Ángela, Miss Universo España: «Yo era el mariquita de la clase»

Abanderada. «Estoy orgullosa de ser una mujer transgénero; la diversidad nos enriquece»./Bemiss
Abanderada. «Estoy orgullosa de ser una mujer transgénero; la diversidad nos enriquece». / Bemiss

«Algún día les contaré a mis hijos que su madre representó un cambio, un antes y un después en la historia», asegura la modelo sevillana

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Mientras 'velaba armas' junto a sus compañeras en el resort Bonavista de Bonmont, en Tarragona, la sevillana Ángela Ponce intentaba imaginar cómo reaccionaría si finalmente resultaba coronada... «Si gano, no voy a ser la típica Miss que pide la paz en el mundo», advertía.

Al día siguiente se hizo con el título de Miss Universe Spain, convirtiéndose a sus 27 años en la primera transexual que aspira al certamen mundial de Miss Universo. Y, cumpliendo su palabra, la modelo sevillana no habló de paz sino de guerra a la intolerancia. «De inclusión, respeto, amor por uno mismo y por los demás». Bajo esa corona está la historia de una niña de pueblo que se sabía diferente, de una mujer que literalmente se ha hecho a sí misma.

¿Le gusta ir de rompedora?

–Me encanta ser pionera porque los referentes en todos los ámbitos de la vida son muy positivos. De pequeña no tuve esa imagen a la que imitar y que me diera la fuerza necesaria.

Estaba Bibiana Fernández...

–Claro, pero yo con cinco o seis años no veía sus películas. Tener referentes es importante para los niños que están empezando a desarrollar una personalidad. Y en el caso de los niños transgénero, mucho más, porque se enfrentan a dificultades casi desde el momento en el que nacen.

Habla por experiencia.

–Claro. Ahora hay mucha más visibilidad. Pero imagínese hace dos décadas... Yo nací así, tal cual, en el pueblo de Pilas (Sevilla). Miraba a mi alrededor y pensaba: «No hay nadie como yo». Me sentía incomprendida.

¿También por parte de su familia?

–No. Para ellos lo importante era que yo fuera feliz. Tanto mis padres como mi hermana y mi hermano me dieron todo el cariño del mundo, me dejaron desarrollarme como yo quería. Ahí he tenido mucha suerte, porque a otros niños les quitan la muñeca, les riñen. Y luego ya de mayores se les echa de casa, se les insulta... Yo dentro de lo que cabe fui feliz. Ahora trabajo con la Fundación Daniela. Voy a los colegios para trabajar con el profesorado, los padres, los alumnos... Les informamos sobre cómo hay que abordar los casos de los niños transgénero.

¿Cómo abordaron el suyo?

–Me pusieron dentro de lo que llamaban el 'Grupo de apoyo', junto con un niño gitanito, el hijo de unos migrantes marroquíes etc. Me colocaron la etiqueta de diferente. Al final si sumas eso a que tus compañeros no te integran, la bola de nieve va creciendo.

¿Sufrió bullying?

–De que me peguen y eso no. Pero sí he sido el mariquita de la clase y me han dado de lado muchas veces. Lo que pasa es que yo siempre he tenido una personalidad muy fuerte y decía para mis adentros: «Algún día me verás y dirás ¡Guau!». Y, míreme, aquí me tiene.

¿Cuál es su primer recuerdo como niña?

–Todos. La identidad de una persona se empieza a desarrollar a partir de los tres o cuatro años y a mí me dice la gente que yo era niña hasta en la forma de andar cuando empecé a dar mis primeros pasos.

¿Siente que nació en un cuerpo equivocado?

–No. Yo no estoy de acuerdo con esa expresión. Es cierto que he tenido la necesidad de operarme, de reafirmarme. Pero hay mucha gente que no necesita tener esa cirugía o que simplemente no pueden permitírsela. Y ellos no sienten que nacieron en un cuerpo equivocado. Simplemente sienten que son transexuales y quieren que se les respete como son. Hay hombres con vagina y mujeres con pene y no todos necesitan operarse. Dentro del abanico de lo que es ser una mujer o un hombre trans, también hay diversidad.

¿Tuvo una adolescencia doblemente complicada?

–Fue más difícil, sí. Te empieza a crecer el vello, se te empieza a notar la nuez. Comienzas a desarrollarte como algo que no eres y eso es muy 'heavy' porque en mi caso yo podía combatir contra todo el mundo, no hacer caso a los chicos de mi clase o a quien se metiera conmigo... Pero contra mi propia genética no podía luchar. Era muy duro. Pero siempre he sido una mujer fuerte. Mi lema es: «Ser mejor no es una opción, es una obligación». Eso me ha ayudado a conseguir muchas cosas.

¿Le ha sido fácil trabajar como modelo?

–Bueno, lo cierto es que he trabajado muchísimo. He desfilado en la pasarela de Madrid, incluida la de novias, he trabajado para Agatha Ruiz de la Prada... Cuando me operé pensaba que iba a cambiar mi vida y lo que realmente cambió fue mi mente. Empecé a tener más seguridad, a madurar y a perder complejos. Hasta me atreví a salir a la calle con la cara lavada. Perder complejos te hace ser más libre, ya no te ofende lo que digan los demás.

¿Tiene pareja?

–No. Estoy demasiado enfocada en mi profesión. Pero si aparece la persona y me siento a gusto nunca diría que no.

¿Cómo se ve en el futuro?

–Me veo con mi pareja, con hijos y con alguna mascota, un perrillo... Me veo contándoles que su madre representó un cambio, un antes y un después en la historia. Y que gracias a eso muchas leyes han cambiado en muchos países, muchas chicas trans se han presentado a concursos de belleza...

¿No hubo nadie antes que usted?

–En Canadá se presentó otra chica pero la eliminaron cuando se supo. Yo en cambio sí gané otro concurso anterior. En 2015 fui Miss Cádiz. Pero este nuevo título tiene una dimensión internacional. Es una ventana al mundo. Y no he querido ganar solo por mí sino por todas las personas que me escriben de todo el mundo y quieren que su situación cambie.

¿Aspira a que hablen de usted como mujer, sin más connotaciones?

–No, no. A mí no me molesta que me digan transexual. Porque yo soy mujer, pero una mujer transgénero. Y nunca voy a pretender ser otra cosa.

Conozco a actrices transexuales que se niegan a hablar de ello.

–Con esa actitud están contribuyendo a que no lo veamos con normalidad. He conocido a niños y niñas con verdaderos problemas de salud que no pueden operarse. Y no les vas a decir: «Tú eres transexual y yo soy una mujer». No. Yo también soy transexual porque, me ponga como me ponga, nunca voy a tener ovarios... Hay que sentirse orgullosa de lo que eres. Es como si una mujer gitana no quisiera ser gitana. ¿Por qué me voy a avergonzar de formar parte de la diversidad del mundo, si eso es lo que nos enriquece?

Alguien podría decir que ha concursado con ventaja...

–Claro que no jugamos en las mismas condiciones. Es que si nos ponemos así, yo he tenido que hacerme a mí misma, he tenido que luchar mucho desde pequeña. Sí, hay quien me ha dicho que he tenido un punto a mi favor: los medios de comunicación. Pero mis compañeras tienen otro punto a su favor y es que no han tenido que luchar contra ellas mismas. A mí me hubiera gustado no haber tenido que soportar y superar tantas cosas en la vida.

Ahora que ya la tiene... ¿Pesa mucho la corona?

–Yo en realidad coronada estoy desde que nací porque de niña me puse la corona a mí misma y me dije: «Tú eres una reina y eso nadie te lo va a quitar».

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