El gurú Osho: sexo, meditación y Rolls Royce

El gurú Osho: sexo, meditación y Rolls Royce

Netflix estrena una serie documental sobre la comuna (y el lío) que montó en los 80 en Oregón, donde sus acólitos intoxicaron a 751 vecinos

ISABEL IBÁÑEZ

Teclee en Google la palabra Osho y obtendrá decenas de fotos de un hombre de edad indeterminada, larga barba y mirada penetrante, en actitud reflexiva y acompañado de frases que él, de nombre verdadero Chandra Mohan Jain (India, 1931-1990), pronunció. Máximas que lo mismo parecen inteligentes como huecas: «La pregunta real no es si la vida existe antes de la muerte; la pregunta real es si estás vivo antes de la muerte». «Dicen: piensa dos veces antes de saltar. Yo digo: salta primero y luego piensa todo lo que quieras». Pero hay cinismo, o al menos incoherencia, en decir que «el ego es el cáncer de lo interno, el cáncer del espíritu, y el único remedio es la meditación» si sale de la boca de un tipo, filósofo, que acumuló 93 Rolls Royce y un reloj de un millón de dólares predicando la espiritualidad y el amor libre (le apodaban el gurú del sexo). Vale que Gandhi también tiene fotos con frases, pero no coleccionaba descapotables.

Por esta contradicción podría parecer difícil que alguien creyera a pies juntillas sus proclamas, pero fueron miles las personas que le siguieron como a un enviado divino. Incluso en la actualidad, pese a que lleva 28 años muerto, millones en todo el mundo hacen suyas sus enseñanzas y se reúnen para practicarlas. Su extravagante historia no es muy conocida, ni siquiera demasiado recordada en Estados Unidos, donde tuvieron la fortuna o la desdicha, según a quién se pregunte, de tenerle como vecino; es el caso del pueblo de The Dalles, en el condado de Wasco, Oregón, en la Norteamérica profunda de los ochenta. Netflix recupera ahora aquello con la serie documental 'Wild, Wild Country' (Un país salvaje, salvaje).

Osho -así se autobautizó, aunque también le llamaban Bhagwan Shree Rajneesh- fundó su primera comuna en Pune, India, en 1974, pero pronto sus particulares opiniones sobre la vida, incluyendo sus críticas a 'vacas sagradas' como Gandhi, al 'establishment' y a los cultos mayoritarios empezaron a generar recelos. Sin embargo, su estilo cuajaba y pronto se hizo difícil gestionar los 30.000 seguidores de la comuna, la mayoría residentes y muchos, estadounidenses y europeos.

1. La secretaria, Sheela, junto a su amado líder. 2. Con uno de sus Rolls. Saludaba desde dentro a sus seguidores, apostados en la carretera. 3. Osho, en acción.

La fiel secretaria de Osho, Ma Anand Sheela, una mujer menuda que no llegaba al metro y medio -pero menuda mujer-, escribió esto en su libro de memorias ('No lo maten'): «Los frecuentes resfriados e infecciones febriles estaban constantemente presentes. Todo fue poco saludable. Y como los sannyasins (miembros de la comuna) vivían su sexualidad con libertad, las enfermedades de transmisión sexual se convirtieron en un gran problema. Rastrear los contactos sexuales era imposible. Algunos tenían 90 con personas diferentes en un mes. Me pregunté dónde, después de un ajetreado día de trabajo, encontraron el tiempo y la energía para tanto sexo. Le pregunté a uno, que, riendo, me dijo que tenía tres distintos por día: antes del desayuno, después del almuerzo y tras la cena».

Por estas y otras adversidades, y por su creciente fama entre los occidentales, Osho decidió instalarse en 1981 en Oregón, comprando por casi seis millones de dólares -con la ayuda de su secretaria y su acaudalado marido- un rancho de 260 kilómetros cuadrados. Lo que sucedió después parece más ficción que realidad. Los autores del documental, los hermanos Chapman y Maclain Way, desconocían este capítulo de su país y, entusiasmados, se lanzaron a contarlo. Hablaron con exintegrantes de la comuna ochentera y también con vecinos que se enfrentaron a aquella amenaza naranja. Naranja por las ropas que vestían y amenaza por las metralletas y pistolas que portaba su 'fuerza de paz'.

Carpas en la comuna de Oregón para proteger a los acólitos del Sol.
Carpas en la comuna de Oregón para proteger a los acólitos del Sol.

Pero el testimonio más potente es el de la secretaria de Osho, que sigue viva trabajando en Suiza, gestionando dos hogares para personas con problemas mentales. Le conoció con 16 años. Osho le abrió los brazos, la miró a los ojos y le dijo: «Estás enamorada de mí y yo estoy enamorado de ti». Y hay que reconocerle poder de convicción, el que con un anzuelo tan facilón hiciera de Sheela una incondicional que se ocupaba de conseguir los Rolls Royce gracias a los acólitos millonarios que captaban.

La comuna de Oregón fue creciendo, hasta 7.000 individuos entregados a la meditación, el sexo y la gestión del 'poblado', claro. Eran vistos con recelo en los pueblos por sus costumbres y por el uso que hacían de las tierras. Y empezaron los enfrentamientos. Aquí aparece de nuevo Sheela, que ha quedado para la posteridad como la responsable de lo que el Gobierno de EE UU definió como el primer ataque bioterrorista de su historia, la intoxicación intencionada de 751 vecinos de The Dalles, que enfermaron de salmonelosis. Adulteraron las ensaladas de diez restaurantes y, aunque no murió nadie, 45 personas fueron hospitalizadas. La secretaria fue declarada uno de los culpables de aquel delito y sentenciada a veinte años de cárcel, de los que cumplió solo dos.

La comuna trajo en autobuses a 2.000 personas sin hogar para que votaran por sus candidatos

Marilyn Roth era editora del periódico 'The Dalles Chronicle' cuando todo parecía a punto de estallar: «Recuerdo conducir a la comuna para una entrevista escoltada por guardias que portaban ametralladoras; fue una época de gran temor». Rememora cómo la ira hacia aquellos extraños aumentó tras las intoxicaciones. «Hubo que pensar en cómo proteger a los miembros del culto en un ambiente tan hostil».

Pero el hecho más curioso se produjo cuando intentaron hacerse con el gobierno municipal; trajeron a unas 2.000 personas sin hogar en autobuses para que, tras registrarlos en el censo, votaran por sus candidatos. La población local se volcó en las urnas para vencerlos. Finalmente, EE UU decidió deportar a Osho, que, tras ser rechazado por varios países, volvió a Pune, donde vivió hasta su muerte, con 58 años.

Festivales osho hoy día

El español Luis Martín-Santos es agente literario e instructor de la meditación osho. Se muestra «sorprendido» por el interés que la serie de Netflix ha despertado y, aunque reconoce que trata de ofrecer «una presentación equilibrada», cree que incluye «errores y lagunas que generan malentendidos. Las actividades criminales de un pequeño grupo son generalizadas al colectivo y a Osho cuando ni la mayoría de los residentes ni él estuvieron implicados. De hecho, Osho llamó al FBI para que investigara el asunto, pero las acciones del Gobierno americano fueron encaminadas a destruir la comuna y expulsarle».

Los responsables del documental concluyen que sería posible que la historia se repitiera. El Resort de Meditación Osho International en Pune recibe 200.000 visitantes al año. Festivales osho se siguen celebrando en medio mundo con miles de asistentes pagando por sus talleres. Y hay comunidades en las principales ciudades. El violinista eslovaco Marko Karlo Vlahovič, afincado hasta hace poco en España, atravesaba una etapa difícil de su vida y acabó interesándose por este tipo de meditación, formando parte durante cuatro años de la comunidad osho de Barcelona. Desengañado, hoy habla de este movimiento que él abrazó con palabras como «lavado de cerebro», «pajas mentales», «grupo con tintes sectarios», «un peculiar batiburrillo ideológico que mezcla elementos sociales, económicos y culturales dispares con tanta incoherencia como desenfado»...

El Resort de Meditación Osho International recibe 200.000 visitantes al año en India

Reconoce que, como en todo grupo humano, «hay gente buena con sano interés por crecer y superar problemas, y luego está la gente con una patológica falta de conciencia que saca provecho de unas enseñanzas de las que un 25% son válidas y el resto, puro relativismo moral; no hay bien, no hay mal... Todo da igual. Y no pasa solo con el culto osho, sino con las terapias alternativas que siguen saliendo». Vivió uno de esos festivales, en una finca entre Valencia y Madrid en 2014, al que solo asistir costaba «300 euros». Sonríe al compartir las historias que contaba la responsable de tantra, «sobre que Osho se le apareció en sueños justo cuando él murió y le dejó un mensaje. Todos estábamos fascinados». También recuerda la marihuana y que «el efecto clientas enamoradas del terapeuta era espectacular, había tantas 'colgadas' de ellos que se podría escribir una novela de culebrones de sus líos con unas y otras. Era muy fácil tener sexo».

La experiencia de este violinista está plasmada de forma extensa en su blog. «Espero que estos textos contribuyan a que el negocio y estafa emprendido por Osho y continuado por el linaje de gurucillos deje de crecer y se extinga en el fuego del conocimiento, la razón y el sentido común». Aporta sus datos: «Tiempo que invertí en talleres, festival osho y clases en el centro de Barcelona: 2.354 horas. 98 días completos de mi vida. 8.680 euros en total». Si ya lo decía el gurú: «Renuncia a todas las ideas que te han sido impuestas sobre el dinero. Sé respetuoso con él».