show

La playa de Sabinillas, en Málaga, donde los bañistas han presenciado cómo un helicóptero de la Policía Nacional perseguía en vuelo rasante a una lancha de narcos./
La playa de Sabinillas, en Málaga, donde los bañistas han presenciado cómo un helicóptero de la Policía Nacional perseguía en vuelo rasante a una lancha de narcos.
Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

La playa siempre ha tenido mucho de espectáculo. De espectáculo de circo. No en vano el escenario es de arena... Cuando vivía en la Villa Olímpica de Barcelona me encantaba pasear por la playa en invierno. Y siempre temía la llegada del calor porque aquel arenal mediterráneo de postal se convertía en una multitudinaria parrilla, un grasiento y antiestético tostadero con olor a aceite de coco, 'aftersún' y fritanga. Claro que luego viajé a Copacabana y descubrí que comparada con esa mítica playa carioca, las de Barcelona son de un refinamiento exquisito, casi elitista. Podría decirse que Copacabana es la ordinariez hecha playa. Pero cuando a ciertas horas se apodera de su atmósfera una peste a freidora requemada y las corrientes arrastran hasta sus aguas la inmundicia de la bahía de Guanabara entonces el espectáculo mejora, y es el momento de plantarse en la Avenida Atlántica a contemplar 'o desastre natural mais colorido do mundo' mientras paladeas un helado de 'Açaí'.

Durante mi infancia frecuenté playas del norte mucho más clasistas y recatadas. En algunas de ellas, la gente se dividía entre los que tenían toldo y los 'sin toldo', una especie de 'sin techo' en versión playera. En aquella época, para cambiarnos de traje de baño nos introducíamos debajo de lo que llamábamos el 'saco', un sayón de recia tela que se ajustaba al cuello mediante una goma y solo dejaba a la vista la cabeza, así que el único espectáculo posible era que a algún bañista le picara un salvario. Los gritos de dolor solían ser espeluznantes. Y la performance de los socorristas, impecable. Ya en la universidad, empecé a acudir a una playa nudista y recuerdo un verano en el que la principal atracción playera consistió en constatar empíricamente que la enorme napia de un compañero de clase no era ni con mucho el mayor de sus apéndices.

Pero el show debe continuar y la playa nunca defrauda. Hoy quizás haya menos erotismo, pero hay más efectos especiales. Y el Oscar es para... La playa de Sabinillas, en Málaga, donde los bañistas han podido presenciar en vivo y en directo cómo un helicóptero de la Policía Nacional perseguía en vuelo rasante a una lancha de narcos. Y es que donde esté la playa que se quite el cine... E incluso la tele.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos