todas las formas de locura, desde las perturbaciones sensoriales, hasta la parálisis general y la locura epiléptica podían ser resultado», señalaba en la publicación editada por la Sociedad vasca de Medicina del Trabajo.

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