La guerra de la vegana contra las barbacoas

Cilla Carden, en el jardín de su casa./r. c.
Cilla Carden, en el jardín de su casa. / r. c.

Miles de australianos planean asar carne frente a la casa de una mujer que denunció a su vecino por el olor de su comida en el jardín

JAVIER GUILLENEA

La australiana Cilla Carden se enfrentará el próximo 19 de octubre a uno de los momentos más intensos de su vida. Si la Policía no lo impide, ese día miles de personas instalarán sus barbacoas frente a su casa, en Girrawheen, para asar en ellas suculentas costillas, salchichas, chuletas o pescado. Su idea es que el olor de toda esa comida llegue hasta el jardín de Cilla y de allí a sus papilas gustativas y su olfato. Si lo consiguen, habrán vengado a Toan Vu, el sufrido vecino de la mujer.

La concentración es una batalla más de una guerra que comenzó cuando Cilla Carden, que es vegana, denunció a su vecino, al que acusaba de dejar que el olor de la barbacoa en la que asaba carne y cocinaba pescado llegara hasta su jardín. También se quejaba de la peste a tabaco y del ruido que hacían los niños de al lado cuando jugaban a baloncesto. Además, les reclamaba que redujeran la iluminación del jardín, silenciaran a sus mascotas y reemplazaran las plantas en las zonas comunes.

La vecina fue a juicio pero el juez desestimó la denuncia. «El tribunal no acepta que los padres, al permitir que sus hijos jueguen en el jardín trasero, realicen una actividad molesta. Lo que están haciendo es vivir en su hogar como una familia», dictaminó la sala. La sentencia destacó, además, que los denunciados «no han permitido que los niños salgan por la noche, no han usado el patio por la noche y no han encendido las luces durante varios meses por temor a represalias».

Una sentencia así habría abrumado a cualquiera, pero no a Cilla Carden, que volvió a intentarlo ante la Corte Suprema, esta vez con 400 páginas de alegaciones. «No puedo disfrutar de mi jardín trasero, no puedo salir», se quejó la mujer al juez que, sin embargo, se mantuvo impasible y desestimó la demanda

Una vez cerrada la vía judicial, acudió a los medios de comunicación. Insistió en que su vecino colocaba a posta su barbacoa junto a su casa para que le llegara el olor y aseguró que el problema no es que ella sea vegana. «Respeto el derecho de las personas a comer carne, no tengo ningún problema con las barbacoas», declaró. Es posible que el 19 de octubre sí los tenga.

«Una tradición australiana»

En respuesta a estas palabras, en Facebook se ha creado un evento para celebrar en el barrio de Cilla Carden una comida al aire libre. Hasta el momento, más de 2.000 personas han dicho que van a asistir y otras 6.000 se han mostrado interesadas. La Policía ha hecho un llamamiento a la calma y el abogado de la mujer ha advertido a quienes se presenten con sus chuletas y su carbón vegetal que pueden cometer un delito.

De momento ellos no se dan por aludidos. «No dejes que Cilla destruya una buena tradición australiana», arenga en las redes sociales un amante de las brasas. «Será un día para celebrar no solo su amor por la carne sino el hecho de que pueda disfrutarla sin importar lo que un vegano le diga», sostiene otro. Cualquier cosa puede pasar esa fecha. Hasta que se quemen las chuletas.