Carlos apacigua el desaire de Enrique y Meghan

Enrique y Meghan, en una imagen de archivo. / FOTO: REUTERS | VÍDEO: ATLAS

El príncipe de Gales retorna a los laberintos sentimentales tras el incoherente portazo del hijo de Diana

IÑIGO GURRUCHAGACorresponsal. Londres

El príncipe de Gales ha asumido la tarea de evitar que el anuncio de los duques de Sussex sobre sus planes para iniciar una vida más independiente desemboque en una ruptura en la familia. Carlos ya estaba hablando con su hijo sobre sus ideas antes de que Enrique y Meghan decidieran emitir el miércoles un anuncio que divide a los británicos y a espectadores en todo el mundo de la serie 'The Crown'.

El 'Evening Standard' ofrece la narración más fiable de lo ocurrido. Tras el deterioro de las relaciones de los duques con miembros de su familia en los últimos meses, decidieron pasar seis semanas del fin del año en una mansión alquilada en la isla de Vancouver, en el oeste de Canadá. La pareja pasó allí la Navidad, mientras la familia real se congregaba en Sandringham, en el este de Inglaterra.

Enrique habría llamado por teléfono a su padre el día de Nochebuena y le habría confirmado su decisión de renunciar a su posición como miembro de alto rango de la familia real, de vivir entre su casa en Windsor, Canadá y Estados Unidos, de seguir ejerciendo su patrocinio de organizaciones benéficas y de convertirse en económicamente independiente.

Carlos le pidió que le enviase sus planes por escrito. El correo electrónico llegó a la bandeja de entrada del príncipe de Gales la pasada semana. El padre le adelantó al hijo que tendrían que pulir los detalles. Enrique y Meghan regresaron el lunes a Reino Unido y el príncipe pidió una cita con la reina en Sandringham. Isabel II, de 93 años, le dijo que siguiera hablando con su padre antes de contarle a ella el resultado.

En las circunstancias actuales de la monarquía británica, el plan de los duques no parece inoportuno. El único efecto positivo que tiene para la institución el escándalo que envuelve a Andrés, denunciado en Estados Unidos por haber mantenido supuestamente relaciones sexuales con menores de edad, es que ayuda a que se plasme en la realidad el deseo del príncipe de Gales de adelgazarla.

Diez minutos

La Casa Real publicó en Navidad una imagen que refleja el diseño de Carlos, ocupado ahora en gestiones que antes corrían a cargo de su madre. Isabel II, el príncipe de Gales, el duque de Cambridge y el hijo de este, Jorge, posaban en una fotografía que ofrecía una estampa de limpieza y continuidad histórica de la monarquía, sin esposos o esposas, hijos segundos o terceros, tíos, primos y demás.

El plan de los Sussex encaja en el del sucesor de Isabel, pero tras conocer que un periodista del diario 'The Sun' iba a publicar un artículo sobre lo que estaba ocurriendo puertas adentro, Enrique y Meghan colgaron en su cuenta de Instagram el anuncio que 'The Sun' ha descrito como el 'Megxit'. Carlos y Guillermo recibieron el texto diez minutos antes de su publicación, siempre según el 'Standard'.

Hay quienes los ven como genuinos herederos de la rebelión sentimental de la fallecida Diana y quienes los retratan como aspirantes a ser las nuevas Kardashians. La respuesta oficial de Palacio ha sido un breve comunicado en el que los escribas de Carlos afirman que las conversaciones sobre un nuevo rol para los duques están «en una fase inicial». «Entendemos su deseo de actuar con un nuevo enfoque, pero estos asuntos son complicados y requieren tiempo para resolverlos», añaden.

Algunos pasajes del comunicado que suena a portazo de los duques son ahora escrutados. ¿Su independencia económica incluye disfrutar gratuitamente de Frogmore Cottage, rehabilitada con un coste al contribuyente de unos 3 millones de euros; de la protección por Scotland Yard, más de un millón anual; de la renta de 2.7 millones del Ducado de Cornualles, que administra el príncipe de Gales? ¿O renuncian solo a los 2.5 millones que reciben de la subvención pública a la monarquía?

Los cortesanos analizarán ahora cuestiones del dinero y protocolos, también si la monarquía ejemplar y delgada es compatible en estos tiempos de alarmas climáticas con tanto volar en aviones entre varias casas. No es la abdicación de Eduardo VIII y su exilio posterior con su mujer americana, Wallis Simpson, que marcó el reinado de los padres de Isabel II, pero es un asunto público y familiar que puede amargar el reinado de Carlos, y el de Guillermo.