El señor del zumba

Beto Pérez, ayer en la azotea de un hotel de Madrid, donde hoy tiene previsto ofrecer una clase magistral de zumba/José Ramón Ladra
Beto Pérez, ayer en la azotea de un hotel de Madrid, donde hoy tiene previsto ofrecer una clase magistral de zumba / José Ramón Ladra

Beto Pérez es el padre de la danza-deporte más popular. «Los traficantes me decían que no me dedicara a lo suyo»

ANTONIO PANIAGUA

Beto Pérez es una especie de Billy Elliot latino, el estereotipo de hombre que quiere ser bailarín y pone todo su empeño en conseguirlo. En realidad Pérez, de 49 años, es mucho más que eso, pues ha logrado que su invento, ese híbrido entre danza y ejercicio físico llamado zumba, sea todo un emporio millonario. Zumba Fitness, la empresa de la que es propietario con otros dos socios, está presente en 186 países, lo que casi significa que tiene una dimensión planetaria. Con una facturación cercana a los 500 millones de dólares, su compañía ha desbordado todas las previsiones de crecimiento.

Nacido en Cali (Colombia), Beto Pérez es un hombre atildado cuyos músculos están fraguados con incontables horas de trabajo en el gimnasio. Llega a la entrevista perfumado, sonriente y desplegando amabilidad. Está acostumbrado a apañárselas solo desde una edad temprana. A los 15 años su madre le dejó solo cuando se marchó a EE UU en busca de mejores oportunidades de vida. En una ciudad como Cali en la que muchos chicos como él acaban reclutados por el negocio del narco, él se afanó tenazmente para ser un bailón de discoteca sin tener la edad reglamentaria para acceder a este tipo de locales. «Me dejaban entrar a las discotecas porque yo prendía la fiesta. Era amigo de los traficantes, que me aconsejaban que no me dedicara a lo suyo. Una famosa modelo me vio y me dijo: quiero que vayas a mi academia. Me dio el teléfono y fui allí. Les enseñé a las modelos una coreografía y las puse a bailar. El dueño me ofreció trabajar en la escuela mientras ejercía de mensajero por la mañana», dice Beto.

De repente un despiste del que salió airoso le mostró el camino del éxito. En 1986, con apenas 16 años, daba clases de aerobic. En sus sesiones usaba canciones de Madonna, Michael Jackson y otras estrellas del pop. Un día se dejó por error el casete en casa, así que no se le ocurrió otra cosa que recurrir a una grabación que guardaba en el coche con muchos temas de salsa y merengue. Les dijo a sus alumnas que había planeado una clase especial y durante 60 minutos se inventó movimientos haciendo bailar a la concurrencia, a la que hizo sudar copiosamente. Todos se divirtieron mucho, el público se amplió y empezaron a formarse colas. Hoy el zumba lo practican entre 15 y 20 millones de personas gracias a que la empresa que capitanea se encarga de formar a instructores que adiestran a la gente en esta gimnasia llena e ritmo.

A los 25 años creyó llegado el momento de cumplir el sueño americano. Aterrizó en Miami, durmió al raso un par de noches en un parque y poco a poco se abrió paso en una ciudad hostil, en la que los latinos eran vistos como delincuentes.

Los tres Albertos

Una alumna le presentó a su hijo, Alberto Perlman, y éste a su amigo Alberto Aghion. Los tres Albertos no lo sabían, pero iban a comerse el mundo. Llegó el momento de ponerle nombre a la danza gimnástica. «En Colombia rumbear es sinónimo de fiesta. Yo llamaba a lo mío 'rumba'; para Colombia estaba bien, pero fuera la gente iba a estar confundida. En 2001 me senté con mi socio y nos dijimos: cambiemos el nombre. ¿Qué poner? Tunga, tonga, tinga cunga, conga, mango… hasta que él dijo: ¡Zumba!, con la zeta, me gustó pues a mí cuando era pequeño me gustaba mucho El Zorro».

Todo fue creciendo hasta desbordarse. Al principio formaron a 150 monitores, y un año después ya eran 700. En la actualidad los instructores capacitados para enseñar zumba suman 100.000 en todo el mundo. Es un buen negocio, pues para aprender los secretos de la ciencia zumbera hay que hacer un curso que cuesta 225 dólares. Beto Pérez es feliz pues su baile-deporte se ha revelado una magnífica herramienta para adelgazar y resulta útil para superar depresiones. «En EE UU hay muchas revistas especializadas sobre el tema y hay que demostrar los beneficios del ejercicio, todo se somete a estadísticas. A nosotros nos han tratado muy bien, nuestro fitness no acarrea lesiones».

Beto Pérez es un pionero en toda regla. Juntó dos mundos que estaban separados, la danza y el ejercicio físico, lo cual no siempre era bien comprendido. «Tenía que entrenar a escondidas de mi profesor de baile, quien no veía bien que desarrollara mucho músculo. Tampoco se entendía en el gimnasio donde hacías pesas, porque en ese ambiente bailar era equiparable a ser gay».

Hijo de madre soltera, Beto Pérez encarna un ejemplo de superación, hasta el punto de que su figura ha inspirado una serie de televisión. «Mi madre me retó, me dijo yo me voy a EE UU y si estudias, trabajas y me demuestras que puedes mantenerte solo te quedas aquí y sigues bailando. Como las series de mi país están llenas de narcos, al cónsul de Londres se le ocurrió mostrar a los héroes colombianos y que la gente dejara de una vez de alabar a Pablo Escobar», asegura Beto, quien hoy impartirá a un grupo de estudiantes madrileños del módulo de FP una clase magistral.