Joe Pérez Orive: «En ‘OT’ empecé de Darth Vader y acabé como Winnie the Pooh»

Joe Pérez Orive: «En ‘OT’ empecé de Darth Vader y acabé como Winnie the Pooh»
E. C.

«Mis trillizos al principio me decían: Jo, papá, eres más duro en la tele que en casa»

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Al final, resultó que el implacable juez de ‘OT’ vestido con la guerrera era un hombre de paz. Nacido hace 43 años en Madrid, Joe Pérez Orive se llamó Jose hasta que en su infancia en Nueva York le americanizaron el nombre. Tiene un grupo «por diversión». Es director de marketing de Live Nation, licenciado en Música por la Universidad de Berklee (Boston), experto en derechos de autor, abnegado padre de tres chavales que en Instagram se denominan ‘los trillizos superpower’... Y dice que, si una catástrofe mundial fuera a acabar con la música y solo pudiera rescatar una canción, «Salvaría a Frank Sinatra cantando My Way’».

A punto estuvo de ser otro Risto.

–Empecé fuerte porque mi misión era sacar lo mejor de estos chicos. Quise ser duro premeditadamente. Eran 16 y había que poner un poco de orden.

Sin embargo, acabó de madre abadesa.

–Es verdad, ja, ja, ja... Empecé de Darth Vader y acabé como Winnie the Pooh. Se me fue ablandando el corazón a medida que les fui conociendo más. Son auténticos y lo real enamora. Pasé de ser juez a guardián. Pero ese el verdadero Joe.

¿Ya es creíble esa falta de rivalidad entre los concursantes?

–Es lo que más me ha llamado la atención porque yo soy muy competitivo. No sé si será cosa de las nuevas generaciones. Pero mis ojos iban a lugares donde las cámaras no llegaban y solo encontré caras de entusiasmo y de apoyo de unos a otros. Como si no fuera un concurso. El compañerismo ha sido uno de los puntos mágicos del programa. Y yo me llevo para toda la vida este ejemplo de humanidad.

¿Lleva un músico frustrado en su interior?

–No, no. Yo sigo practicando la música a diario, como terapia incluso. Compongo canciones, tengo un grupo que se llama ‘Lonely Joe’, he sacado seis discos y he tocado mucho en directo.

¿Y no le frustra que otros triunfen tan rápido?

–Los que se frustran son los que se ponen una meta. Y yo nunca la tuve. De hecho, he disfrutado mucho la música en el lugar de ensayo que en un escenario.

Parece tímido.

–Me lo dice mucha gente, pero no. Lo que soy es muy tranquilo.

¿Aitana ha sido su debilidad?

–Lo mismo me han dicho de Miriam... No. Yo tenía debilidad por seis: los cinco finalistas más Agoney. Y después de ellos, Raúl y Cepeda, que también me encantan. Pero si yo tuviera una discográfica ficharía a esos primeros seis.

Pues a Amaia le dijo en la Gala Cero que cantaba como en misa...

–Y lo volvería a hacer. No me arrepiento. He revisado sus dos actuaciones de ‘Starman’ por responsabilidad, para saber por qué dije eso. Y si ves la primera y la última realmente son dos personas diferentes. Amaia entró un poco en el género de Marisol de niña y luego se ha ido soltando la melena. Cantó ‘Shake it out’ y empezó a despegar.

¿Habrá tenido algo que ver Alfred?

–Amaia se ha llevado tres premios. Uno, ha ganado OT. Dos, se va a Eurovisión y tres, se lleva a Alfred. Da gusto ver a alguien tan apasionado de una sola cosa, que es la música. Y cuántos desearíamos que nuestra pareja tuviera la misma pasión que nosotros por lo mismo. Esa casa en el futuro va a respirar música.

¿Sobrevivirá esa relación a la presión de la fama?

–Yo espero que no compitan, porque también eso va a se difícil de gestionar, pero estoy seguro de que de aquí a Eurovisión todo va a ir bien.

¿No es un poco ñoña la canción que llevan a Lisboa?

–A muchos se lo parece. Pero a mí me gusta, la encuentro muy verdadera. Ellos en el escenario desprenden verdad, son dos grandes músicos. Yo creo que van a triunfar. Ojalá ganen porque eso demostrará que la música hace justicia con quienes la interpretan con verdad.

¿Manda tanto Mónica Naranjo como parece?

–Yo me llevo un gratísimo recuerdo del jurado y voy a fomentar que nos sigamos viendo. Hemos discutido un montón y Mónica, sí, tiene un carácter visceral pero luego esconde una persona muy sensible y muy justa. Además, yo también soy de pronto malo. Tengo mi carácter. De repente hago click y me enfado.

No como Manuel Martos...

–Manuel tiene un carácter muy estable, una categoría envidiable, y un saber estar... Yo le decía, te tiro ahora una cazuela de agua hirviendo en los pies y ni te inmutas. Es un gran tipo, un señor.

¿Ricky y Mónica se hablan?

–Esa fue la parte más dura. Cuando el programa pasó al fanatismo y cada concursante tenía su legión de seguidores. Ahí empezó a notarse más el mundo redes. Pero Mónica sabe de esto desde hace muchos años. Se enfrentó un poco con él a través del programa. Pero son cosas que ocurren en el momento. El otro día estuvimos con Ricky y, sí, se hablan. El cariño y el respeto está ahí.

De Jose a Joe

¿Lo de Joe le viene de su paso por Berklee?

–Me viene de antes. Nací en Madrid en el 74. Mi padre es de Logroño y mi madre de El Ferrol. Pero cuando yo tenía seis años a mi padre lo trasladaron a Nueva York. Y allí en el cole me cambiaron el nombre. Desde entonces no he vuelto a ser Jose. Soy Joe. Lo cual me ha venido bien porque en el mundo del marketing mola más un Joe que un Jose.

Y en el mundo del rock and roll ni le cuento...

–Exactamente, je, je... Mi pelo largo viene de ahí, del rock and roll. Vengo de una familia muy centrada en el mundo jurídico y yo también tiré por ahí. Pero tenía una pasión, mis padres supieron verla y me dieron libertad. Desde joven mi trabajo siempre ha estado relacionado con la música y el marketing. Animo mucho a la gente que tiene una pasión como la música. Que no la repriman, para ser médicos o abogados. Yo sería una persona mucho más desgraciada si me dedicara a algo que no me gusta.

¿Su ‘look’ a lo Sargent Pepper es puro marketing?

–Para nada. Yo voy así por la calle. Cuando quería ser Jimmy Hendrix, uno de mis héroes, le vi con una casaca mejor que las de Sargent Pepper, no parecía un domador de leones. Luego en Londres encontré una parecida y empecé a coleccionarlas... Ya no me caben en el armario.

¿Cómo lleva lo de ser el padre de los trillizos ‘superpower’?

–Soy un padre apasionado. Ellos son mi motor. Tienen nueve años y les intento inculcar la música que me gusta a mí, pero no lo estoy consiguiendo. ‘OT’ no sé si lo han digerido del todo... Se iban a jugar a la ‘play’ en plena emisión. Al principio me decían: «Jo, papá, eres más duro en el concurso que en casa». Porque en casa, la única que se pone seria es mi señora. Yo reconozco que los malcrío.

¿Cuántos de sus otros chicos, los 16 concursantes, van a vivir de la música?

–Espero que al menos diez. Todos tienen un potencial tremendo. Y de los cinco finalistas espero que los cinco lleguen a estrellas. Desde luego yo voy a apoyarles. Quisiera que toda esa gente que ha demostrado tanto fanatismo ahora se gaste 15 euros en comprar sus discos.

Lo malo es que los productores los querrán cambiar.

–Eso ya es pasado. La pregunta ahora es qué quieres hacer, no a quién te quieres parecer. No vamos a salir mañana con Aitana como si fuera un plagio de Camila Cabello.

¿Recibirá Amaia clases de oratoria?

–Ella habla poco con palabras y mucho con la música. Pero es que antes en la música era más importante el envoltorio y ahora es el contenido, lo que llevan dentro. La música ya no es un producto, es un servicio.

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